Víctor Manuel Tovar González
El Estado Laico y la Educación Laica ofrecen al mexicano la mejor he-rramienta para entender la realidad. Ser analíticos desde la infancia permite actualizar una perspectiva inteligente de los hechos a enfrentar y vencer.
Más de 800 iglesias evangélicas, mil cristianas, mil 600 académicos, asociaciones civiles e intelectuales están expresando su preocupación, porque la Iglesia Católica está presionando fuerte para desmantelar la educación laica en México. Exige impartir educación religiosa en las escuelas públicas.
La manifestación del 9 de febrero del año en curso en las afueras del Congreso de la Unión, no es una manifestación más. Esta LXI Legislatura y mayoría de senadores panistas (50) “trabajará” para aprobar en el segundo y último período ordinario de sesiones, la modificación del Artículo 24 constitucional para “redefinir” a petición del alto clero católico mexicano el significado de libertad religiosa.
La Iglesia Católica empezó construyendo un templo exa ctamente encima de cada pirámide ceremonial indígena existente después del triunfo de los conquistadores. Ahora quiere con mayor ahínco el poder transversal que le asegure privilegios, dominio, riqueza y sometimiento de gobernantes y gobernados. Esa institución ha demostrado que su ambición no tiene límites.
En 1988 Carlos Salinas de Gortari, para legitimar su gobierno, sentó en primera fila a los cardenales, reformó el Artículo 3° para retirar las prohibiciones de participación de religiosos en la educación, también el Artículo 130 para “adecuarlo” a las condiciones en que se desenvolvía la Iglesia en el entorno político y social. Ahora Felipe Calderón se propone reformar todo artículo de contrapeso y separación Estado-Iglesia. Juró gobernar para México no para el Vaticano ¿o sí?
La estructura mental de las naciones que prosperan, se sustenta en la cultura y la ciencia, no en la ignorancia, domesticación y catequesis que inhibe la facultad de razonar y discernir; porque inculca, desde la infancia, miedos irracionales; “el temor de Dios”, “la culpa”, que da dividendos a todo manipulador, la necesidad creada de implorar piedad; la soberbia de creer poseer, en exclusiva, la verdad absoluta.
En México la educación laica, entendida como el desarrollo de una actividad docente que prescinde de la instrucción religiosa, se fraguó en los comienzos del siglo XIX median-te la acción de la corriente liberal. Valentín Gómez Farías, José María Luis Mora, Ignacio Ramírez, Melchor Ocampo y Benito Juárez primero y Justo Sierra, Gabino Barreda y Manuel Baranda después, sentaron las bases de la separación entre la escuela y la iglesia: La libertad de enseñanza proclamada en la Constitución de l857 tuvo el sentido de romper con el monopolio que el clero ejercía en el territorio educativo para abrir paso al establecimiento de escuelas particulares laicas y a la inicial construcción de un sistema educativo público.
El debate sobre la educación laica en el Congreso Constituyente de l9l7 y en fechas posteriores estuvo marcado por la respuestas radicales a la beligerancia del Clero político y de las fuerzas más conservadoras que pretendieron incluso desconocer la recién promulgada Carta Magna. Los brotes de educación antirreligiosa que ello produjo pronto fueron sustituidos por posiciones alternativas que pugnaban por una educación socialista. Pero en l946 se llegó a la redacción de un texto constitucional (Art. 3o.) que mantuvo como eje de los contenidos educativos el resultado del conocimiento científico y la lucha contra la intolerancia y los fanatismos y que, además, definió a la educación pública como democrática y gratuita.
Uno de los tabúes más arraigados en el Sistema Educativo Mexicano es el de la laicidad y su aplicación en la educación, una cuestión que amerita detenerse un poco en su estudio y análisis, en muchos casos cuando se quiere tratar el tema, existe un serio temor a efectuarlo por el miedo de ser considerado como anticlerical sinónimo de antirreligioso y más cuando este análisis se efectúa en ciertos círculos sociales de nuestro estado o país.
