Jueves, 15 de Abril de 2021
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Semana del 26 de Febrero al 04 de Marzo de 2021

Literatura como forma de libertad

Literatura como forma de libertad

Fernando Garduza



"Hurricanes Blues, voces desde la cárcel", libro escrito por internos de La Pila

Contar historias, para un escritor, en muchos de los casos, implica transportarse a otra personalidad y a otra realidad, por ello, resulta valioso cuando los propios actores de las historias y vivencias plasman sus experiencias, esto es lo que ocurre con la obra "Hurricanes Blues, Voces desde la cárcel", coordinada por Oscar Montero, titular de la Coordinación Académica de Arte de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP), en coordinación con la Fundación Renace.

Según referencias de Oscar Montero, este es un proyecto único, emocional y hasta catártico: "este proyecto me llega por parte de la Facultad de Ciencias de la Comunicación en donde estaba en ese momento, a partir de un convenio de colaboración académica que hay entre la Universidad Autónoma de San Luis Potosí y Fundación Renace, que estaba buscando quién diera un taller de creación artística dentro de las instalaciones del Centro Estatal de Reinserción Social de La Pila para hombres privados de su libertad", platicó el coordinador del libro.

Agrega que anteriormente había trabajado en la sección femenil del penal, por lo cual, en esta ocasión incluso sintió miedo al no saber con la que se iba a encontrar en la sección varonil, donde nunca habían trabajado, "y tenían inquietud, con mucho miedo, porque se daba más la idea de que toda la cuestión artística era para las mujeres y no para los hombres".

Entre sus inquietudes se encontraba en hecho de que poca gente participa en los talleres literarios y para este proyecto tenía registro de 20 personas: "pensé que terminaría con solo dos, pero no, terminaron el taller casi los 20. Los sábados que asistíamos del taller, a veces, llegaba gente solo a escuchar, pero había algunos que eran muy constantes, finalmente se eligieron 8 textos, que son los que integran el libro".

Considerando las condiciones de los internos en el penal, era lógico que las temáticas serían variadas, por eso decidieron implementar una dinámica libre que tenía como punto en común e encierro en la cárcel.

"Son ocho textos muy distintos entre sí", aunque, platica, fue complicado trabajar con personas privadas de su libertad y darles las herramientas de un estilo literario para él y para Aldo Patlán, que le ayudó a impartir el taller.

"Establecimos dinámicas que fueran confrontando a la gente hacia el espejo. Todos estos ejercicios de ir soltando la mano, de qué quieren pensar, cual es el recuerdo más presente que tienen, cuál es su mayor temor, cuál es su mayor valor, fueron soltándolos".

Agregó que en los talleres se llevan a cabo ejercicios de escritura en primera, segunda y tercera persona, y en este caso, la base para trabajar fue el cuento ‘La Llovizna’, de Juan de la Cabada, en el que un hombre de clase media asesina a unos campesinos, tras la sospecha de que quieren robarle.

"En el ejercicio, ellos tenían que contar la historia en tercera persona, luego en segunda persona, donde ya le costó más trabajo; cuando hicimos el ejercicio en primera persona, hasta lloraron ese día, hubo una serie de catarsis muy fuertes y, a partir de ahí, comenzó el trabajo de escritura, el cual, si no está impregnado de sangre, sudor y lágrimas, no vale".

Entre los relatos, hubo algunos que llamaron la atención de Oscar Montero, los cuales dijo, fueron impactantes y por ello fueron integrados en la obra.

"Hay uno que pudiera parecer muy simple y muy ingenuo, que es la carta de un padre a su hija, pidiéndole disculpas por no crecer con ella. La hija está en Estados Unidos y no ha tenido contacto con ella, entonces Israel Ramírez encontró en el libro, la posibilidad de que ella lo leyera y, en un par de cuartillas, hay un acto de redención que resulta demoledor".

Oscar Montero calificó éste, como "uno de los textos más dolorosos y más fuertes que hay en el libro". "Tal vez no pueda obtener mi libertad, pero al menos intentaré ser libre de pensamiento", le dijo el autor de este texto.

"Otro ejercicio que me gustó mucho fue con Juan Martín, quien toda su vida ha sido conductor de camión de pasajeros, y quiso contar lo que le pasó dentro del penal. Le propuse escribirlo en tercera persona, entonces hubo un cambio radical el verse a sí mismo, lejos, y terminó escribiendo una novela corta muy interesante a distancia, con un personaje que espera la redención y la voz del juez que le va a dictar sentencia".

José Gabriel otro de los participantes del libro que cuenta con una larga sentencia, le expresó a Montero que nunca volvería a ver a sus hijos ni platicar con ellos de forma libre, por lo que le interesaba escribir un texto con dedicatoria.

"Pensaríamos que hará un texto dramático, y no, escribió una novela policiaca fantástica, con personajes, diálogos y luego llegaba con unos dibujos fantásticos para ilustrar los personajes, que también forman parte de la edición del libro", destacó.

El coordinador de la obra afirmó que todas las experiencias y vivencias plasmadas en el libro, hacen que más allá de un valor literario, tiene un valor humano, "de alguien que quiere escribir para poder transmitir un pensamiento, un sentimiento, y eso es lo que le da un gran valor".

Aparte de las ocho narraciones, el libro cuenta con presentaciones personales de los autores, "algunos cuentan por qué están detenidos, otros cuál es su proceso y otros solo exponen cual fue su motivo para entrar al taller, de explorar una forma de libertad". "Hurricanes Blues. Voces desde la cárcel", tiene una introducción escrita por Patricia Flores Blavier, de Fundación Renace, en la que explica el porqué del nombre.

"Se nos ocurrió a partir de la historia de la canción de Bob Dylan ‘Huricane’, la cual cuenta la historia de Rubin ‘Hurricane’ Carter, un boxeador afroamericano a punto de alcanzar el éxito, que fue arrestado en 1966 y condenado a cadena perpetua por tres asesinatos que no cometió. Es la historia de un alma que pudo haber sido grande y libre, pero que la corrupción y las cárceles lo vuelven un ser que se muere", explicó Montero.

En el desarrollo de la obra, Oscar Montero y Aldo Patlán se enfrentaron a lo estrictos protocolos de seguridad el penal, situación que por sí misma resultó una experiencia nueva en la dinámica de impartición de talleres literarios.

"Cuando pasamos de la biblioteca al área de cómputo para que escribieran y corrigieran sus textos, fue complicado, pues las computadoras del penal tienen un programa de seguridad que borra toda la información al extraer la USB. Finalmente permitieron que una sola USB contuviera los textos, luego de una revisión minuciosa de la información, pero algunas cosas se perdieron de todos modos y entonces los textos que estaban más completos eran esos".

Contó además que en la biblioteca del penal, había un reloj que siempre marcaba la 1 de la tarde, "entonces, cuando entrábamos ahí, el tiempo se detenía, pues no podíamos llevar teléfonos ni relojes".

Por último, Oscar Montero afirmó que esta experiencia marca un precedente para realizar más talleres artísticos con gente privada de su libertad en los centros de readaptación social: "tuve la fortuna de que me invitara el rector Alejandro Zermeño a dirigir la Coordinación Académica en Arte, ahora tengo más posibilidades de involucrar a profesores de distintos campos que vayan de visita a estos reclusorios, el problema es que no podemos hacerlo ahorita por la Covid", finalizó.

 


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