Martes, 31 de Marzo de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 28 de Marzo al 03 de Abril de 2026

La normalización de la mediocridad

La normalización de la mediocridad



La educación no puede reducirse a la lógica de "todos pasan".

Hay decisiones públicas que, bajo el disfraz de inclusión, esconden una peligrosa renuncia a la exigencia. La reciente modificación en el acceso a la educación media superior —eliminando los exámenes de admisión y asignando lugares por cercanía— plantea más preguntas que soluciones. En apariencia, se trata de garantizar el derecho a la educación; en el fondo, parece una política que evita enfrentar el problema real: la falta de capacidad, planeación e infraestructura.

El discurso suena bien, pero la realidad es otra. Las zonas metropolitanas concentran la mayor demanda educativa, y pretender que todos los estudiantes ingresen a las escuelas más cercanas sin criterios de selección ni ampliación de espacios es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, irresponsable.

El acceso sin exigencia no construye oportunidades, las diluye. Y cuando el sistema deja de premiar el esfuerzo, el mensaje es claro: no es necesario prepararse, basta con estar. Esa narrativa, sostenida en el tiempo, termina por erosionar la cultura del mérito y la disciplina.

EL RIESGO DE UNA GENERACIÓN SIN INCENTIVOS
Más allá del debate técnico, el impacto social es profundo. Un sistema educativo que no exige, que no evalúa y que no impulsa la superación, corre el riesgo de formar generaciones con expectativas limitadas. Jóvenes que, lejos de aspirar a competir en un entorno global, terminan atrapados en una lógica de conformismo.

El problema no es solo educativo, es estructural. Cuando se debilitan los incentivos para el desarrollo personal, se abre un vacío que otras dinámicas —muchas veces negativas— pueden ocupar. La falta de oportunidades reales, combinada con la ausencia de exigencia, genera un caldo de cultivo que puede derivar en fenómenos sociales complejos.

No se trata de excluir, sino de elevar el estándar. La inclusión verdadera no elimina la competencia, la equilibra. No cancela la evaluación, la fortalece.

DESGOBIERNO Y LUCHAS INTERNAS
Este episodio educativo no ocurre en el vacío. Forma parte de un contexto político más amplio, marcado por tensiones internas, falta de coordinación y una evidente disputa por el control del poder.

La narrativa de un gobierno cohesionado contrasta con los hechos: decisiones que parecen desarticuladas, actores políticos que juegan agendas propias y alianzas que se reconfiguran en función de intereses coyunturales.

El llamado "plan B" y las posturas encontradas entre fuerzas políticas evidencian una falta de dirección clara. Mientras algunos actores buscan construir alianzas anticipadas, otros operan desde la ambigüedad, dejando ver que el tablero político está lejos de estabilizarse.

En ese escenario, figuras emergentes y partidos satélite comienzan a ocupar espacios estratégicos. El reacomodo no es casual: responde a la ausencia de operadores sólidos y a un vacío de liderazgo efectivo en ciertos niveles de decisión.

UNA PRESIDENTA BAJO PRESIÓN
En medio de este entorno, la figura presidencial enfrenta un escenario complejo. No solo debe lidiar con retos estructurales como la seguridad, la economía y las relaciones internacionales —incluyendo revisiones comerciales clave—, sino también con las tensiones generadas desde su propio entorno político.

Cuando los aliados generan más problemas que soluciones, el margen de maniobra se reduce. La gobernabilidad no solo depende de la oposición, sino de la capacidad de ordenar la casa propia.

El riesgo es claro: un gobierno que se desgasta en conflictos internos pierde tiempo, capital político y capacidad de respuesta ante los problemas urgentes del país.

EL PAÍS QUE ARDE
Como si el contexto político no fuera suficiente, la realidad también se impone desde el territorio. Los incendios forestales en distintas regiones, particularmente en la zona media de San Luis Potosí, evidencian otra debilidad estructural: la falta de prevención.

Las imágenes de la sierra devastada no son solo postales de desastre, son el reflejo de una política reactiva. Se actúa cuando el problema ya está fuera de control, cuando el daño es irreversible.

Aquí también hay responsabilidades compartidas. La falta de conciencia social, prácticas inadecuadas en el campo y la insuficiencia de estrategias institucionales convergen en un resultado devastador. El reconocimiento a los brigadistas es necesario, pero no suficiente. No se puede seguir dependiendo del heroísmo para compensar la ausencia de planeación.

UN PAÍS ENTRE DECISIONES Y CONSECUENCIAS
México atraviesa un momento donde las decisiones públicas tienen efectos inmediatos y profundos. La combinación de políticas educativas cuestionables, tensiones políticas internas y crisis ambientales dibuja un panorama complejo.

No se trata de caer en el pesimismo, sino de reconocer que el rumbo importa. Las políticas públicas no pueden construirse desde la improvisación ni desde la lógica del aplauso fácil.

El país necesita claridad, dirección y, sobre todo, responsabilidad. Porque cuando se normaliza la mediocridad, se debilita la estructura misma de la sociedad.

Y cuando eso ocurre, las consecuencias no tardan en aparecer.

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