Luis Bárcenas Torres
Los gobiernos y las autoridades educativas de prácticamente todos los países desarrollados y en desarrollo están seriamente preocupados: los niveles de indisciplina en la educación básica se han disparado. Un estudio realizado por la OCDE en 17 países europeos y otros seis del resto del mundo, entre ellos México y Brasil, sobre condiciones de trabajo de los profesores y ambiente educativo en las escuelas así lo revela.
Según la encuesta, España es el país europeo donde las interrupciones en clases, ausentismo, impuntualidad, robos, intimidación, agresiones y posesión de drogas o alcohol es más elevado en comparación con Islandia, Finlandia y Noruega donde es menos.
La encuesta aplicada a docentes de los 23 países antes mencionados revela que los peores alumnos son los de México, en donde los indicadores antes mencionados sobrepasan el 50%. Dice el estudio que los docentes de secundaria en este país consumen buena parte del tiempo de clases tratando de imponer el orden y controlar la clase.
Recientemente veía en un reportaje el calvario de un profesor sustituto en una escuela sueca de educación media. El salón era un desbarajuste completo, el profesor no consigue que los alumnos se callen, nadie atiende sus indicaciones, se lanzan todo tipo de proyectiles, corren por doquier . El desorden es generalizado y pareciera que la amenaza de expulsión no surtiera efecto. “Nunca había dado una clase así, dice el docente, la situación es realmente problemática. La indisciplina en algunos cursos es enorme”.
Pero si la desatención en la clase y la desobediencia al maestro son el pan nuestro de cada día lo que ahora preocupa más son las manifestaciones vandálicas, de rebeldía y agresión verbal y física por jovencitos de nuevo ingreso a secundaria. El graffiteo de paredes y mesabancos, el uso del celular para grabar obscenidades en aulas y baños y la integración de bandas o pandillas para extorsionar a compañeros de clase, han encendido las luces rojas en los sistemas educativos.
Recientemente en Argentina los chicos de una escuela rosarina destruyeron los pupitres de sus aulas lanzándolos contra las paredes, rayaron las paredes del edificio escolar y rompieron los cristales de las ventanas. Los muchachos jamás pretendieron que el acto vandálico pasara desapercibido, se grabaron con sus celulares y luego subieron las imágenes a Youtube para que todos se enteraran. Los vándalos jamás negaron la culpabilidad, pero a pesar de que este tipo de manifestaciones es sancionado por el reglamento escolar, ni la Directora ni los funcionarios educativos se atrevieron a castigar la acción argumentando una serie de atenuantes.
En Latinoamérica y España cada vez son más frecuentes y preocupantes estas expresiones y los directivos escolares parecen no encontrar la manera de controlar el comportamiento antisocial de los adolescentes. En México “el bullying” se empieza a volver cotidiano y son las periferias de las escuelas los escenarios donde jovencitos y jovencitas se enfrascan en riñas concertadas que luego suben a Youtube.
Las escuelas de la periferia de San Luis Potosi representan un factor de riesgo para los docentes a quienes cuando menos les vandalizan sus automóviles. Hace cuestión de dos años el director de una escuela secundaria de Tamazunchale suspendió a todo un grupo por indisciplina.
¿Pero qué está sucediendo?, ¿A qué se deben estas conductas? La violencia es un fenómeno que excede los centros escolares. ¿De qué otra manera podrían ser, si estos jóvenes que se han desarrollado en ambientes de violencia? La violencia la tenemos presente en todas partes. Violencia en el hogar, en la colonia, en la política, en la televisión, en los periódicos, en los videojuegos, etc. Entonces, la violencia escolar no es más que un reflejo de la realidad cotidiana.
En opinión del sociólogo argentino Amando de Miguel, urge recuperar el concepto de disciplina porque hay una generación de jóvenes a quienes se ha transmitido una idea nefasta: la que estudiar no cuesta esfuerzo. Y en referencia a los muchachos rosarinos Gustavo F. Iaies dice: “Hubo responsabilidades adultas que no se cumplieron, los chicos cometieron una falta, y las autoridades otra por no aplicar la norma que sanciona la infracción.
Una de las funciones de la escuela es precisamente formar alumnos para vivir en sociedad. A los adultos nos está costando mucho asumir nuestro papel frente a las reglas y el orden y optamos por una segunda y una tercera oportunidades. Los muchachos se han dado cuenta que los padres y los maestros dudan a la hora de aplicar medidas correctivas y ya nos tomaron la medida.
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