Domingo, 08 de Febrero de 2026
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DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 23 de Marzo al 29 de Marzo de 2012

Y ellas.... ¿Qué?

Y ellas.... ¿Qué?

Alejandro Zapata Perogordo



Democracia y República son como la mujer: principio y fin de todo. Las mujeres que amamos gobiernan nuestras vidas y con ese mismo afán deberíamos preciar esos conceptos que, en femenino, se llaman Democracia y República.

La mujer ha sido enclave fundamental en nuestras familias. Su sabiduría ha hilado el presente y futuro de sus hijos. Está siempre presente en nuestros actos y la hemos colocado siempre en el pedestal del mayor aprecio. Se le ama más que a la vida misma.

En ellas se encuentra solidaridad ante la desgracia, cobijo ante el desamparo y amor ante el desprecio. La mujer, como madre, esposa, hermana o amiga, por su naturaleza es una especie de alma protectora.

Sin embargo, todos los valores que la caracterizan, se olvidan cuando de política se trata y es entonces que de pronto, a ellas, a las que más queremos, pasan a ser simple objeto de uso convenenciero.

En nuestra sociedad, al paso de la historia, ha sido reducida a nada cuando así se ha querido y como ser humano con derechos iguales a los de los hombres, fue enclaustrada en el hogar e incluso se le consideró como un ser inferior.

El tiempo ha sido fiel testigo de sobresalientes casos, que por el solo hecho de esa condición se les redimía prácticamente a la esclavitud, así sucedió con aquella famosa mujer indígena: "la Malinche", entregada como regalo en varias ocasiones, algunas veces como simple cortesana, otras como esposa.

Esos acontecimientos nos parecen muy lejanos, pero aun persisten en la actualidad y cotidianamente encontramos sucesos vinculados con la cultura del "machismo". Más aun, hasta hace poco tiempo algunos Códigos Penales, permitían al hombre privar de la vida a su esposa si la encontraban siendo infiel, en el más puro y primitivo pensamiento.

Impera aun una realidad que degrada y sobaja a la mujer en todos los campos de la vida social, en el campo, en la fábrica, en la escuela, en la oficina, en la casa y en la política también.

Con todo y un pasado y presente adversos, la mujer ha sabido encontrar caminos de libertad e independencia para hacer valer sus ideas y su pensamiento. Siempre han encontrado los resquicios para hacerse sentir y ha logrado superar atávicos rezagos de una sociedad conservadora que antes negaba su valor.

La escritora Simone de Beauvoir, sostuvo la tesis, ahora consolidada y compartida de manera institucional, de las diferencias entre el hombre y la mujer, no solamente desde el la cuestión física sino también la manera de ver las cosas, de habilidades, de comportamiento, de pensamiento, concluyendo en la complementariedad entre ambos.

En esa tesitura, es obligado hacer todo un proceso de reflexión, pues si prácticamente lo que existe en el mundo ha sido planeado, creado y ejecutado casi exclusivamente por los hombres, ello nos conduce a aceptar que la visión varonil era parcial e incompleta, al faltar un elemento de integralidad que debe aportar el género femenino.

No obstante, nos ha costado trabajo comprender como hombres la necesaria inclusión en todos los aspectos de la vida, económica, social y política de la mujer. Ponemos trabas y objeciones al por mayor, a grado tal fue la resistencia, que no hubo más remedio y para abrir esos cauces se tuvo que reformar la ley y hacerlo obligatorio.

La mujer con años de lucha ha logrado que, por ejemplo, los partidos políticos de manera obligatoria incluyan a mujeres candidatas a cargos de elección popular, lograron convertir en políticas públicas los principios elementales de equidad y ante una competencia más abierta con los varones, se presentan nuevos escenarios de participación en igualdad de circunstancias.

Hay quienes siguen creyendo que son graciosas concesiones, pero no se trata de eso, sino de entender que la valía de la mujer es la misma que la del hombre en tanto que tienen los mismos derechos y obligaciones. No se trata de decir quién es mejor, sino de que no se antepongan las diferencias de género.

Hay que celebrar que la Democracia y la República cuenten ahora con una creciente participación de la mujer, puesto que ello, nos consolida como nación en donde las oportunidades son iguales para todos y todas.

Escuchar a quienes aun dicen que si es tiempo prudente para que una mujer gobierne al país es como escuchar ecos del pasado. Esa interrogante no tiene sentido alguno.

Por eso, como decía de inicio, Democracia y República se escriben en femenino, porque para los mexicanos, son principio y fin de todo, como la mujer.

Causa repulsa, el pensamiento resiente de un presidente que decía que las mujeres no son más que lavadoras de dos patas. Esa ofensa ha sido cobrada con creces a la luz de mujeres que han colaborado en la construcción de una democracia más incluyente y participativa.

Por las mujeres demócratas de nuestra república, felicidades.

 


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