El gusano puede controlarse temporalmente, pero el problema de fondo seguirá incubándose
La reaparición del gusano barrenador en México no es un accidente biológico ni un simple descuido sanitario. Es la consecuencia directa de una cadena de omisiones, corrupción y captura criminal de un sector estratégico: la ganadería. Detrás de la plaga hay un entramado mucho más profundo que conecta al tráfico ilegal de ganado con esquemas de lavado de dinero operados por el crimen organizado, particularmente en la frontera sur del país.
Durante años, el ingreso de ganado procedente de Centroamérica se normalizó bajo la lógica del "abasto barato". Becerreros y engordadores encontraron en Chiapas, en las márgenes del río Suchiate, una puerta abierta para adquirir animales a bajo costo provenientes de Honduras, Guatemala y El Salvador. Lo que se omitió deliberadamente fue el origen sanitario, la trazabilidad y los controles fitosanitarios básicos. Esa omisión no fue gratuita: se convirtió en un negocio altamente rentable para grupos delictivos que controlan rutas, cobros y permisos ilegales.
Hoy, el gusano barrenador es apenas la punta del iceberg de ese sistma. La plaga evidencia cómo el debilitamiento institucional permitió que los cárteles se apoderaran no solo de territorios, sino de procesos administrativos clave. Uno de los más sensibles es el control de los aretes o anillos de identificación del ganado, indispensables para su movilización legal dentro del país. Al tomar control de estos mecanismos, la delincuencia organizada logró "legalizar" ganado ilegal, blanquear su origen y convertirlo en carne de exportación o consumo nacional.
CARTELIZACION DEL CAMPO Y COLAPSO FITOSANITARIO
El Departamento del Tesoro y el Departamento de Justicia de Estados Unidos han documentado, en diversas investigaciones sobre lavado de dinero, cómo actividades agropecuarias se han convertido en vehículos ideales para limpiar recursos ilícitos. El ganado es especialmente atractivo: se compra en efectivo, se moviliza con documentación falsificada y se vende dentro de cadenas formales. En términos financieros, es un mecanismo perfecto para convertir dinero ilícito en ingresos aparentemente legales.
A esto se suma la destrucción del sistema nacional de sanidad animal. México erradicó el gusano barrenador a inicios de la década de los ochenta gracias a un esfuerzo binacional que incluyó la producción masiva de mosca estéril. Ese sistema dependía de fideicomisos, vigilancia permanente y cooperación internacional. La cancelación de esos instrumentos dejó al país sin capacidad preventiva real. El resultado fue previsible: el vector regresó por el mismo punto por el que entra el ganado ilegal.
De acuerdo con datos de organismos internacionales de sanidad animal, antes de su erradicación inicial, el gusano barrenador generaba pérdidas anuales superiores a los 3 mil millones de dólares en América del Norte. México, por sí solo, perdía cientos de millones cada año en mortalidad animal, tratamientos y restricciones comerciales. Hoy, el riesgo es doble: sanitario y económico.
EL NEGOCIO QUE NADIE QUIERE VER
El problema no se limita al ganado bovino. La plaga afecta ovinos, caprinos, equinos, mascotas y fauna silvestre. Cuando el control se pierde, el impacto es transversal. En Chiapas ya se han documentado casos en humanos, una señal inequívoca de que la infestación ha superado el ámbito productivo y se ha convertido en un problema de salud pública.
Sin embargo, muchos ganaderos optan por callar. La desconfianza hacia las autoridades federales, la falta de compensaciones y el miedo a sanciones han generado un subregistro peligroso. Cada caso no reportado es una oportunidad más para que la mosca siga reproduciéndose. Y cada animal no revisado es un eslabón más en la cadena del lavado.
La Huasteca, históricamente uno de los corredores ganaderos más importantes del país, se convirtió en terreno fértil para esta crisis. No por incapacidad productiva, sino por abandono estructural. La caída de la ganadería regional, la pérdida de centros de engorda tradicionales y la concentración del mercado en pocas manos abrieron la puerta a proveedores irregulares. Cuando la demanda supera la oferta formal, el mercado ilegal llena el vacío.
LA PLAGA QUE DESTAPO EL LAVADO MILLONARIO
El gusano barrenador no llegó solo. Llegó montado en la impunidad, en la corrupción y en la captura criminal de un sector estratégico. Combatirlo no será posible únicamente con medicamentos veterinarios. Se requiere reconstruir el sistema de sanidad animal, recuperar el control del registro ganadero, auditar las cadenas de suministro y, sobre todo, enfrentar el vínculo entre crimen organizado y agroindustria.
Mientras ese vínculo siga intacto, cualquier esfuerzo será apenas un paliativo. Hoy, el gusano barrenador es la señal más clara de que el campo mexicano no solo está enfermo de plagas, sino de un sistema que permitió que el dinero sucio echara raíces. Y esas raíces, como ya se demostró, terminan pudriendo todo lo que tocan.
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