Héctor de Luna Espinosa
En Apocalipsis 1, versículo 4, Juan escribe: «Gracia y paz a vosotros, del que es, y que era, y que ha de venir». Y en Apocalipsis 4, versículo 8, aparece nuevamente esta expresión cuando dice: «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir». La frase «el que era, el que es y el que ha de venir» nos presenta a un Dios que está por encima del tiempo. Podrías explicarlo con tres palabras: era, es y vendrá o será. Dios no solamente existió en el pasado, ni solamente existe en el presente, ni solamente existirá en el futuro. Él es eterno.
Entonces, en primer lugar, nos dice «el que era». Cuando nosotros pensamos en el pasado, pensamos en algo que ya terminó. Nuestra infancia pasó, nuestros padres fueron jóvenes, las generaciones anteriores vivieron y murieron. Pero cuando hablamos de Dios, Él estaba ahí antes de que nosotros existiéramos, antes de que hubiera un universo, antes de que hubiera estrellas, antes de que existiera la humanidad. Dios ya era Dios. Como dice el Salmo 90, versículo 2: «Desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios». No hubo un momento en el que Dios comenzó a existir.
Luego, número dos, nos dice «el que es». Dios no solamente pertenece al pasado; Dios está presente. Eso significa que Dios no es solamente el Dios de nuestros antepasados o el Dios de las historias bíblicas; Él es Dios hoy. Cuando enfrentamos una dificultad, Él es Dios; cuando no entendemos lo que está sucediendo, Él es Dios; cuando estamos alegres, Él es Dios; cuando tenemos miedo, Él sigue siendo Dios. Nuestra situación cambia, pero Dios no cambia.
Y número tres, nos dice «el que ha de venir». Dios no solamente estuvo en nuestro pasado y está en nuestro presente; Él también está en nuestro futuro. Nosotros no sabemos qué sucederá mañana, no conocemos lo que ocurrirá dentro de un año, no sabemos cómo terminarán muchas circunstancias de nuestra vida, pero Dios ya está ahí. Y en el contexto de Apocalipsis, esta expresión también apunta hacia la venida de Cristo. El mismo Jesús que vino al mundo, murió y resucitó volverá. Por eso, el cristiano puede mirar hacia el futuro no con desesperación, sino con esperanza.
Acompáñame a orar:
Señor, hoy queremos reconocer que tú eres el que era, el que es y el que ha de venir. Gracias porque antes de que nosotros existiéramos, tú ya eras Dios. Gracias porque hoy estás con nosotros, acompañándonos en cada circunstancia de nuestra vida. Y gracias porque nuestro futuro también está en tus manos.
Cuando miremos hacia atrás, ayúdanos a reconocer tu fidelidad; cuando enfrentemos el presente, ayúdanos a confiar en tu presencia; y cuando pensemos en el futuro, ayúdanos a descansar en tus promesas. No sabemos qué traerá el mañana, pero sabemos quién estará ahí. Por eso, ponemos nuestra vida, nuestros planes, nuestras preocupaciones y nuestro futuro en tus manos.
Y si alguien que escucha o está leyendo este mensaje todavía no te conoce, permite que pueda encontrarte, creer en ti y reconocer a Jesucristo como Señor y Salvador de su vida, porque tú eres el que era, el que es y el que ha de venir. A ti sea la gloria, la honra y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
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