Alejandro Zapata Perogordo
Mal inicia la semana para aquel que ahorcan en lunes (refrán popular). Tal parece ser el sentimiento que a algunos actores políticos les deja la experiencia guerrerense, al verse derrotados en la primera contienda electoral del año. En contraste, otros se pavonean cual pavos reales y aparecen de multicolores ante los reflectores.
La primera elección del año, algunos la consideran el preámbulo de la presidencial. Sin embargo, cabría cuestionarnos, ¿qué nos deja?, ¿cuál es la experiencia?, ¿será en realidad el preludio de la elección de 2012? Una cuestión es cierta, no se trató simplemente de un proceso electoral local, tuvo trascendencia al ámbito nacional y precisamente por esa razón fue que en esa entidad observamos la operación de todos los partidos políticos nacionales y liderazgos con aspiraciones presidenciales. En conclusión, diríamos que fue un frente de batalla, una posición de estrategia política y la medición de fuerzas.
Después de la jornada, cuando se comienzan a ver los números, puede también (es válido) darse el pataleo, como el anuncio de las impugnaciones. Pero que nadie se declare inocente, puro o ajeno a la parte sucia de las elecciones, fueron evidentes el reparto de despensas, las intervenciones telefónicas, los narcorrumores, etcétera, la apuesta estaba hecha: ganar a toda costa.
La importancia que reviste una entidad como Guerrero en un proceso presidencial, estriba especial y particularmente en el número de electores que tiene, que no es para desdeñar, y si bien, cada partido cuenta con sus simpatizantes y su voto duro, tampoco es ajeno el que los gobernadores tienen su margen de maniobra, por eso resultaba apetitoso obtener ya fuera para el PRI o el PRD esa posición, pues el PAN no pintaba.
La posición del PAN era la de mayor complejidad, ya que no tenía posibilidad alguna de ganar, estaba fuera de la competencia, sin estructura, sin recursos y la precaria campaña sólo era testimonial. La polarización estaba centrada entre Manuel Añorve del PRI y Ángel Aguirre por el PRD, en una contienda que se antojaba cerrada. En esas condiciones, Marcos Parra salía sobrando, nada tenía por hacer, estaba consciente de que ambos candidatos buscarían (seguramente con éxito), la propuesta del voto útil entre sus simpatizantes. Se aventó una jugada que le pegó, simplemente se adelantó a lo que se veía venir.
Aquí había una disyuntiva, seguir con la campaña y afrontar un verdadero ridículo o definirse de entre ambos. Apoyar al PRI, era prácticamente impensable, por el sentimiento que permea de que su posible regreso a Los Pinos significa la imposición (nuevamente), del sistema presidencialista, del partido hegemónico y del régimen autoritario. Por lo tanto, inclinarse en esa opción significa impulsar y fortalecer un proyecto al que se combatió. En cambio, sí existe una coincidencia precisamente en ese rubro con la izquierda moderada, y si se obtenía el triunfo (como ocurrió), se amplían las posibilidades para evitar la utilización de recursos públicos a favor del PRI en la campaña presidencial y además buscar neutralizar la entidad.
Cabe, como añadido, resaltar y evidenciar la necesidad de una segunda vuelta electoral, pues bajo el supuesto de que hubiesen quedado con empate técnico (lo que todo parecía indicar), la fuerza minoritaria tenía que pronunciarse entre alguno de ellos. Todos sabemos que ese supuesto no era posible, al no existir esa figura en nuestros códigos, en consecuencia, simplemente lo hizo con antelación. Aunque reconocemos, con pérdida de identidad.
La cuestión no se constriñe únicamente a una campaña electoral, llena de estrategias político-electorales. La crítica que resulta obvia consiste en la carencia de debate de ideas, pues simplemente la confrontación estuvo basada en la fuerza de cada contendiente o grupo, su capacidad de movilización o la búsqueda de articular el voto corporativo, pero en el fondo nada que valga la pena.
En ese sentido no se aportó absolutamente nada al ámbito nacional, la pobreza de las propuestas fue evidente, el discurso basado en promesas imposibles de cumplir tenía bases demagógicas, me atrevo a pensar que eran directrices surgidas de asesores encargados de promover productos comerciales más que de mover las conciencias. Aun así, debo reconocer que hubo la motivación suficiente para una buena participación de la ciudadanía.
Por otra parte, ante los ojos de la nación la lectura que se obtiene es la inexistencia de una clara definición rumbo a 2012. Esa parte (sin duda), puede ser un factor para el desarrollo cívico y democrático del país. Las campañas no deben ser solamente para llevar votos a las urnas, sino también incidir en la generación de propuestas, en el intercambio de las ideas, en el impulso de nuevos liderazgos, en el escuchar a los ciudadanos y ser sensibles con sus necesidades y exigencias, en establecer de manera abierta, transparente y honesta compromisos con la sociedad, el ser solidarios, congruentes y demócratas.
Pero, en fin, ya iniciamos el año electoral, felicidades al pueblo de Guerrero y a quienes obtuvieron el triunfo les deseo sabiduría.
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