Fernando Pérez Espinosa
Hn país atenazado por la violencia del crimen organizado; seis millones más de pobres; un bajísimo nivel de crecimiento económico; más y más altos impuestos: esos y otros lastres constituyen la aportación del Partido Acción Nacional, a diez años de haber asumido la presidencia de la república.
En días pasados, el PAN celebró una década de ejercicio en el gobierno de nuestro país. Y tal parece que lo único que pueden festejar es precisamente haber obtenido el triunfo en las urnas en el 2000, porque en lo que a su desempeño se refiere, las suyas han sido administraciones cargadas de yerros e improvisaciones, cuyas consecuencias han pagado, como es evidente, los mexicanos de pie.
El gobierno del PAN, representa para México, una década perdida. Para nuestro país, en las circunstancias actuales y tomando en cuenta el contexto internacional, seis años de parálisis durante el gobierno de Vicente Fox, y cuatro años de un país cada vez más convulsionado por el embate de la delincuencia, en el actual régimen de Felipe Calderón, significan un retroceso.
Si bien es cierto que la crisis mundial ha sido un factor determinante en las dificultades que hoy en día enfrenta el país, también lo es el hecho de que el gobierno federal que encabeza Felipe Calderón no fue capaz de aminorar el impacto de la misma en la economía nacional.
Para nadie es equivocado, señalar que a diez años de asumir el gobierno de la república, el Partido Acción Nacional no ha sabido ejercer el poder en beneficio de los mexicanos. Los gobernantes panistas, antes de incorporar a los mejores perfiles han preferido el amiguismo.
Basta recordar la irresponsabilidad del ex secretario de Hacienda, Agustín Carstens, al minimizar el impacto de la crisis en México, afirmando que para nuestro país sólo sería un catarrito. Está de más decir que terminó siendo una neumonía, y que tanto el diagnóstico como el remedio, fueron equivocados y de consecuencias funestas para la mayoría de los mexicanos.
Mientras que Ernesto Zedillo cerró su último año de gobierno con un crecimiento del 7% en el Producto Interno Bruto, durante los últimos diez años, el crecimiento anual promedio del PIB ha sido de 1.2%.
En la celebración, de los diez años del PAN en la presidencia de la República, el Presidente Felipe Calderón, afirmó entre otras cosas que en 10 años se ha triplicado la ayuda a familias pobres. Lo que no dijo, es que si han crecido los apoyos, también ha crecido la pobreza.
Según el último informe de la Comisión Económica para América Latina, (CEPAL) la pobreza en México creció con respecto al 2006, sus estudios revelaron que el nivel de pobreza en el país se ubicó en 34.8% en el 2008, cifra que contrastó con el 31.7% publicado en el 2006.
Sostuvo, el presidente, que en 10 años se ha triplicado el presupuesto federal para los 10 millones de indígenas mexicanos, lo que no dijo es que para el 2011 su propuesta era reducirlo.
Aseguró que la violencia que asuela al país es responsabilidad exclusiva de los grupos del crimen organizado, negando con ello que la irresponsabilidad con la que se inició el combate, la falta de un diagnóstico preciso de la situación y la ausencia de una estrategia adecuada han maximizado esta espiral de criminalidad que ya tiene en su haber más de 30 mil víctimas.
Olvida también en este punto, los daños colaterales: pasa por alto todas las vidas inocentes por esta guerra cuya motivación de origen no fue más que usarlo como una bandera política, y como forma de legitimación de su gobierno.
Queda muy claro que quien asuma la presidencia de la república en 2012, tendrá la difícil responsabilidad de garantizar y mantener la paz en todo el territorio nacional.
Por lo pronto, es evidente que en el Partido Acción Nacional, antes que pensar en como hacer para responder a esta exigencia, están más preocupados por hacer visible su desesperación por continuar en el poder.
Si cuando asumieron el gobierno se olvidaron de sus principios, ahora los pisotean haciendo alianzas con el PRD, alianzas que al igual que los partidos que las firman, no sustentan ningún proyecto de nación, sino que sólo buscan la permanencia en el poder.
Han olvidado que la exigencia que hoy enfrentamos los partidos políticos, como instituciones en las que recae la responsabilidad del rumbo del país, es recuperar mediante el trabajo honesto la confianza en nuestros hombres y en nuestras instituciones.
Han olvidado que a final de cuentas son los ciudadanos los que tienen la última palabra.
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