Rodolfo del Ángel del Ángel
Dios Soberano y Dueño de todas las naciones y de todas las gentes, te pedimos que vuelvas Tú mirada a este pedacito de tierra que llamamos México y que es la nación que nos vio nacer. Tú has sido generoso con México, nuestra casa común, pues le concediste exuberantes bosques, altas y majestuosas montañas, desiertos impresionantes, ríos y mares que nos bañan por doquier.
Qué decir de la diversidad y riqueza cultural de sus pueblos: colores, lenguajes, construcciones, tradiciones y comida ¡Sin duda somos un pueblo rico y privilegiado!
Venimos de un pasado difícil de esclavitud, guerras, pobreza, injusticias y dictaduras. Somos un pueblo que ha nacido de un doloroso y prolongado parto histórico. Somos un pueblo que sigue celebrando y cantando siempre a pesar del dolor.
Sin embargo, vivimos una de las horas más difíciles de nuestro devenir. La violencia se ha apoderado de nuestras calles, la seguridad de nuestros seres más amados se ve amenazada constantemente. Se respira el olor a muerte, la metralla deja escuchar su sonido atemorizante por doquiera, y los que han caído en esta guerra absurda se cuentan por miles. Todos los esfuerzos parecen ser inútiles, los soldados y los policías no bastan. Hay mucho luto, mucho agravio en aquellos que lloran a sus muertos. Nuestra juventud está amenazada por los vicios. La desesperanza se apodera de los corazones.
Nuestra instituciones están gastadas y la corrupción las permea. Hemos perdido de vista valores fundamentales sin los cuales no es posible construir una nación.
¿Por dónde es necesario empezar para que México sea sanado y renovado desde sus cimientos, desde su esencia misma?
Vuelve, Señor Tú mirada a nosotros. Ten misericordia de nuestra tierra, de nuestros niños, y ancianos, de nuestros hombres y mujeres, de nuestras familias. Tú eres la necesidad fundamental en toda hora de la historia, en nuestra vida y en nuestra nación.
Derrama Tú Espíritu sobre nuestros gobernantes, sobre nuestras instituciones, sobre nuestros hogares, en cada habitante de este país. Haz que nuestro corazón se vuelva a Ti en un despertar espiritual de tal manera que podamos comprender que no podemos edificar una nación, ni escribir una historia de paz y de prosperidad sin Ti.
Que busquemos Tú reino y Tú justicia primeramente sobre todas las cosas.
Que Tú palabra sagrada sea nuestra luz.
Que el amor sea nuestra ley suprema.
Que renunciando a la mentira comprendamos de una vez por todas que sin compasión y justicia, sin trabajo constructivo, solidario y responsable no podemos edificar en la paz esa patria nueva que tanto deseamos.
Escucha el clamor de este pueblo y desciende para liberarnos, haz que la luz de Tú rostros brille para nosotros y danos de una vez la libertad, aquella que solo Tú Hijo nos puede dar. AMEN
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