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Semana del 10 de Mayo al 16 de Mayo de 2013

5 de mayo ¡La historia de siempre!

5 de mayo ¡La historia de siempre!

Víctor Manuel Tovar González



El pasado 5 de mayo celebramos el aniversario de la batalla de Puebla. Donde el ejército de la República, parapetado en los fuertes de Loreto y Guadalupe, derrotó a las zuavos y la famosa legión extranjera francesa del general francés Charles Ferdinand Latrille Conde de Lorencez. «Las armas nacionales se han cubierto de gloria», escribió Ignacio Zaragoza en su parte de guerra al presidente Juárez. Pero amigo de EMSAVALLES, se explica Ud. Porque los gringos festejan inclusive más que nosotros la fecha.

Pertenezco a la generación que de niño recibió una esmerada y cursi educación cívica, y cursos de historia de México donde solo se aprendían hechos y fechas, pero no causas y efectos de los sucesos históricos. Memoricé el himno nacional, excepto las estrofas abolidas por la censura liberal. Me emocioné con la historia del pastorcito que perdió un borrego y que por temor a la ira de un tío tuvo que dejar su comunidad para ir en pos de la ciudad, y que por su tesón y ganas de superarse llegó a presidente.

Aprendí en la escuela de monjas que los españoles eran malos, con excepción de los monjes; los aztecas, buenos; y los tlaxcaltecas, traidores, los liberales, el diablo y los conservadores, héroes de la patria. Pero la fecha preferida de la tenebrosa Madre María Nunciata, (nombre de la monja que fue mi maestra de cuarto de primaria) era el 5 de mayo de 1862, donde consideraba que el mismísimo diablo había metido su peluda mano, para evitar el triunfo francés.

Para un niño, nuestra historia patria provoca llanto. El siglo XIX es un cúmulo de derrotas militares y vulgares golpes de Estado. México perdió la mitad de su territorio. Para subirnos la moral, en aquellos años si se celebraba la victoria del 5 de mayo, nos hablaban en los discursos oficiales del glorioso 5 de mayo. ¡Qué bonito! Le ganamos al ejército más poderoso del mundo. Y en la batalla participaron los zacapoaxtlas, aterrorizando a los franceses con sus machetes.

¡Ah! Me llevé un chasco en secundaria (estudié en una escuela oficial, la querida Pedro Antonio Santos), tuve la enorme fortuna de tener eminentes profesores de historia como; el Maestro Dorantes Montes, Feet Molina entre otros. Ellos me enseñaron lo que la maestra de primaria no me contó, es decir las causas y efectos de la intervención francesa y de la batalla de Puebla.

Un año después del glorioso triunfo del 5 de Mayo, cayo la ciudad de Puebla, tras una heroica defensa. La ocupación francesa abrió las puertas a Maximiliano de Habsburgo. El 3 de octubre de 1863, una comisión de mexicanos «Notables» se apareció en casa del tal Max, allá por el rumbo de Trieste, para ofrecerle la corona de México.

Maximiliano titubeó. Era un segundón en la línea de sucesión del Imperio austríaco, pero de alcurnia: Archiduque de Austria, y Príncipe de Hungría y de Bohemia. ¿Valía la pena dejar todo por la aventura mexicana?

A Max le gustaba la buena vida. Se construyó su castillito a la orilla del Mar Adriático, Miramar. En verano escapaba del calor en Lacroma, su isla particular, para ir a refugiarse en Miramar. Debía un dineral, porque como buen noble de aquellos días no trabajaba (cualesquier parecido con los políticos actuales es pura coincidencia) y sus gustos eran caros y su sueldo de archiduque, bajo para su tren de vida. Napoleón III lo convenció de embarcarse a México. Carlota Amalia, su esposa, a la sazón princesa de Bélgica, por supuesto, estaba puestísima. A diferencia de su marido, le tenían sin cuidado los paseos por el mar y las aficiones botánicas. La pobre mujer se asfixiaba en Miramar y su máximo sueño era ser emperatriz y no simple princesa.

¿Qué pretexto esgrimieron los franceses para invadirnos? Se lo pusimos en bandeja de plata. México suspendió el pago de su deuda a España, Reino Unido, y Francia: Debo, no niego; pago, no tengo. El pasatiempo del gobierno mexicano, desde la independencia, es pedir dinero prestado.

