Héctor de Luna Espinosa
En la primera carta de Juan, capítulo uno, versículo 5, dice que Dios es luz. La luz es una metáfora común en la Biblia. El hecho de que Dios es luz establece un contraste natural con la oscuridad.
Luego, en el versículo 6, dice que si decimos que tenemos comunión con él y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. Una vez más, el verso 5 dice: Dios es luz y no hay ningunas tinieblas en él. Noten que no se nos dice que Dios es una luz, sino que él es la luz. La luz es parte de su esencia, como lo es el amor.
Dios es luz y también lo es su hijo. Jesús dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». Dios es luz y su plan es que los creyentes hagan resplandecer su luz, llegando a ser más como Cristo cada día.
Primera de Tesalonicenses 5:5 nos dice: «Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas».
Dios es el creador de la luz física, así como el dador de la luz espiritual, por medio de la cual podemos ver la verdad. La luz expone lo que se oculta en la oscuridad, muestra las cosas como realmente son. Andar en la luz significa conocer a Dios, entender la verdad y vivir en justicia.
Los creyentes en Cristo deben confesar cualquier oscuridad dentro de ellos mismos, sus pecados y transgresiones, y dejar que Dios haga resplandecer su luz a través de ellos. Los cristianos no pueden cruzarse de brazos y ver a otros seguir en las tinieblas del pecado, sabiendo que aquellos que están en la oscuridad están destinados a la separación eterna de Dios.
La luz del mundo quiere disipar la oscuridad al llevar la luz del evangelio al mundo. Necesariamente debemos revelar cosas sobre las personas que ellos preferirían dejar en lo oculto. La luz es incómoda para quienes están acostumbrados a la oscuridad.
Jesús, el Hijo de Dios sin pecado, es la luz verdadera. Como hijos adoptados de Dios, hemos de reflejar su luz en un mundo oscurecido por el pecado. Nuestro objetivo al testificar a los inconversos es abrir sus ojos para que se conviertan de las tinieblas a la luz y de la potestad del enemigo a Dios.
Acompáñame a orar:
Señor, alumbra los ojos de nuestro entendimiento. Danos revelación para que podamos conocer cuál es la esperanza a la que nos has llamado, que caminemos en tu luz y luego podamos reflejar tu luz, que prevalece sobre las tinieblas. Te lo pedimos en el nombre de Jesús, la luz del mundo. Amén.
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