Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 01 de Junio al 07 de Junio de 2012

El desencanto de la política

El desencanto de la política

Víctor Manuel Tovar González



La desafección de los ciudadanos hacia la política no es un fenómeno nuevo en México, pero sí el cariz que toma en la actualidad. El indicador más claro es la creciente abstención que se registra en las elecciones. Esta desafección se da al mismo tiempo que una gran adhesión ciudadana a los sistemas democráticos. Nunca hemos tenido tanto interés por la democracia, pero crece la disconformidad de los ciudadanos.

Uno de los aspectos que más condiciona la relación entre ciudadanos y el poder político son las actitudes. Actitudes como el cinismo político (Juan José hablando de honestidad), el desinterés, la desconfianza política están íntimamente unidas al grado de confianza que los ciudadanos depositan en las instituciones de representación política en general y, en especial, en los partidos políticos.

En democracias en donde los ciudadanos desconfían de los partidos políticos, como en México, es altamente probable que exista un grado número menor de afiliados y de ciudadanos dispuestos a implicarse con los mismos, lo que a su vez condiciona su institucionalización, recursos y tipo de financiación, estructura y organización, tipo de liderazgo y otros aspectos básicos.

En la última década han proliferado análisis sobre la creciente distancia que existe entre los ciudadanos y sus gobernantes. Se trata de un fenómeno que afecta a la mayoría de las democracias y que, siguiendo la terminología anglosajona, se ha caracterizado como desafección democrática.

El indicador más claro es la creciente abstención que se registra en las elecciones. Pero ni es éste el único aspecto, ni tal vez sea el más decisivo. Esta desafección se da al mismo tiempo que una gran adhesión ciudadana a los sistemas democráticos. Ello no es ninguna esquizofrenia. Indica un contraste entre los valores e instituciones y las experiencias prácticas de los gobiernos.

Todo esto no es nuevo, pero sí parece serlo el cariz que toma en estos momentos. Los análisis de política comparada muestran tres tipos de factores que inciden en la desafección. En primer lugar, aquéllos que son comunes a todas las democracias, por ejemplo, la percepción de que, tras la globalización actual, los gobiernos no controlan los resortes decisivos de influencia (frente a crisis económicas, problemas ecológicos, etcétera).

En segundo lugar, los factores de carácter local, como la falta de eficiencia de los gobiernos, escándalos de corrupción, en Valles nos sobran ejemplos; el escandalo del relleno sanitario, o la compra de casa nueva por algunos alcaldes que hoy quieren regresar, o un ensimismamiento de la clase política en polémicas de poco alcance. Finalmente, se dan factores que se hallan en una posición intermedia: ni son del todo generales ni están asociados a un sistema político concreto.

Nos encontramos en una era en la cual el actuar político del demos (El demos es, el listado de miembros plenos de una comunidad política) es coartado por la “dominación de las encuestas de opinión”. Los pocos ciudadanos interesados en la política esperan con ansias las ultimas encuestas, poco importa la congruencia de los candidatos con sus principios, o la honestidad de su pasado, o todavía menos las pocas propuestas que hacen en materia de políticas públicas.

Vivimos en una cultura de los medios de comunicación. Las vidas de muchos en este país giran en torno al consumo de medios y entretenimiento. El deporte es casi un objeto de culto para algunos, y eventos como la final del Campeonato de fut bol son días de fiesta casi nacional, rodeado de una atención incesante en las noticias / medios de comunicación deportivos y otros puntos de la cultura popular. Teniendo en cuenta que el consumo de los medios de comunicación es tan omnipresente, con televisores de pantalla plana digitales, teléfonos inteligentes, TV vía satélite, video streaming, iPads y otras fuentes multimedia, no es de extrañar que la política ha adquirido un sabor similar? 2012 es un año electoral y con ello, la política como entretenimiento ha pasado a primer plano.

El debate racional, ha sido superado por una nueva raza de artista político, que se ocupa en la emoción cruda, se preocupa de su copete, de su maquillaje y su vestuario, en el guion que le han preparado sus polipublicistas, en que ángulo retrata mejor, pero poco interés pone en la solución de los problemas que aquejan a la sociedad.

