Alejandro Zapata Perogordo
Sócrates: sólo sabemos, que no sabes nada.
Las últimas declaraciones de quien fuera gobernador del estado de Nuevo León en los años de 1991 a 1996, Sócrates Rizzo, no dejan de asombrarnos, y hasta dan escalofríos. Fue precisamente en esos años cuando se comienza a observar un crecimiento de la delincuencia organizada, que dio pauta para llevar a cabo reformas constitucionales en la materia y después en normatividad secundaria, como fue la Ley Contra la Delincuencia Organizada así como la Ley que Establece las Bases de Coordinación en Materia de Seguridad Pública, que crea el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en tanto que debíamos ir avanzando en ese combate.
Por esa razón nos causa una gran sorpresa las afirmaciones que hizo ante un grupo de estudiantes en la ciudad de Saltillo, en el sentido que los presidentes de la República pactaban con la Delincuencia Organizada para facilitar las rutas del narcotráfico, es, por decir lo menos una confesión atroz. Más aún, señalar que precisamente por ese motivo se mantenía la tranquilidad, cuando en la década de los noventas, según cifras de INEGI había un promedio anual de homicidios superior a las 15,000 personas, esto nos conduce a percibir un doble discurso, por una parte la deshonestidad y por la otra, la complicidad.
Esta aseveración tiene varias lecturas; la primera puede ser atribuida a una persona senil, con gran imaginación y poca coherencia, ¿será eso?. y la otra Otra, es impulsar la idea de que el PRI tiene la capacidad para pactar con la Delincuencia Organizada y con ello, dar tranquilidad al país. Esta tesis ha sido impulsada desde diferentes ámbitos.
También quería recordar “ las bondades” del sistema presidencialista, mediante el cual TODO el poder se concentraba en una sola persona a tal grado que podía hacer lo que quisiera, inclusive con decisiones de Estado, enviar drogas a los Estados Unidos. Seguramente añora los privilegios de ese régimen elitista y autoritario.
En el fondo, acepta que los más altos funcionarios del país, en aras de mantener una supuesta tranquilidad, pactaban con los delincuentes. Es decir, Mexico no era un país de leyes, menos de certidumbre y si de complicidades, de corrupción, de engaños y sin valores.
Seguramente, la intención del exgobernador en introducir la idea de que el sistema anterior, con toda su represión, autoritarismo, prepotencia, corrupción y demás calificativos, es mejor que el impulso a un país donde se respeten las leyes, donde haya pluralidad, libertad de expresión y un esfuerzo para crear instituciones con una visión de largo alcance.
Tal parece que se encuentra bajo un esquema de satisfacción e incluso de complacencia de que exista un clima de violencia. Su confesión acarrea un tufo de asquerosa complicidad, de establecimiento y reconocimiento de un régimen dictatorial, bajo reglas de lealtad personal sin mayor compromiso que el sostenimiento del poder a costa de lo que fuera. Ese ha sido el peor de los antecedentes, gente sin escrúpulos, sin principios, ávidas de poder, de dinero y sin ningún aprecio por su país y menos por su gente.
Por el contrario, sería mezquino pactar con los criminales, veo resistencias de quienes gobiernan para impulsar un verdadero estado de derecho, regatean la coordinación con la federación, prefieren esconder la cara y distribuir culpas que tomar la responsabilidad propia, han dejado que sus policías sigan en la corrupción y se alejan del compromiso ciudadano, seguramente tienen en su mente la añoranza de la socratización, es decir, siguen viviendo y pensando en Alicia y el país de las maravillas.
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