En enero de 1862, ejércitos de los tres países se plantaron en Veracruz para cobrar sus dineritos. La diplomacia mexicana (siempre ha sido lo mejor que tenemos) consiguió que España y Reino Unido se retiraran. Pero Napoleón III que tenía otros planes, ya que quería invadir nuestro país para desde aquí unirse al ejercito confederado del sur para vencer al ejercito del norte y dividir a la Unión Americana, ordenó quedarse en México. Durante el siglo XIX, los países poderosos se repartían el mundo como botín. Nada de malo tenía quedarse con la tierra azteca.

El problema es que los gringos siempre consideraron al continente americano como botín de Estados Unidos. A los güeros patones no les gustó que un francés les arrebatara su patio trasero. El apoyo norteamericano a Juárez fue decisivo para vencer a los imperialistas. Pero nada es gratis. El gobierno de Juárez entregó el istmo de Tehuantepec (Tratados McLane-Ocampo, 1859). Lamentablemente para los liberales, la situación se complicó. Estalló en EU la guerra civil (1861-1865) y Napoleón III aprovechó el ajetreo en Washington para meter las narices en México.

En pocas palabras, para 1862 tenemos a los franceses en México, a los gringos ocupados en su guerra, a Juárez sin un centavo, y a un grupo de mexicanos convencidos de que este país necesita mano dura. Los monárquicos pensaban que la democracia había perdido su oportunidad, generado pobreza, inseguridad y caos (no hablo de política contemporánea). ¡Qué venga un príncipe güerito y de ojos azules a salvarnos de nosotros mismos!
Conservadores y monárquicos no son sinónimos (aunque muchos P... pensadores lo creen). Muchos conservadores se opusieron, en un inicio, a los franceses y a Maximiliano (entre ellos el General Miguel Negrete uno de los héroes del 5 de Mayo). Y algunos monárquicos, comenzando por Maximiliano, estaban de acuerdo con las Leyes de Reforma.

Los liberales llamaban «cangrejos» a los conservadores, pues se decía que caminaban «para atrás». Pretendían un Estado confesional, preservar los fueros eclesiástico y militar, y respetar la propiedad corporativa de la tierra.

Aquí salta otro detallito que no me explicó la Madre María Nunciata. Las Leyes de Reforma desamortizaron los bienes de «manos muertas», las propiedades de la Iglesia. Pero el liberalismo de Juárez también desmanteló la propiedad comunal de los pueblos indígenas. ¿Lo sabían? Entre Juárez y Porfirio Díaz existe continuidad. Don Benito y los liberales sentaron las bases legales para el despojo de tierras de los indígenas. No por perversidad, sino porque creían que al poner a trabajar las tierras ociosas del país (unas en manos del clero y las de las comunidades indígenas, recordemos que desde la guerra de independencia jamás conocimos la paz y que la tropa de los ejércitos provenía de las comunidades indígenas) estas se volverían productivas lo que generaría un gran mercado interno.

Otro punto oscuro: la mayoría de los bienes expropiados a la Iglesia y a las comunidades fueron a dar a las manos de funcionarios del gobierno. ¿Les suena la historia?

¡Ah! ¿Y el asunto de los fueros? Se abolió, con justa razón, el fuero eclesiástico, pero el fuero militar y el de los funcionarios de primer nivel, sean del Ejecutivo, Legislativo o Judicial aún existe, de ahí provienen muchos roces entre el Estado y los defensores de los Derechos humanos.

Conservadores y monárquicos tampoco eran peritas en dulce, eran peores que los liberales. Miraban por sus intereses y también querían solo el saqueo de la sociedad, como lo demostraron ampliamente durante la primera mitad del siglo XIX. El resultado fue un engrudo social y político que aprovecharon los extranjeros. ¿Quién pagó los platos rotos? Los de siempre, los pobres.

Pero hoy a muchos extraña que los Güeros patones del otro lado celebren el 5 de Mayo, que la consideren como una gran fecha conmemorativa. Y como no, Napoleón III deseaba apoyar a los confederados del sur en la guerra civil Norte Americana, y con la victoria de los liberales se retrasó un año la consumación de la intervención francesa, con lo que se dio tiempo para el triunfo del Norte Yanqui.

 


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