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Galindo: El Gran Farsante Potosino

Galindo: El Gran Farsante Potosino

Emsavalles| San Luis Potosí, S.L.P.| Jueves, 12 de Marzo de 2026| 09:36


  • En el surrealismo político de San Luis Potosí, Enrique Galindo Ceballos ha decidido que si la realidad no le ajusta para sus sueños de grandeza, siempre puede recurrir al Photoshop. Su más reciente "hazaña" no fue una política pública, sino un burdo montaje digital donde finge una cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum que solo existe en su pantalla. Con una torpeza técnica digna de un principiante, el alcalde alteró una foto de abril de 2023 tomada en Denver para simular un espaldarazo actual: cambió corbatas (de cuadros a rayas), borró sus propios lentes, eliminó gafetes oficiales y hasta "añadió" digitalmente la mano de la mandataria sobre su hombro. El peritaje visual es lapidario: el uso de desenfoque artificial para ocultar a los asistentes y la persistencia del cordón del gafete de Sheinbaum delatan una manipulación que raya en lo patológico. Es la metáfora perfecta de su gestión: una escenografía de cartón piedra que intenta ocultar un vacío político abismal.

    Pero el retoque fotográfico es el menor de sus pecados de simulación. Galindo ha construido una narrativa de "superpolicía" digna de una serie de televisión de bajo presupuesto, que ni los hermanos Almada, el ex mando policiaco se adjudica la captura de capos como "El Chapo" Guzmán y "La Tuta". Sin embargo, el castillo de naipes se derrumbó cuando figuras como Mike Vigil, exjefe de operaciones de la DEA, salieron a desmentir tales fantasías en espacios como Emsavalles Radio. Al "Gran Farsante" se le olvida que la memoria internacional no se borra con un filtro de Instagram, y que su paso por la Policía Federal dejó rastros que ningún editor de imágenes puede limpiar. La mentira sobre las capturas no es solo un exceso de ego; es una distorsión institucional que pone en duda cada cifra de seguridad que emite su actual administración capitalina.

    El pasado del alcalde no es solo una colección de embustes, sino una estela de sombras que se extienden hasta Michoacán y Oaxaca, con implicaciones legales que aún podrían alcanzarlo. Mientras él presume medallas inexistentes, el historial de su gestión como Comisionado de la Policía Federal está manchado por los episodios más negros de la historia reciente: las masacres y ejecuciones extrajudiciales en Tanhuato y Apatzingán, el desalojo violento de Nochixtlán y la sombra perpetua de Ayotzinapa. Bajo el amparo de Osorio Chong y el peñanietismo más rancio, Galindo no fue el héroe que nos cuenta, sino el operador de una era de plomo. Jurídicamente, la omisión y el mando en eventos de violaciones sistemáticas a los derechos humanos son manchas que no prescriben con boletines de prensa ni con sonrisas ensayadas.

    Existe un nerviosismo latente en la oficina principal de la capital potosina; dicen que Galindo tiembla cada vez que se menciona la extradición de Servando Gómez "La Tuta", con quien se le vincula en capítulos de inteligencia que aún esperan ver la luz. Informes de la DEA y documentos de inteligencia señalan que el crecimiento exponencial del Cártel Jalisco ocurrió precisamente bajo la sombra del hidalguense Osorio Chong y la supervisión de Galindo en la Federal. No es de extrañar que el alcalde prefiera perderse en ediciones digitales: la realidad de los archivos judiciales y las conexiones con el crimen organizado durante el sexenio priista son mucho más aterradoras que una foto mal editada.

    Lo más fascinante —y aterrador— de este circo es el coro de "focas aplaudidoras" que rodea al alcalde. A pesar de las evidencias del montaje, del desprecio evidente de la federación y del desmentido de agencias internacionales, sus jilgueros insisten en ungirlo como el "gobernador que San Luis espera". Es un ecosistema de autoengaño donde la mentira se premia y la adulación es la única moneda de cambio. Si Galindo es capaz de falsear una imagen oficial para proyectar un logro inexistente, ¿qué más se estará "maquillando" en las cuentas públicas y en los contratos de la capital? La comunicación institucional se ha convertido en una fábrica de fantasías para consumo de una clientela política que prefiere el aplauso ciego a la rendición de cuentas.

    San Luis Potosí no necesita un editor de fotografías, necesita un gobernante con las manos limpias. La comunicación de Galindo, basada en la cosmética y la mitomanía, ha quedado al desnudo: es un gigante con pies de barro y manos de Photoshop. Mientras él sigue soñando con la gubernatura desde su realidad virtual, los potosinos quedan atrapados en una ciudad que padece los problemas reales que no se pueden solucionar con un filtro de desenfoque. Al final, por más que le cambie el color a la corbata o borre los lentes de su fracaso, el "Gran Farsante" queda expuesto ante el implacable flash de la verdad.

     


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