Alejandro Zapata Perogordo
Con las actividades del domingo de resurrección el pasado 8 de abril, concluyó una semana santa más; la de este año 2012 que a nivel local y nacional ha estado y estará marcado, sin duda, por los procesos electorales para renovar cargos de elección popular; siendo el de Presidente de la República, el de mayor importancia y el que genera mayor curiosidad en la opinión pública.
Sin embargo, también es cierto, que entre descalificaciones de los actores políticos, el debate alimentado en medios de comunicación y una campaña muy regulada, la ciudadanía en general aún no se empapa del proceso electoral, y ante el descontento que ha generado la clase política, muchos prefieren prestar su atención en otras cosas.
Esta semana que recién terminó; de vacaciones para muchos y de reflexión para otros, significa una nueva oportunidad para pasar tiempo con la familia, para descansar, y también, para que echemos un vistazo a aquellas pequeñas cosas que forman parte de nosotros, de nuestra cultura; y que está en nosotros mismos el nunca perder.
Recordemos lo que se celebra en Semana Santa: Para el pueblo Cristiano en todo el mundo se trata de los días en los que se recuerda la muerte y pasión de Jesucristo narrada en los evangelios bíblicos. Inicia con el Domingo de Ramos, es decir, el momento en que Jesús entra a Jerusalén de forma triunfal sentado en un pollino. Después viene el Jueves Santo con la Última Cena, luego el viernes donde se recuerda La Crucifixión, el sábado de Gloria y se concluye la semana con el Domingo de Resurrección.
Dicen los estudiosos de la Biblia, que esto tiene su antecedente en la Pascua Judía; historia que se encuentra en el Antiguo Testamento y que narra cómo Moisés pudo liberar al Pueblo Judío de la esclavitud en Egipto. A partir de entonces, cada año, los Hebreos recordaban su liberación sacrificando un corderito; que era sólo el símbolo del Cordero de Dios que vendría realizar una liberación total; quitando los pecados de la humanidad.
Hoy en día, muchos se apegan de forma estricta a los ritos religiosos, incluso a veces inician desde varias semanas antes con la práctica de la vigilia en cuaresma. Otros no prestan mucha atención a las prácticas eclesiásticas y simplemente aprovechan estos días para vacacionar. Y otros, quizá no tienen tanto apego a la historia bíblica o a los actos religiosos pero se gozan en llevar a cabo las prácticas tradicionales, que en nuestro caso, forman parte de nuestras costumbres como mexicanos.
En cualquiera de los casos, la semana santa siempre es, en muchos sentidos, un descanso.
No necesariamente porque los niños dejen de ir a las escuelas o porque nos den algunos días de asueto en el trabajo. Sino porque a estas alturas del año, generalmente ya hemos enfrentado como sociedad muchos desafíos, y cuando vemos lo que aún nos falta por enfrentar; invariablemente llega a nosotros una sensación de cansancio, a veces de fastidio.
En resumen, estas son fechas que nos permiten poner un alto a todo, y reflexionar en lo que llevamos recorrido hasta ahora; cómo podemos enmendar los errores cometidos y cómo podremos dar continuidad a los aciertos que hemos logrado.
Las tradiciones que en estos días nos recuerdan lo valioso de nuestra cultura son muchas: Las representaciones del viacrucis, la quema del Judas, entre otras. En nuestro caso como potosinos, tenemos una riquísima gama de ritos tradicionales para estas fechas como La Visita a los Siete Templos y la muy emblemática Procesión del Silencio.
Aunado a esto, diversas iglesias, colonias, y grupos, celebran muchísimas actividades, que independientemente de las creencias u orígenes de cada una, tiene un mismo objetivo: Generar espacios de tranquilidad y armonía social a pesar de los problemas y desafíos que enfrentamos hoy en día, en nuestro país y en todo el mundo.
Ya lo dijo una vez el político estadounidense, Thomas Jefferson: “Los mejores momentos de mi vida han sido aquellos que he disfrutado en mi hogar, en el seno de mi familia”.
Como sociedad, las cosas que más importan son las que nos hacen sentir bien; sentirnos felices. Si como servidores públicos contribuimos a ello, estaremos logrando nuestro objetivo.
Pero es trabajo de todos. De las madres de familia que hacen la comida de sus niños y les cosen la ropa. De los padres que juegan con sus hijos en el parque. De los jóvenes que organizan actividades para el esparcimiento de otros. De las personas que buscan preservar e impulsar nuestras tradiciones.
Si esta Semana Santa nos ha ayudado a tomar un respiro de la acelerada dinámica cotidiana y nos ha hecho recordar las cosas más valiosas, entonces podremos enfrentar lo que viene con mucho mayor ánimo.
Y en ese sentido, aunque la Semana Mayor llegó a su fin. Esperemos, que con todo y el inevitable caos que nos espera este 2012, podamos encontrar no uno, sino muchos momentos de descanso y reflexión social.
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