Leonel Serrato Sánchez
¡Vaya movimiento de vísceras que provocó en los no católicos de todo México la visita del Papa Benedicto XVI al Bajío de nuestro país!
Que si la visita tiene algún motivo político, como por ejemplo impulsar la reforma al artículo 24 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para obtener la llamada “Libertad Religiosa” que viene reclamando el Vaticano en todos los países...
Que si no fue a la Ciudad de México porque no se “lleva bien” con el Cardenal Primado de México, Norberto Rivera Carre-ra (a poco no se parece a Pavel Pardo)...
Que si fue en el Bajío para fortalecer al Partido Acción Nacional, no sea que vaya a perder la gubernatura de Guanajuato...
- Que si no recibió a las víctimas de la criminal conducta de Marcel Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, fue porque esa poderosa organización se opuso tajantemente...
- Que si los presidenciables fueron requeridos a hacer una suerte de besamanos...
- Que si lo trajeron para reconciliar al ex Presidente Vicente Fox con el abanderado de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador...
Bueno, digamos que el revuelo se hizo en grande, como si Enrique Peña Nieto hubiera olvidado otros tres libros o dicho alguna otra de sus peñanietadas.
Pero qué poco sabemos de historia, puesto que todos esos chismorreos se deben a que no valoramos en su justa dimensión lo que significa para la Iglesia Católica nuestro país.
Ni tampoco sabemos el elevado grado de complejidad que tienen las iglesias, no sólo la católica, sino cualesquiera otra, en donde la autoridad no es monárquica y unipersonal como se pudiera pensar, sino que está más o menos compartida para los efectos de su permanencia al paso del tiempo.
Llegar a pensar que la visita del Papa Benedicto XVI tiene algo que ver con nuestra elecciones (federales o locales) es una desmesura... a la Iglesia (milenaria) no le importa la banalidad de un gobierno de seis años; si atendemos a que también se trata de un Estado Soberano, ¿en qué le puede perjudicar al Vaticano que en México se elija a la derecha o a la izquierda? Somos harto soberbios los mexicanos pensando que le importamos tanto como un instante a la Iglesia Católica (nuestro instante) y que por volverse partidarios de un bando mexicano nos perderían para siempre.
Desde luego que no es así; el tiempo de las repúblicas, de los reinos y de los principados no es el de la Iglesia Católica Apostólica Romana... ¡ni de broma!
Ni siquiera en tiempos de la Gran República Liberal que presidió don Benito Juárez García la iglesia llegó a temer un divorcio con el poder público mexicano, o con los mexicanos en si mismos.
En realidad el boato se armó porque en el fondo los mexicanos nos sentimos huérfanos, y extrañamos como párvulos al beato Juan Pablo Segundo, y tenemos miedo de la violencia, del futuro y de nuestra capacidad para afrontarlo.
A muchos les parece que se ven como grandes intelectuales al criticar al catolicismo y al Papa, y pueden serlo, intelectuales de café, de muro ajeno de Facebook o de Twitter, que ni a TT llegan.
Otros piensan que parecerán informados y en onda al hablar mal de la persona del Papa, culpándolo de que Marcial Maciel fue un depredador sexual de menores, cuando los responsables y hacedores de ese vil sujeto fueron los políticos, empresarios, y pecadores que lo encumbraron; tras las denuncias el entonces Cardenal Ratzinger lo encontró culpable, y el entonces Papa Juan Pablo Segundo lo condenó a prisión sin oficio de por vida, al silencio y a la oración, quizás conservó in péctore la ex comunión para esa bestia michoacana.
Apunte final
Van dos presos, siguen otros... Justicia en las mulas de mi compadre, y en tiempos electorales.. No huele nada bien.
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