Martha Orta Rodríguez
¿Te has preguntado como hacen los hombres y las mujeres para conciliar su familia con su trabajo? ¿Crees que sea diferente para ambos?
Si lo planteamos así, de entrada vemos una brecha de desigualdad en torno a la jornada laboral y a la distribución de los quehaceres propios del hogar y la crianza de los hijos e hijas.
Y muestras podemos recapitular muchas, por ejemplo; una escena cotidiana:
Una pareja con una hija y un hijo. Donde ambos trabajan. La mujer despierta en promedio una hora antes que los miembros de su familia para prepararse para su jornada laboral, prepara el desayuno, les habla para que despierten y atiende que sus hijos y la pareja tomen sus alimentos, verifica que estén correctamente vestidos y es probable que antes de salir baje ropa sucia, tienda las camas, saque la basura y limpie la mesa... y si el tiempo se lo permite, tal vez tome un poco de café. Los trastes tendrán que esperar, ya que no le alcanza el tiempo.
El varón, se despierta, se a-rregla, espera que se le sirva el desayuno y apura a su esposa, para que no lleguen tarde.
Ambos van a trabajar 8 horas en promedio.
Por la tarde. Ella, se apresura a pasar con la señora que recoge a su niña y niño de la escuela y llega a casa a preparar la comida. Mientras apresura a los pequeños a que se quiten los uniformes y se laven las manos para sentarse a comer. Le solicita a su hija que le ayude a poner la mesa y al niño lo manda por los refrescos.
El llega, se sienta, prende la televisión y le pide a sus pequeños que no hagan ruido, ya que viene sumamente agotado.
Después se sientan todos a la mesa, todos excepto la madre, que sigue calentando tortillas o pasando los utensilios que faltan en la mesa.
Cuando terminan de co-mer, la niña se queda con la madre para apoyarla en la limpieza de la cocina. El niño se retira a ver la televisión.
El papa se recuesta un rato y anuncia que va a salir. No dice a donde.
La señora apura a los chicos para que hagan su tarea y se dispone a ayudarles un rato. Empieza a pensar que hacer para la cena. Su hija le dice que necesita un material para la escuela y le llama al señor para ver si él se lo puede comprar. Él le contesta que no, que lo haga ella. Así que va con su hija a la papelería a comprar lo que necesita. Su hijo pide permiso para salir a jugar. Cuando regresan apoya a su pequeña en el trabajo que le faltaba y se dispone a hacer la cena, al tiempo que enciende el boiler y les dice a sus hijos que se metan a bañar.
Llega el señor y dice que quiere bañarse, ella comenta que apenas se baño la niña y que sigue el niño. Él le dice, que como es posible que no les haya dicho antes que se bañasen. Que él quiere cenar y descansar ya que mañana tiene que irse a trabajar temprano.
Para no crear conflicto, apura a los niños y le dice que ya está la cena lista....
Y así podemos seguir y nos daremos perfectamente cuenta de la desigualdad que existe entre los varones y las mujeres que trabajamos.
Que no nos sorprenda entonces que las mujeres no participemos activamente en otros ámbitos, tales como el económico, cultural, académico o político. Porque el factor es tiempo. Tiempo para el ejercicio de nuestra participación y descanso. Y el otro factor determinante, es el ingreso de las mujeres.
Hoy que hemos logrado avances sustanciales en materia de derechos de las mujeres; es oportuno reflexionar que se sigue privilegiando el ser mujer; como sinónimo de ser hija, madre, hermana, esposa, etc. Y no como un ente completo por el hecho de ser persona. Vale la pena reflexionar sobre los logros y avances que se tienen en materia de acceso de las mujeres a los ámbitos públicos, y el compromiso que se tiene con la historia de la lucha de las mujeres por alcanzar el pleno ejercicio de nuestros derechos políticos y sociales, ampliar el desempeño político-profesional, y con ello fortalecer nuestra identidad política y de género.
El sentir de las mujeres en este contexto es mirarnos como personas que aportamos, que contribuimos a la construcción diaria de este país, buscando ser vistas y reconocida. Con derechos inherentes. No importa desde que quehacer: siendo amas de casa, trabajadoras, estudiantes, empleadas. No importa en qué edad; niñas, adolescente, adultas, ancianas.
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