Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 14 de Octubre al 20 de Octubre de 2011

La muerte de un santo laico

La muerte de un santo laico

Víctor Manuel Tovar González



Imposible seguir durante este jueves en Twitter los mensajes que han llevado la etiqueta #stevejobs. Tan deprisa los generaban los simpatizantes y fans alrededor de todo el mundo que ha resultado una labor de lectura casi irrealizable. Al día siguiente de su muerte, las expresiones de tristeza y admiración por el hombre que revolucionó la tecnología no paraban de sucederse. Por mucho que se intuyera debido a su frágil salud tras sufrir un cáncer de páncreas, la muerte de Steve Jobs, cofundador de Apple, ha impactado y movilizados a sus fanes. El mundo no ha rendido tributo a una estrella del rock. No a una figura religiosa suprema. No a un político carismático. El mundo ha conmemorado la vida de un empresario norteamericano con piel de genio.

La desaparición de este mundo de Steve Jobs ha tenido un tratamiento mediático que solo los grandes personajes de la historia merecen. Las incontables biografías que estos días no solo relatan su trayectoria profesional dejando traslucir que el cofundador de Apple fue el personaje clave del avance tecnológico en los últimos treinta años, sino también como sucede con cualesquier persona que fallese, se nos dice que fue un personaje de sin igual humanidad, noble, sencillo y con gran apego a los principales valores.

Una conclusión a la que ayuda ese tono de veneración que acompaña a los testimonios y las crónicas a raíz de su fallecimiento, y le convierten en una especie de santo laico a la espera de beatificación por los adictos a sus dispositivos.

Pese a esa agitación mediática, Jobs no inventó nada relevante en realidad. Ni diseñó el primer PC, ni el iPod fue el primer reproductor musical MP3, ni el iPhone fue el primer móvil con pantalla táctil. Empresas como IBM, Microsoft, Creative o HTC se le adelantaron. Pero ninguna de ellas tuvieron, ni de lejos, la visión del impulsor de Apple para conjuntar los distintos avances tecnológicos y empaquetarlos en carcasas mágicas, para crear máquinas fáciles e intuitivas de usar.

Tal vez uno de los logros más impresionantes de Jobs y sus socios de Apple se resuma en ser los primeros en desterrar los manuales de instrucciones de sus equipos. Ni lo traía el iPhone ni por supuesto el iPad. Puede parecer una anécdota pero el hecho de que cuando alguien abra la caja de su dispositivo no tenga que emplear horas en leer un mamotreto casi ininteligible supone un salto enorme en la popularización de la tecnología, artilugios electrónicos que cualesquier mortal aun no iniciado en las cábalas de la informática pudo usar.

La facilidad de uso ha ido siempre acompañada de un aliado que convierte en imbatibles a las máquinas mágicas de Apple: el diseño. Los gadget de la marca de la manzana fueron los primeros en colorearse, redondearse y hacerse atractivos a la vista y al tacto. Es lo que el experto en mercadotecnia Donald Norman, que fue vicepresidente de Tecnología Avanzada de Apple, llama “diseño emocional”.

No compramos un objeto solo por su utilidad o su fiabilidad técnica sino por su aspecto, por las sensaciones que suscita en nosotros, y la comunión estética con nuestra forma de pensar. Los adictos a Apple no van a cambiar jamás su iPhone o su iPad por un Samsung, un LG o un HTC por mucho que no pueda reproducir vídeos (formato flash), no tenga conexión USB o su precio sea muy elevado. El universo cerrado de Apple tiene esos inconvenientes. Si compras un aparato tienes que quedarte con el lote entero: hardware, software y aplicaciones. Sus incondicionales están dispuestos a pagar ese peaje a cambio de un aura de distinción de pose cool, como le llaman los chicos de hoy día.

Esa cerrazón no ha impedido a Apple romper moldes y revolucionar el universo tecnológico de la informática, el Mac demostró que los ordenadores podían también estar en el hogar y no solo en inmensas e inhóspitas oficinas. Tardó ocho años en dar con la fórmula, desde el Apple I, que parecía una máquina de escribir robotizada, hasta el Apple II, que adoptó la forma de un ordenador, y sirvió de fuente de ingresos, hasta llegar al primer Macintosh en 1984. El usuario, por fin, se liberaba de aprenderse un montón de comandos de memoria. Para actuar con su equipo bastaba hacer click en unos iconos y unas carpetas con un curioso invento: el ratón.

Con todo, el Mac siempre fue un ordenador minoritario. Sus fervorosos partidarios pertenecen a nichos de mercado como diseñadores gráficos, ejecutivos, académicos o publicistas que no paran de recordarles a los millones de usuarios de equipos que corrían con el sistema Windows, que el Mac no se cuelga ni se infecta de virus. La popularidad le llegaría a Apple de la mano del iPod. En 2001, se presentaba este reproductor de audio digital que desterraría para siempre el walkman del viejo casete, algo que otros fabricantes pioneros de reproductores como Creative no habían logrado. El iPod se haría diminuto (Nano) y luego táctil y con vídeo (Touch). Y aún hoy, cuando casi todos los dispositivos satelitales ofrecen todas sus prestaciones, se sigue vendiendo. Más de 150 millones.

Seis años después, Jobs provocaría el mismo terremoto en el portátil con el iPhone. No tenía cámara de vídeo, ni enviaba MMS, entre otras muchas carencias. Pero disponía de una pantalla táctil asombrosa. No era la primera que equipaba a una portátil. Pero ninguna tenía ese pellizco mágico con el que agrandar o disminuir las fotografías o las páginas web a voluntad. Nacían los teléfonos inteligentes (smartphone). Apple, que ya va por la quinta versión, ha vendido más de 120 millones desde 2007.

El último en llegar, pero no menos revolucionario, ha sido el iPad. Hacía tiempo que los fabricantes estaban pensando en una pantalla alternativa, ni tan grande como la del portátil ni tan pequeña como la del dispositivo satelital. Apple volvió a adelantarse. Puede que por ahora solo se utilice para leer el periódico en el baño o matar el tiempo en el aeropuerto. Pero ya se ha hecho imprescindible.

Jobs no fue un gran inventor, pero si el gran innovador, característica que distingue nuestro tiempo, todo lo que tocó lo hizo popular y vendible, gracias a sus macrotiendas digitales (iTunes y Apple Store). Su figura se asemeja a la de Edison, el inventor del fonógrafo y la bombilla, que no solo invento aparatos sino que fue capaz de diseñar una empresa, no solo creo instrumentos que mejoraron la vida, sino también empleo para millones de seres humanos a lo largo del planeta.

Ambos no fueron un genio científico como Einstein, que transformo la concepción del universo que tenemos, pero como ya dijimos, a ellos debemos el bienestar de miles de familias.

La sobrerreacción por su muerte, su imagen de sumo sacerdote de la tecnología pontificando sobre el pulpito de los cachivaches de Apple, han agrandado su figura. El tiempo dejará su memoria en su justo término.

Desde la Casa Blanca, el presidente Barack Obama volvía a recordar al Thomas Edison del siglo XXI. “No puede haber mayor homenaje al éxito de Steve que el hecho de que gran parte del mundo conoció su muerte en un dispositivo que él inventó”, Pero recuerde. Ud. Tiene el mejor obituario.

 


emsavalles© 2006 - 2026 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203 04-2022-080212185100-30.