La laicidad existe y es parte de nuestra vida cotidiana, modela nuestras instituciones y permea nuestras actitudes. Sin embargo, poco nos hemos ocupado en estudiarla y analizarla, en conocer sus características, sus alcances y sus límites. Hay quienes niegan su existencia o la constriñen a experiencias muy limitadas en el espacio y en el tiempo. Hay quienes la consideran un fenómeno puramente occidental o incluso francés. Hay quienes la practican, aunque no la identifiquen como tal. Las interpretaciones se multiplican, así como los estudios de caso, pero aun así se está lejos de una versión definitiva del fenómeno.
¿Qué es la laicidad? ¿México es un Estado laico? ¿Responde a las necesidades actuales de México la laicidad de la educación?
En México, como en otras partes del mundo, la secula-rización de la sociedad ha llevado a que la religión sea en gran parte un asunto que concierne a las conciencias individuales y por lo tanto a la esfera privada. Pero eso no impide que el aspecto religioso constituya un factor que está presente en muchos aspectos de la vida social y pública y que requiera de un análisis informado para su correcta evaluación, para el diseño de políticas públicas adecuadas y acordes con nuestra tradición social y política: si se observa con atención, de manera paralela a esta individualización de las conciencias, muchos aspectos de la vida nacional inevitablemente encuentran el factor religioso incidiendo en ella de alguna manera.
En este momento histórico se presenta de hecho un debate muy marcado entre quienes defienden el concepto de laicidad en la educación tan como es vigente en la actualidad, y los que quieren que se modifique; Ya sea no suprimiendo él termino laicidad pero respetando la libre profesión de conciencia religiosa y reconociéndola como tal o bien la supresión total del concepto de laicidad, es por eso que se necesita realizar un análisis más detenido de la laicidad, revisar los fundamentos de la misma y al mismo tiempo los pros y contras que esta tiene sobre el ciudadano común que es donde finalmente su aplicación se lleva a cabo.
En un Estado como el mexicano donde ocurren múltiples ideología y expresiones religiosas, algunas de ellas todavía con resabios de expresiones de culturas prehispánicas, se debe procurar que todas las religiones o formas religiosas puedan tener acceso a la libre expresión sin perjuicio de unas de otras, siempre y cuando estas mismas respeten junto con el gobierno que los ciudadanos tengan el derecho a la libre expresión y a poder practicar la religión de su conveniencia dentro de un marco de tolerancia y respeto por las leyes civiles que rigen a todos los habitantes de la República.
Podrá la laicidad responder a la pregunta: ¿Cómo es posible la existencia duradera de una sociedad justa y estable de ciudadanos libres e iguales que no dejan de estar profundamente divididos por doctrinas religiosas, filosóficas y morales razo-nables? Por lo tanto la laicidad no puede ser ni objetividad ni neutralidad pura, es respeto por el libre pensamiento, ideología y de conciencia de los individuos, lo que debe de dejar es el confundirse o ser sinónimo de negación de religión, esto ya no es una forma, además la educación debe de admitir la existencia de la religión y verla desde el punto de vista mas abierto, no es necesario negar la existencia de la misma, sino aprender a estudiarla y analizarla desde una perspectiva ética más amplia y con mayor criterio.
El estado laico costo torrentes de sangre al pueblo de México, dio fin a las pugnas entre hermanos que dominaron la primera mitad del siglo XIX, y permitió el respeto, la tolerancia y la libertad de creencias. Dio fin al dominio económico, político y militar de una confesión sobre el pueblo, La laicidad es respeto por las creaciones personales de los demás, las libres opciones de cada sujeto, la singular cosmovisión de cada uno y, más precisamente, por el derecho a generarlas sin coacciones. El tema de la laicidad es un tema muy caro a la educación en México, también hoy debemos luchar por posturas laicas en el campo educativo, única formula del despegar científico del país.
Pero recuerde Ud. Tiene la mejor opinión.
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