Domingo, 08 de Febrero de 2026
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SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 28 de Marzo al 03 de Abril de 2014

Desmitificando

Desmitificando

Víctor Manuel Tovar Glz.



El que esto escribe, tunde las teclas de su computadora el 23 de Marzo de los presentes precisamente cuando se cumplen 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta en Lomas Taurinas Municipio de Tijuana B.C., el hoy carismático (en ese momento no lo era) candidato del PRI a la Presidencia que murió de un disparo a quemarropa en la cabeza al terminar un mitin, hoy día es idealizado. En nuestro México, poco o nada valoramos a un vivo, pero cuando muere y más si es en circunstancias de magnicidio, los encumbramos en altares.

Homenajes, discursos y remembranzas ven hoy su capacidad y talento como algo superlativo, y hasta creemos que de no haberse cruzado la bala disparada por Aburto, hubiésemos tenido el presidente que hubiese cambiado el curso de nuestro devenir histórico.

“El momento que inmortalizó a Colosio en el imaginario colectivo fue un discurso el 6 de marzo de 1994, que construyó la imagen de un político rupturista con un sistema que respiraba despotismo ilustrado, y de alejamiento formal de quien lo había hecho candidato, el entonces presidente Carlos Salinas”. Eso lo dicen hoy los más encumbrados priistas, muchos de los cuales lamian sus heridas causadas en la XIV nacional del PRI, en la cual liderada por Colosio perdieron muchos de sus privilegios.

En el citado discurso (conocido popularmente como “Yo Tengo un Sueño”), Colosio habló sobre los marginados y oprimidos. “Yo veo un México con hambre y con sed de justicia”, afirmó en sus líneas más memorables, “un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”. Pero no había quiebre con Salinas; ni siquiera un atisbo de ello. En ese discurso, también enfatizo. “La disciplina fiscal llego para quedarse”, y también “ningún paso atrás en las reformas al artículo 27 de la Constitución”, frases más salinistas no podríamos encontrar.

El discurso fue enviado y leído por Salinas (como se acostumbraba en la época) en la víspera, quien hizo observaciones, pero ninguna censura. La relación entre los dos, recuerdan quienes estuvieron cerca de ambos, se había enfriado, pero no roto, porque Colosio sentía que Salinas no había puesto un freno a Manuel Camacho Solís, su derrotado adversario por la candidatura, que era el negociador para la paz en Chiapas con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y cuyo protagonismo había opacado la misma campaña presidencial.Pero lejos estuvo siempre de pensar en la confrontación con su mentor político, a la sombra de la cual él había crecido de ser un académico de economía en el muy prestigiado Colegio de México, hasta ser el candidato del PRI a la primera magistratura.

La construcción de la carrera política de Colosio fue en dos áreas fundamentales para Salinas. Por un lado, de ser director de Programación cuando Salinas fue secretario con De la Madrid, Salinas lo hizo diputado en el arranque del cambio de modelo en 1995, para encabezar la comisión presupuestal. De ahí lo hizo jefe de su campaña presidencial, después presidente del PRI, senador y Por el otro, más delante creó para él la Secretaría de Desarrollo Social, con un programa específico, Solidaridad, mediante el cual se colocó un piso a la pobreza y comenzó el desarrollo de una política pública para ir reduciendo el fenómeno y eliminando tensiones sociales, en realidad un programa electorero, muy lejos de los principios ideológicos neoliberales, pero eficiente cachador de votos de hambre, aunque fracaso en sus objetivos.

El levantamiento del EZLN, por ejemplo, se dio en buena parte de las zonas cafetaleras de Chiapas que fueron afectadas por el fin de los subsidios y el abandono del Estado de la producción agropecuaria, lo que también explica que varios de los comandantes zapatistas habían sido líderes cafetaleros en sus regiones.

Colosio como vemos, no era la figura rupturista ni revolucionaria que muchos creen hoy. Tampoco era el más dotado en un gabinete lleno de doctores graduados en universidades del top ten reconocidos en el mundo. No era tampoco el hermano político de Salinas, como sí lo era Camacho, ni se equiparaba su talento al de los estrategas del Presidente encabezados por José Córdoba Montoya. Quien platicaba a fondo con él sabía de sus limitaciones teóricas y sus dudas. En el propio discurso del 6 de marzo, no era su mano la que había tallado las frases y la cadencia, sino la de muchos en su entorno, entre otros Liebano Sáenz y Julio Hernández.

