Víctor Manuel Tovar González
Comprar en la actualidad todos los productos de primera necesidad implica un desembolso de alrededor de, cinco mil 993 pesos con 74 centavos, pero a esto hay que sumar los gastos de luz, renta, agua, gas, teléfono, vestido, diversión, es decir que un mexicano promedio debe ganar cuando menos tres salarios mínimos para poder adquirir la llamada canasta básica, u ocho salarios mínimos para hacerse de lo que los políticos llaman un sustento decoroso.
Este tema que debería ser el principal de nuestros futuros gobernantes, sin embargo no es el más trascendental en la agenda del futuro primer mandatario. Peña Nieto se pasea por Europa publicitando que el permitirá los contratos en Pemex, ¡claro! Los contratos significan un moche por cada uno que se otorgue.
Pareciera que la alimentación y la pobreza fueron rebasadas por el tema energético en la opinión pública mexicana y en la agenda de la clase política. La realidad es que el incremento paulatino de los precios de los alimentos, nos recuerda día a día que el tema no ha sido resuelto. Por ello, vale la pena recapitular, de manera muy breve, ¿qué es y qué origina la crisis alimentaria?, ¿cuáles son los principales retos y cuáles las soluciones?
En la actualidad, en México no se producen los alimentos que sus habitantes demandan y existen amplios sectores que no tienen acceso a ellos. Entre otros aspectos, esta situación es resultado de la degradación de los niveles de vida de la población en la mayor parte del país, es decir, del incremento de los precios de los alimentos y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.
Además, es bien sabido que cada día hay menos mexicanos dedicados a la producción de alimentos, debido al abandono en que se encuentra desde hace décadas el campo por parte de los tres niveles de gobierno. Para los gobiernos neo-liberales que hemos padecido, la mejor política agropecuaria es que no exista política agropecuaria.
La producción y el acceso a los alimentos debería ser una cuestión central de la política económica y social de cualquier país. Incluso debería ser uno de los elementos fundamentales de la seguridad de una nación, pues existen vínculos entre la seguridad alimentaria, la democracia, los derechos civiles y políticos, porque es la parte primordial del entorno necesario para que los ciudadanos tengan un mejor nivel de vida.
En últimas fechas de manera oficial, el gobierno admite la presencia de una nueva crisis alimentaria en México. Entre las causales más relevantes que intentan explicar su detonación se encuentran el incremento del precio de los granos a nivel internacional, el anuncio de Estados Unidos sobre el desvío de granos para la producción de etanol, el repunte del consumo en China y la India, el incremento de los precios de los energéticos, además de diversos y continuos desastres naturales a nivel internacional que llevaron a múltiples reconveniencias de precios en los mercados a futuro.
Si bien diversos de esos elementos que llevaron en un lapso muy corto a una espiral de precios sin precedentes de los alimentos básicos dentro de la etapa de economía de libre mercado en México, pueden ser válidos, lo cierto es que se trata de una nueva crisis superpuesta a otra de tipo estructu-ral que se presenta desde hace, 40 años por lo menos.
Dicha crisis, está implicada en los roles marginales que asu-mió la agricultura dentro de un nuevo modelo de crecimiento económico en el que se optó por importar granos (eran más baratos en el exterior), pero que llevaron posteriormente a un colapso de la producción interna, la descapitalización del campo, el abandono de la asistencia técnica, el desmantelamiento del crédito rural y un atraso evidente en la productividad y los costos de producción que se hicieron más evidentes con la implementación de un tratado de libre comercio (el cual incluye a la agricultura), con dos de las principales potencias agrícolas a nivel mundial. Lo más grave de ello ha sido el incremento de la pobreza rural, la dependencia externa y una vulnerabilidad manifiestas en los niveles de seguridad alimentaria.
