Fernando Díaz de León C.
A la luz del tiempo, de los días, las horas y los minutos, la designación de Juan Manuel Carreras López, como candidato de unidad del Partido Revolucionario Institucional PRI a la gubernatura del estado, es y seguirá siendo para la inmensa mayoría de los priistas potosinos, una incógnita. Un enigma que se buscará conservar en secreto y en un rompecabezas difícil de armar y descifrar. Así será por un tiempo.
Ya algunos analistas, observadores y plumas reconocidas en los medios de información nacional y local, han establecido sus propios juicios,- interesantes todos por cierto de cómo es que el ex Secretario de Educación del Gobierno del Estado logró finalmente posicionarse y llegar a una sinuosa recta final que lo llevó a lograr la candidatura de su partido.
Siempre se habló, de que en el proceso de sucesión gubernamental, había tres alternativas distintas y visibles. Una representada por un círculo externo en donde se focalizaban figuras con amplia trayectoria y cercanas al poder central; una corriente empresarial local importante que por primera vez mostraba abiertamente su interés en participar en las decisiones políticas de su estado y, una compuesta por tres o cuatro opciones locales con el perfil de alcanzar la candidatura.
En el criterio más tradicional, siempre se sostuvo que aquellos aspirantes que estuvieran cercanos al presidente de la República tendrían una mayor posibilidad porque así lo dictaba la regla y la costumbre. En esa concepción, por lo menos 5 de los aspirantes que se llegaron a mencionar instalaron esa percepción entre la opinión pública, y eventualmente llegaron a convencer de que los lazos de afecto y hermandad eran reales. Esa fue su apuesta.
Si nos remitimos a los nombres de quienes posicionaron la idea de gozar de la amistad o cercanía con el presidente Enrique Peña Nieto o con importantes ligas políticas en el centro; de los cinco aspirantes que formaban el círculo, quienes indudablemente pudieron deslizar la existencia de esa confraternidad fueron: El empresario Juan Carlos Valladares, también considerado como una opción local; Enrique Galindo Ceballos, Yolanda Eugenia González Hernández, José Ramón Martel, Jesús Ramírez Stabros y Salomón Rosas Ramírez.
Las alternativas locales representadas por el ahora precandidato, Juan Manuel Carreras López; Fernando Pérez Espinoza, Mario García Valdez y Luis Antonio Mahabub, no recurrieron a ese ardid porque en realidad no podían insinuarlo, no podían decirlo y tampoco acreditarlo. Todos ellos, apostaron más a la coyuntura, a las circunstancias políticas nacionales y a ciertos factores locales que pudieran favorecer a uno en la decisión final, y así fue.
Muchos se preguntarán: ¿Y cómo es entonces que se decidió finalmente la postulación de Juan Manuel Carreras? En nuestra opinión, existen fundadas razones de que la determinación para que el ex Secretario de Educación fuera el candidato de unidad, se decidió semanas antes y se confirmó en los primeros días del año, y que justo por la reacción que generaría en algunos de los aspirantes, es que el PRI prudente guardó silencio, estiró los plazos y agotó los tiempos hasta el último día.
Evidentemente que fue el presidente de la República, quien al momento en que se definió San Luis Potosí, dijo: “Va Carreras”, pero ¿Qué factores incidieron o fueron determinantes para que el gran elector así lo decidiera? Nadie hasta ahora tiene la respuesta y difícilmente se tendrá. Hoy por hoy, todo sigue siendo especulación, dichos y trascendidos, porque de fondo fueron varios los agentes y las circunstancias políticas que a final de cuentas se conjugaron.
En principio, en el contexto nacional y fundamentalmente en los círculos de opinión más próximos a Los Pinos, se vio políticamente incorrecto involucrar al presidente Peña Nieto para que llegado el momento tomara un decisión basada estrictamente en un principio de amistad o cercanía con alguno de los aspirantes, esto con independencia de los escenarios locales presentes y futuros de San Luis Potosí.
Otro elemento, es que en la decisión tomada no solamente el CEN del PRI tenía interés en proyectar particularmente a uno, sino que también otras fuerzas políticas depositadas en la figura del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio y en el propio titular de la SEP, Emilio Chuayfett, habrían inclinado y luego enderezado la decisión para favorecer y consolidar un proyecto político rumbo al 2018, insisto, esto se dio semanas antes y se amarró a principios de enero.
Ese fue probablemente el factor determinante y de mayor peso que los llevó a decidir o a permitir quién llegaría. Adicionalmente, en el concierto potosino, principalmente entre los liderazgos del PRI, siempre se contribuyó a fortalecer la idea de que la opción local sería lo más conveniente y lo más rentable, y para eso, el Delegado del CEN del PRI debió haber entregado oportunamente a los mandos centrales del partido una información puntual que no fue ignorada ni pasada por alto en el escritorio principal de Bucareli.
Exponer que en la madrugada del 22 de enero hubo puja por una definición de última hora, suena más bien a pretender decir: “Estuvo a punto de ser”, “Por un poquito y llega”, “se quedó en la raya”, “lo bajaron en el último momento”.
Plantearlo así con esa ligereza, significaría que ni el presidente, ni gobernación ni el PRI tenían una definición, el poder de decisión o el control de los hilos del proceso. Esto en otro lado suena probable, ¡pero en Los Pinos!, ¡por favor!,- y si así fue, que grave debilidad, que lamentable descripción.
En el ambiente local, lo que se percibe, es que la partida la gana el actual gobernador. No obstante, existen otras hipótesis y quizá la más preocupante para el priismo, es aquella que busca instalar la sensación de que con la decisión tomada le han dejado toda la responsabilidad al doctor Fernando Toranzo; una, para conservar la gubernatura para el PRI, o bien, entregar San Luis Potosí al PAN.
Esa idea y ese presagio es algo que inevitablemente permanecerá instalado de aquí al 7 de junio y muchos se encargarán de trascenderlo, de tal suerte que al único que le corresponderá demostrar lo contrario para desvanecer la hipótesis, será justamente al candidato priista Juan Manuel Carreras. Debe hacerlo desde ahora y durante la contienda electoral constitucional.
El discurso de unidad con el que arrancó el precandidato, es el primer paso obligado. Pronto vendrá el 14 de febrero y le bastarán unos días que comenzaron a correr desde el 22 de enero, para integrar todo un equipo de trabajo que tendrá la responsabilidad de transmitir esa unión.
Inmediatamente le habrá de suceder un segundo paso: “Ya existe la unidad deseada”, ahora habrá que definir “en torno a qué, con quienes y para qué”. Esa deberá ser la base central de su propuesta y de su oferta política para convencer.
ENTRE PARENTESIS
El compromiso de este espacio, fue abordar para este día el tema de las candidaturas y el proceso electoral para la Alcaldía capitalina. A reserva de ampliar nuestros comentarios en nuestra próxima Columna, por hoy solo nos remitiremos a señalar dos cosas: La primera es, que en el antecedente inmediato, el PRI manda a Juan Manuel Lozano Nieto como un candidato perdedor frente al PAN y sin la posibilidad de acercarle muchos votos a Juan Manuel Carreras,- y la segunda: Que Xavier Azuara no debería confiarse mucho, pues no es lo mismo acostumbrarse a pasar lista de presentes y leer la agenda del día, que entrar de lleno en una contienda donde las pasiones se encienden y se desbordan en uno y otro bando.
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