Marcelo Ernesto Tovar Zanella
Quien no ha probado la sazón de Doña Libo Alvizú, definitivamente no conoce Valles; y es que su sazón en la cocina ha sido del gusto de chicos y grandes, de funcionarios y hasta reporteros que todos los días por la mañana se reúnen en el kiosco de la plaza principal.
Doña Libo, como le gusta que la llamen, tiene toda una vida dedicándose a la venta de comida pues proviene de una familia de comerciantes que siempre se han dedicado al gran trabajo de preparar los mejores guisos de la ciudad.
Con tacos playeros, gorditas y enchiladas, el kiosco se ha convertido en el centro obligado de reuniones matutinas, en donde cualquiera que entra es recibido con mucha amabilidad, pues para Doña Libo no hay anda mejor que recibir a sus clientes de la mejor manera y con el mejor de los tratos.
Su rutina comienza muy temprano desde las 4 de la mañana, hora en la cual despierta casi ya por costumbre, para venir al kiosco y preparar los alimentos puntualmente, pues sus clientes comienzan a llegar desde las 7 de la mañana.
El trabajo en el kiosco no es pesado, pues asegura que trabajar en familia facilita más las cosas, pues cada quien sabe cual es su función y como debe tratar a los clientes, los cuales Doña Libo trata como si también fueran de su propia familia.
En el kiosco comenzó junto con su hermana Doña Chayito Alvizú, quien también tiene toda una tradición en la comida. Durante la administración de Jorge Terán Juárez trabajó esporádicamente junto a su hermana pues en ese entonces tenia a su cargo la cooperativa del Cobach 24, lugar donde duro 5 años.
Al terminar su contrato en el colegio, tuvo la oportunidad de tomar las riendas del kiosco en la administración de Rómulo Garza Martínez con ayuda de su hermano Regino Alvizú y desde entonces a la fecha ha permanecido ahí.
La sazón de Doña Libo y el trato que da a sus clientes, la han hecho la predilecta de muchos; incluso aquellos jóvenes estudiantes que probaron su sazón cuando tenía a su cargo la cooperativa del Cobach, hoy que ya son todos unos profesionistas, continúan acudiendo al kiosco en busca de su sabor.
Aunque no todos los clientes son sencillos, pues le ha tocado tratar con algunos muy especiales, a los cuales les ha sabido buscar su lado noble.
Por su simpatía se ha ganado el corazón de muchos, por algo el kiosco es el lugar preferido de muchos políticos, quienes acuden con frecuencia a tomarse un café o hasta aprovechar para realizar sus ruedas de prensa, desde López Obrador, hasta los ex alcaldes Jorge Terán, Juan José Ortiz Azuara y Eligio Quintanilla.
Junto a ella trabajan Doña Chuy y Lena Alvizu, Jorge Alvizu, quienes de seguro la seguirán a donde vaya, pues Doña Libo no se ve en otro lado que no sea en la cocina. Inclusive si llegara el día en el que tuviera que dejar el kiosco, abriría su localito en otro lado para seguir atendiendo a sus clientes.
Doña Libo atiente a sus clientes por igual pero sabe que nadie como los “chicos y chicas de la prensa”, le dan tanta alegría, pues ella se siente muy contenta de poder recibirlos todos los días pues le dan muchas satisfacciones, al grado que cuando no están en el kiosco extraña su alegría.
Para Doña Libo cada día le genera un bonito recuerdo y mientras dios le preste vida seguirá ahí en su cocina dando su rica sazón.
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