Jueves, 15 de Enero de 2026
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Una captura que cambia las reglas

Una captura que cambia las reglas

Mike Vigil | exjefe de Operaciones Internacionales



La pregunta no es quién será el próximo objetivo, sino si todavía queda espacio para la diplomacia antes de que la fuerza se convierta en la única regla del juego.

El escenario internacional atraviesa uno de sus momentos más frágiles y peligrosos de las últimas décadas. La reciente captura del presidente de Venezuela durante una operación encabezada por Estados Unidos no solo representa un golpe directo a un régimen señalado por vínculos con el narcotráfico, sino que envía un mensaje contundente al mundo: la lógica de la fuerza ha vuelto a colocarse por encima de la diplomacia. Las consecuencias de esta acción ya comienzan a sentirse más allá de las fronteras venezolanas y anticipan un reacomodo profundo de la geopolítica global.

La operación, planeada con precisión quirúrgica y ejecutada con tecnología militar de última generación, dejó claro que Washington estaba dispuesto a asumir el costo político y humano de una intervención directa. Helicópteros, drones de baja altitud, apagones estratégicos y fuerzas élite actuaron de manera simultánea en varios estados del país sudamericano. El objetivo era uno solo: capturar a un jefe de Estado acusado de narcoterrorismo y llevarlo ante la justicia estadounidense. El mensaje fue inequívoco.

EL PODER DE LA INTELIGENCIA Y EL ERROR HUMANO
Ninguna operación de esta magnitud ocurre por casualidad. La caída del régimen no fue producto de una traición fortuita ni de una simple filtración. Fue el resultado de un prolongado trabajo de inteligencia, de seguimiento de rutinas, movimientos y decisiones que, con el tiempo, se convirtieron en vulnerabilidades. En este caso, la confianza fue el mayor error. Permanecer noche tras noche en la misma residencia, confiar en la inmunidad que otorga el poder y subestimar la capacidad operativa del adversario terminó por sellar el destino del mandatario.

La captura no solo fue simbólica, también fue estratégica. El traslado inmediato a Nueva York, donde enfrentará cargos por narcoterrorismo, conspiración para introducir cocaína a Estados Unidos y posesión ilegal de armas, coloca el caso en el mismo terreno judicial que figuras como Joaquín "El Chapo" Guzmán o Ismael "El Mayo" Zambada. No es una casualidad: es un acto deliberado de equiparación entre el crimen organizado y el poder político corrupto.

UN RÉGIMEN INTACTO, UN PROBLEMA MAYOR
Sin embargo, el error estratégico más grave no estuvo en la ejecución, sino en lo que vino después. La estructura del régimen quedó prácticamente intacta. Figuras clave del poder político y militar permanecieron en sus cargos, lo que deja abierta la puerta a una continuidad disfrazada de transición. Capturar a una figura central sin desmontar el sistema que la sostuvo durante años es, en el mejor de los casos, una solución incompleta; en el peor, una invitación al caos.

Este vacío de poder controlado genera inquietud no solo en Venezuela, sino en toda la región. La narrativa oficial cambió rápidamente: de una operación antidrogas se pasó a un discurso de "cambio de régimen" y, posteriormente, a intereses energéticos. El petróleo volvió a ocupar el centro del tablero, acompañado de un relato que busca justificar la intervención bajo una lógica de seguridad nacional.

EL EFECTO DOMINÓ EN LA REGIÓN
Lo ocurrido en Venezuela no es un hecho aislado. Es un precedente. Cuando una potencia decide intervenir de manera directa en un país soberano, sin importar el costo diplomático, se envía una señal peligrosa al resto del mundo. Si Estados Unidos puede hacerlo en América Latina, ¿qué impide que China avance sobre Taiwán o que Rusia refuerce su presión sobre regiones estratégicas de Europa del Este?

Este tipo de acciones erosiona alianzas, debilita organismos multilaterales y empuja a países enteros a buscar nuevos respaldos. En América Latina, el resultado ya es visible: naciones que antes miraban hacia Washington ahora voltean a Beijing. La fragmentación geopolítica avanza mientras la lógica de bloques se reactiva con fuerza.

MÉXICO EN EL CENTRO DE LA TORMENTA
México no puede observar estos acontecimientos como un espectador distante. Las declaraciones posteriores a la caída del régimen venezolano, insinuando posibles acciones directas contra el narcotráfico en territorio mexicano, encendieron alarmas legítimas. No se trata solo de retórica electoral; es una narrativa que puede justificar acciones unilaterales bajo el argumento de seguridad regional.

Pensar en una intervención en un país con un territorio tres veces mayor que Afganistán, con una complejidad social, política y criminal profundamente arraigada, no solo es irresponsable: sería un desastre. La historia ha demostrado que estas estrategias mal planeadas generan más violencia, más desplazamiento y menos estabilidad.

EL MUNDO DESPUÉS DE LA CAPTURA
La captura del presidente venezolano marca un antes y un después. No solo para su país, sino para un orden internacional que parece deslizarse hacia la ley del más fuerte. La doctrina Monroe vuelve a asomarse, disfrazada de lucha contra el crimen y defensa de la seguridad nacional. El problema es que, cuando se normaliza la intervención, nadie está realmente a salvo.

El mundo entra en una etapa de alta tensión, donde cada movimiento genera reacciones en cadena.

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