José Manuel Arredondo Ramírez
Siempre al llegar el final de un año más y al iniciar uno nuevo, nos encontramos con el recuento de todo aquello que hicimos durante ese año y fijarnos nuevas metas para uno nuevo. Para algunas personas la frase “llegamos al final de un año más”, es una frase que escuchamos por estos días, de diferentes formas. Algunas lo dicen con orgullo, algunas con tristeza y nostalgia, otras lo dicen con temor y pocas esperanzas, otras más con indiferencia y muchos otros con satisfacción y ánimo. Pero la verdad es la misma, sí, llegamos al final de un año más. Cada quien podemos hacer una recapitulación personal de lo que significó este año que termina, pero sin duda alguna, para cada persona tiene un tinte especial.
Seré sincero con ustedes y abriré mi corazón con la verdad. En lo personal me considero una persona positiva y trabajadora. Me apasiona lo que hago y cada mañana me levanto con la emoción de un día más, siempre trato de compartir mi frase... “vive tu vida como si fuera el primer, el único y el último día”. Pero al ir pasando el día, al estar trabajando con mis pacientes o en la empresa, platicando con gente, viendo los planes presentes, los futuros, lo errores cometidos, las áreas que hay que mejorar, los problemas por conquistar, las éxitos efímeros, las barreras por derrumbar, las decepciones, el volverse a levantar, intentarlo de nuevo otra vez y ese eterno deseo de quererlo hacer todo mejor... y luego, claro, la vida personal, ese terreno donde el verdadero Yo sale a flote con el amor de tu novia, o novio, esposa o esposo, ser el mejor padre o madre, no dejar caer la casa o mantenerla, cuidar el auto o estarlo pagando, mantener contacto con los familiares, acercarme más a los amigos, atender llamadas inesperadas, tratar de mantenerme sano, tener tiempo para leer y escribir, entregar todo mi corazón al servir en mi apostolado; todo esto, al final del día, algunas veces hace que caiga en la cama, y mientras espero que mi cerebro se “apague” para finalmente poder dormir, pienso: ¡Yo no puedo con todo esto! Y al día siguiente me levanto para volver a empezar. ¿Te ha pasado a ti? ¿Alguna vez te has sentido de la misma forma?
Al igual que tú, amo mi vida y amo todo lo que hago, pero sí, muchas veces pienso que todo eso sobrepasa mis fuerzas y que yo no podré con lo que tengo en mis manos... pero siempre que lo pienso llego a la misma conclusión: Es verdad, yo no puedo. Mis fuerzas no son suficientes, mi intelecto no es suficiente, mis capacidades no son suficientes ¡mi tiempo no es suficiente! Es por eso que dependo al 100% de Dios para lograrlo.
Este día te invito a ser mejor persona, que seas un gran líder en todas las áreas de tú vida, sólo será posible si estamos en contando permanente con esa vida espiritual, que por más que la queramos dejar de lado o negarla, siempre estará presente. Ese Dios es quien nos da la fuerza para seguir, el ánimo para no decaer, el consuelo al levantarnos, las ideas para servir y el camino correcto. Nuestra meta es titánica, pero sí es posible porque contamos con Él. Debe ser nuestro oxígeno, sin el cual literalmente no podemos vivir. No importa cuánta experiencia tengamos de vida o en lo profesional o en qué posición estemos ahora, siempre dependeremos de Él.
Después de todo, Él es quien ha puesto todos estos deseos y pasiones en nosotros. Entre tantos pendientes algunas veces olvido esta gran verdad, pero cuando me estoy “ahogando”, cuando ya no puedo más, cuando estoy “sepultado” entre todo lo que conforma mi vida, es ahí cuando recuerdo que no soy yo, sino Él a través de mí... y entonces vuelvo a la superficie y respiro.
Para mí no es casualidad que cada año festejemos el nacimiento del niño Jesús el día 25 de diciembre, y sólo una semana después el inicio de un año nuevo. Esto es, en mi opinión, para primero recordar que tenemos un poderoso salvador vivo con nosotros; y ya habiendo recordado y celebrado esto, ahora sí estamos listos para todo lo que está por venir el siguiente año.
En estas fechas decembrinas, quiero invitarte a que pongas nuevamente toda tu vida en manos de Dios, y que cuando hagas tus planes, llenes tu agenda de compromisos, apuntes tus pendientes e inicies cada día, recuerdes que todo lo podemos en ese Dios que nos fortalece... y que no estamos solos, no te aseguro que los problemas y las penas desaparezcan como arte de magia, pero lo que sí te aseguro es que tú vida será más llevadera y con un sentido pleno, pues quién no vive para servir, no sirve para vivir.
¡Recibe un fuerte abrazo, que sea la mejor de las navidades y un espectacular 2014!
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