Marcelo Ernesto Tovar Zanella
Como parte de la celebración del Día Internacional del Museo, desde el pasado 18 de mayo el Museo Tamuantzan presenta una colección de máscaras de diablo, una colección sin igual y muy mágica que encierra años de tradición y cultura de los Diablos de Semana Santa en Tancanhuitz, San Luis Potosí.
Esta tradición ancestral practicada por muchos de los pobladores tiene su mayor expresión en la Semana Mayor, se trata de personas disfrazadas de demonios que durante los “Días Santos” salen a las calles a distraer y alegrar a los asistentes, a quienes persiguen con un gran látigo o chirrión de ixtle.
Las máscaras son desarrolladas de una manera artesanal con madera de pemoche o de jonote e incluso hueso tallado al que se le da una forma humanoide de diablo. Se le integran cuernos de res y orejas, se colorean con pinturas vistosas de aceite; al final le dan una representación al mal.
María del Carmen Hernández, cronista del municipio de Tancanhuitz señala que se trata de una mezcla de lo indígena con lo cristiano, pues es una tradición cuya fecha exacta de inicio desconoce, pero que representa el mal que asegura, existe en todos los hombres y mujeres.
La cronista cuenta que para poder participar en la tradición, se debía pedir permiso y la bendición del Cura de los Diablos un año antes de su participación. Uno de estos curas más recordados fue don Simón Mata Zapuche que en 1936 tuvo la encomienda de bendecir con un hisopo elaborado de un limón agrio, a todos los futuros diablos del siguiente año.
El contingente de diablos, también conocidos como “judas”, anunciaba su llegada por la calle principal con el sonido de un cuerno, aquella procesión endiablada avanzaba bailando.
Al frente del contingente un diablo tocaba el tambor, según cuenta la cronista debía tener buen ritmo y ser una persona de “alcurnia” para poder hacerlo. Su trayecto continuaba entre música de cascabeles y chinchines hasta la curva del Panteón Municipal y hasta regresar a la plaza principal.
Sobre un burro paseaban al judas mayor, el cual acompañaba a todo el contingente. Esta figura echa de diversos materiales y que también incluía una de estas maravillosas mascaras era colgado a manera de piñata y quemado.
Al finalizar este ritual, todos los asistentes acudían a la casa de Don Irene Nava Zapuche en donde recibían una gran comilona como agradecimiento por participar en las fiestas cuaresmales Tradicionales.
María del Carmen Hernández cuenta que había un dicho “ese huehue no se conoce”, pues nadie sabía quienes estaban detrás de las artesanales máscaras, pues se cambiaban en lugares done la gente del pueblo no los veía y de es amanera se guardaba el misticismo de la identidad de los huehues o diablos.
Más de 30 máscaras de diablos de 1936 a 2011 están en exposición en el lobby del Museo Tamuantzan, para el disfrute de los interesados en conocer un poco más de las tradiciones de la Huasteca Potosina.
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