Rodolfo del Ángel del Ángel
Mucho hemos escuchado la idea del matrimonio a prueba, ¿a qué se refiere? Básicamente al hecho de hacer un intento de matrimonio viviendo juntos por un tiempo a fin de asegurarse de que realmente se van a entender, habiendo pasado la prueba, estarán seguros que vale la pena establecer un compromiso. Todo esto parece pintar muy bien y da la impresión de que se trata de un acuerdo entre personas sensatas y racionales. Quiero decir que no creo en este tipo de experimentos.
En realidad todo matrimonio está a prueba, y si valoran ese lazo sagrado, sabrán afrontar las dificultades y desafíos que plantea su relación. El convivir un tiempo íntimamente no es ninguna garantía que permita determinar si las cosa van a funcionar o no, una razón es que no podemos adivinar el futuro y la clase de circunstancias a las que tendrán que enfrentarse, otra razón es que las personas cambiamos con el tiempo, podemos hacerlo para bien o para mal, sin duda, la intención debería ser madurar, aprender, asumir de manera responsable el papel de personas adultas independientemente del hecho de que estemos casados o no, y eso exige, en primer término, un compromiso personal.
Otra razón para no creer en los experimentos de relación es que las emociones humanas son cambiantes, hoy podemos sentirnos muy enamorados y felices y mañana desilusionados y molestos. Estar casados exige siempre aceptar los mutuos sentimientos, lidiar con ellos y seguir adelante afirmando la relación en algo mucho más estable y sólido que nuestras cambiantes emociones. Ninguna persona puede cumplir todas nuestras expectativas, siempre va a haber algo que nos desilusione o nos desagrade de nuestra pareja que, en realidad, es una "dispareja".
Es común pensar que la persona que está a nuestro lado tiene la tarea de hacernos felices, los experimentos matrimoniales frecuentemente se basan en eso: Verificar si la persona satisface todo aquello que significa nuestro bienestar personal, esta es una idea muy egoísta contraria al verdadero amor que, sin duda, dará al traste con cualquier relación, porque la persona que está a nuestro lado tiene su propio temperamento, su historia, sus virtudes y defectos. En realidad nos hay una persona que encaje perfectamente con nosotros como las piezas de un rompecabezas. Las relaciones se basan en el compromiso y se construyen en el tiempo.
Para aspirar a un matrimonio que valga la pena, que propicie una atmosfera donde haya una unión fuerte que a la vez deje espacios para que ambos se sientan incluidos se requiere compromiso e integridad de palabra y la determinación de propiciar el crecimiento mutuo. Dios estableció el matrimonio como una relación para acompañarse en la vida, para bendecir a las personas, construir el amor fundamentados sobre un pacto que lleva a dos voluntades a decidirse por la otra persona en un compromiso permanente. En este sentido nadie puede ahorrarse la prueba, pero esa real prueba se experimenta dentro del compromiso del matrimonio y nunca fuera de él. Si entre el hombre y la mujer Dios es el amor supremo y la fuente de fortaleza e inspiración, el matrimonio será la relación humana más significativa y satisfactoria, y en esto Dios es fiel, si las cosa fallan será por la dureza de nuestros corazones.
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