Fernando Pérez Espinosa
En días pasados un grupo de ex integrantes del PRD y del PAN, molestos por las decisiones que han tomado las cúpulas de ambos institutos políticos a nivel nacional y local, decidieron separarse de estos partidos y sumarse a los trabajos del Partido Revolucionario Institucional.
Este hecho motivó airadas reacciones por parte de las dirigencias, y otros actores de ambos partidos. Las críticas y las descalificaciones tanto al PRI como a estos ciudadanos no se hicieron esperar.
Pese a ser un partido que no tiene presencia destacada en el estado, poco le importó al PRD esta reacción de sus ex militantes. El PAN por su parte pretendió minimizar el hecho revelando la cantidad de miembros que tiene registrados en su padrón: con estas reacciones lo que queda demostrado es que ambos institutos políticos, le restaron importancia a un grupo de personas que decidió libremente separarse de sus filas, considerándolos simples desertores, sin tomar en cuenta la legitimidad de sus motivos.
En los últimos procesos electorales en nuestro país, se ha dado un esquema similar: en muchas de las entidades en las que ha habido comicios recientemente ha sido notoria la falta de candidatos en ambos partidos. La solución les ha parecido muy fácil: PAN y PRD hacen a un lado sus principios y se alían, con el único fin de derrotar al PRI, con el único fin de llegar al poder.
Como no tienen candidatos, esperan al priísta que en la selección interna de nuestro partido, queda en segundo lugar y le ofrecen postularlo bajo las siglas PAN-PRD.
Los resultados electorales de estos movimientos ya los conocemos, lo que hay que analizar es el desempeño de los gobiernos emanados de dichas alianzas.
En Oaxaca la opinión general es que en lugar de un gobierno de coalición lo que ha instaurado Gabino Cue es un gobierno de cuotas partidistas, en la que lo último que se ha tomado en cuenta a la hora de elegir a los funcionarios del gabinete es su capacidad y en lugar de eso se ha privilegiado el cumplimiento de compromisos hechos tras bambalinas por ambos partidos. El resultado es el descontento de la ciudadanía que además es la que paga los platos rotos.
La misma percepción se tiene de Sinaloa, donde Mario López Valdés, había prometido un gabinete sin cuotas y sin cuates, y sucedió todo lo contrario.
En el PRI potosino, el hecho de que un grupo de ciudadanos que militaba en otros partidos se haya sumado a nuestras filas, significa, Uno: que quieren aportar su trabajo y no obtener candidaturas, puesto que nuestros propios estatutos son muy claros, y si algo respetamos en el PRI son nuestros principios.
Y Dos: que recuperamos la confianza de la ciudadanía, mientras que el PAN y el PRD pierden incluso la de sus propios miembros.
No cabe duda que así como la ciudadanía castiga o premia con su voto los hierros y aciertos de un partido en el gobierno, la militancia también puede sancionar o recompensar el trabajo de sus dirigentes o cuestionar su legitimidad.
En el PRI somos y seguiremos siendo un partido incluyente, nuestro reto rumbo al 2012 es sumar voluntades. Nuestros cuadros y nuestra militancia son una prueba fehaciente que unidos no habrá quien nos gane, aún así sea una alianza entre el PAN y el PRD.
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