Con la llegada al poder de Carlos Salinas en 1988 se rompió con las sucesiones pendulares en México, mediante las cuales los grupos políticos sabían que podían estar fuera del poder durante un sexenio, pero que volverían a tener acceso si eran disciplinados y serviles con el sucesor de quien los había exiliado del poder. Cuando Salinas llegó a la Presidencia ya cargaba tres años de rompimiento con el status quo y cambio de modelo económico. En 1985, como poderoso secretario de Programación y Presupuesto en el gobierno de Miguel de la Madrid, inició la reconversión económica, redujo el gasto público, desmanteló de lo que quedaba del Estado benefactor, y colocó los cimientos para la instalación del llamado neoliberalismo. Y cuando arribó a la presidencia, dio fin a lo que quedaba del estado nacionalista y revolucionario. Luis Donaldo no solo comulgaba con esta forma de pensar y actuar, sino que era un fiel converso desde sus tiempos de estudiante de economía en el Tec de Monterrey de esta religión neo-liberal.

La política salinista enriqueció sin duda al país, perocreo grandes desigualdades, entre 1985 y 1994, el coeficiente de Gini, que mide la desigualdad, se elevó en más de siete puntos porcentuales. Factores importantes de la desigualdad en el ingreso según los economistas Nora Lustig y Miguel Székely en un informe para el Banco Interamericano de Desarrollofueron, el comportamiento de la pobreza y la desigualdadque estaba asociado al proceso de reforma estructural en los ochenta. “En particular, nos dicen que hay dos componentes que pueden haber afectado de manera muy importante el proceso de diferenciación económica y social. Uno de ellos es la liberalización comercial unilateral comenzada a mediados de los ochenta y que culminó con la firma del Tratado de Libre Comercio puesto en marcha en 1994 (no el tratado en sí, si no lo mal negociado en el área agropecuaria). El otro es la reforma agraria, que autoriza la privatización del ejido, promulgada a fines de 1991, y el desmantelamiento de los apoyos institucionales y subsidios al agro que formaron parte del nuevo modelo económico”.

Arribado al poder, Salinas y su equipo comenzaron a pensar en la sustitución del PRI por un nuevo partido como parte sustancial de la reforma económica.Ya siendo Colosio Murrieta presidente del PRI, Salinas negoció con el PAN acuerdos sustanciales para encontrar su respaldo a las reformas. Dentro de esos pactos se inscribió la entrega de Baja California al PAN en 1989, el primer estado que gobernó la oposición, donde pese a la victoria del candidato del PRI, Colosio, no la reconocería. Dos años después tampoco dijo nada cuando por el mismo fin se anuló la victoria de un priista en Guanajuato, y se nombró a un gobernador interino del PAN.

En 1991 la presidencia planeo un partido político, que se llamaría Solidaridad, cuyo fin final era una reforma que permitiría la reelección. Se hizo papelería con el emblema, una “S” tricolor estilizada, y en la Presidencia se realizaron encuestas para medir cómo verían los mexicanos al Partido Solidaridad. Los resultados fueron altamente positivos, y se habría creado ese nuevo partido, de no haber sido la fuerte oposición de la estructura del PRI y la posibilidad de que se partieran los priistas en dos. Salinas archivó el proyecto.Lejos de ser ajeno a esas expectativas de poder transexenal de Salinas, Colosio era parte del fundamental del plan.

¿Qué sería México de haber sido Colosio presidente?, como él hubiera no existe, lo que podemos hacer es bordar sobre su pensamiento y sus acciones. No hay duda Colosio Murrieta era un buen hombre, recto y honesto, casado con su pensamiento e ideología, pero no un héroe, ni un mártir, su actuación como hombre público ligado al salinismo durante la mejor parte de su gestión, pero también sordo y omiso en la segunda parte de la gestión salinista.

 


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