Pero por otro lado, las reales circunstancias apenas coinciden con la figura de la legitimación del actuar político por medio de la participación del pueblo. La lucha electoral es un espectáculo controlado, el cual es manejado por equipos rivales de spindoctor profesionales (es una forma de propaganda, logra a través de proporcionar una interpretación de un acontecimiento o una campaña para persuadir a la opinión pública a favor o en contra de una determinada organización o una figura pública). Ellos determinan la agenda política a través de la selección y a su vez la puesta en escena de reducidos temas, los cuales son además cada vez más personalizados.

La multitud de ciudadanos juega únicamente un rol pasivo, silencioso y de vez en cuando incluso apático, siendo incapaz de conformar una discusión política propia. De espalda a esta escenificación del “juego electoral”, se encuentra entonces el verdadero proceso político y en forma de una interacción privatizada entre gobiernos elegidos y elites, las cuales en su mayoría velan por los intereses de actores económicamente fuertes.

Las elecciones hoy día son una inmensa operación de mercadeo, de venta de una mercancía llamada candidato, y va a ganar el que mejor se venda. El proyecto, el plan de gobierno, no tiene importancia en el torneo, es algo así como los ingredientes de un shampoo que nadie ve, lo que vende es el empaque, la promesa de “dar al cabello el brillo del diamante”, la calidad de la propaganda en la televisión, las vallas...
Igual pasa con los candidatos, son una mercancía. Lo decisivo es el envase, las cuñas, pero sobre todo las promesas, no importa que sean extravagantes, locas, lo imprescindible es que muevan el alma consumista y cubran la expectativa de saciar las falsas necesidades. Los candidatos buscan agencias publicitarias de prestigio, ya no politólogos, al final la contienda no es una disputa política sino una competencia entre agencias de propaganda, éstas exhiben como mérito haber triunfado en diferentes eventos electorales en diversos países.
En las elecciones actuales la falsa imagen cubre a la seriedad de un plan, al rigor de un pensamiento. Los candidatos acuden al mercado electoral y éste dirá, no quién es mejor, sino quién pudo engañar más, quién tenía mejor empaque, quien “se vendió” mejor.

Ahora, en pocos días los mexicanos vamos a una elección, ya los candidatos-mercancías se lanzaron al mercado, son un cartel, una mafia que quiere usurpar el poder, y el dinero.

Es difícil la elección que se avecina, es una inmensa operación de mercadeo, y nosotros tenemos una cultura del mercado, de la mercancía, de la falsa necesidad. Vivimos sumergidos en la manipulación de la publicidad, capaz de convertir a un veneno en alimento con la misma facilidad que convierte a un mequetrefe(a) en estadista.

Somos proclives, acostumbrados a este tipo de propaganda que construye fantasías, así vamos viviendo de ilusión en ilusión, nos despojan del futuro, nos borran el pasado, lo único que tiene realidad es la cuña que vemos en la pantalla de la televisión, así, cual zombis nos llevan al mercado para inmolarnos en el altar de la compra sin sentido.

La sociedad sufre el bombardeo de la manipulación electoral, llueven promesas y miedos, la mentira tomó cuenta del mercado electoral, la verdad desaparece, estamos en guerra cruel que busca cambiar el voto por ilusiones y terror, miedo a ser despojado hasta de lo que no tenemos, la batalla es en el inconsciente.

EL descontento con la política tradicional puede comportar también un incremento de otras formas, en las democracias, como la mexicana, se observa que el uso de formas no convencionales de participación no son una respuesta a la insatisfacción con la actuales formas convencionales de participación política (elecciones, sistema de partidos políticos, instituciones democráticas, etc.), sino que es causa de que durante la etapa de democratización del país no se produjo un proceso de inclusión de los ciudadanos en la política, ya que eran vistos meramente como un instrumento de legitimación de la actuación política durante las elecciones.

Esto provocaba que con el tiempo la política se alejase de la ciudadanía provocando los altos niveles de desafección política existentes hoy en día, con un gran peligro, que pocos elijan a un producto mercadológico, y luego nos arrepintamos.

 


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