La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otros entes indicaron que de no haber acciones inmediatas podría ge-nerarse alzas en los precios de los alimentos a nivel nacional. No hay los suficientes apoyos a la gente del campo, a los programas campesinos, y eso son los temas que debemos revisar urgentemente, tanto en el congreso como en la nueva ley de egresos que proponga el nuevo ejecutivo federal, esto debe ser lo que nos tienen que interesar como país de manera principal en los días que corren, porque solamente con políticas agra-rias eficientes podremos salir adelante.
Como ya hemos narrado, al no producir nuestros alimentos, nos hemos hecho dependientes de la agricultura estadou-nidense y esta se encuentra en una desaceleración, que tiene una afectación directa sobre la agricultura y las condiciones alimentarias en México. Esto se debe a que dependemos de cerca del 40% de los alimentos que consumimos del comercio agrícola que realizamos con ese país, pero en condiciones desiguales. A ello se suman diversos elementos de tipo coyuntural como son la decisión de EU de destinar un porcentaje importante de su producción de granos, especialmente de maíz donde somos más vulnerables, a la generación de biocombustible, junto con la notoria disminución de subsidios de apoyo a las actividades y el comercio agrícolas que inciden en el repunte del precio internacional de los granos.
Estados Unidos es el productor agrícola más importante a nivel mundial, principalmente de granos básicos; también es el mayor consumidor y el que mayores subsidios otorga a sus productores, estimado en más del 50% a la producción y al comercio; por ello resulta, independientemente de factores coyunturales, como el repunte del consumo en economías emergentes (China y la India) o las sequías, el principal regulador de los precios internacionales.
Comparado con los grandes subsidios a la agricultura en el país de las barras y las estrellas, en el nuestro, el gobierno desmantelo la investigación científica, el aparato de extensión agrícola, y acabo con la producción nacional de fertilizantes. La política neo-liberal de dejar al mercado que resuelva los problemas económicos, desmantelo el sistema de producción agropecuario y dinamito el estado de bienestar naciente en México en la década de los setentas del pasado siglo.
En México, particularmente, la crisis ali¬mentaria nos afecta porque la mayoría de los alimentos son importados y el incremento de los precios de los granos básicos, principal¬mente del maíz, repercute de inmediato en los artículos de consumo diario. La reducción del rol del Estado en la regulación de precios ha favorecido la creación de mercados altamente concentrados, donde ni los pequeños produc¬tores ni los consumidores se benefician.
Son varios los factores que han provocado esta situación, entre los que se pueden citar aumentos impositivos, alza de las gasolinas, las condiciones físico climatológicas experimentadas meses atrás (sobre todo la sequía), el costo de la movilidad de los productos, la especulación, el acaparamiento, las enfermedades aviares y el intermediarismo. En lo que va del año, de los 121 artículos que componen la canasta básica, 109 sufrieron algún incremento, donde 50 de ellos registraron un aumento por arriba del promedio, que es de 8%. Por eso amigo de EMSA, Ud. Ve que no concuerda el índice de inflación general y el de alimentos.
En México se necesita de una política social y productiva de mediano plazo, pues los planes sexenales no han funcionado para alcanzar la autosuficiencia alimentaria, La estrategia tiene que ser realista, pero su visión del futuro debe estar basada en los puntos fuertes y las potencialidades del sector. También debe identificar claramente las restricciones a superar para poder concretar esas potencialidades. Una estrategia que no ofrezca la visión de un futuro mejor, respaldada por políticas concretas para alcanzarlo, difícilmente podrá motivar la participación de la población rural en su implementación. Al mismo tiempo, cuanto más realista y mejores sus bases analíticas, mayores serán las posibilidades de alcanzar sus objetivos.
En algunas estrategias agrícolas la visión del futuro se cuantifica en términos de área a ser irrigada, superficie sembrada con los principales cultivos y la adopción de tecnologías de punta, pero sobre todo no olvidar las cadenas de comercialización, pero sobre todo que el gobierno ya no deje a los productores agropecuarios a su suerte.
emsavalles© 2006 - 2026 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203