Rocío del Carmen Aguilar Roa
¿Alguna vez has tenido tantos pensamientos dando vueltas en tu cabeza, que sientes que vas a explotar y parece que no hay manera de poner orden en este caos interno? O ¿alguna vez te has dado cuenta de que tienes patrones de comportamientos que te siguen dañando emocionalmente y no logras resolverlo?
El Dr James Pennebaker, psicólogo social de la Universidad de Texas en Austin, desarrolló el protocolo de escritura expresiva en 1986 tras observar un patrón en su investigación clínica: las personas que guardaban secretos traumáticos mostraban tasas de enfermedad más altas que quienes habían revelado sus experiencias.
No importa si no eres bueno escribiendo o si tienes faltas de ortografía lo único que importa es que seas honesto contigo mismo, a veces dolerá por que puede remover emociones demasiado intensas, esto funciona incluso para experiencias que crees que ya has procesado, incluso para las cosas que piensas que ya has superado, porque el cuerpo lleva su propio registro y lo que parece resuelto en la mente no siempre está resuelto en el sistema nervioso.
Pennebaker nos dice que no es necesario compartirlo para que funcione, no hay que mostrárselo a nadie, no necesitas que tenga sentido ni llegar a una conclusión, solo necesitas escribir con mucha honestidad durante 20 minutos al día y luego cerrar el cuaderno.
La sanación ocurre en la escritura no en la lectura ni en el compartir, si no en el acto de transformar en palabras lo que estaba guardado en tu interior.
El Dr. descubrió que escribir sobre nuestras experiencias no solo nos hace bien emocionalmente, sino que también mejora nuestro sistema inmunológico, ya que el cuerpo no olvida aquello que la mente se niega a procesar porque toda experiencia no escrita permanece como un archivo abierto en el sistema nervioso consumiendo energía, generando ruido, y manteniendo al sistema de amenaza levemente activado todo el tiempo. Escribir cierra este archivo al completar el proceso en el cerebro.
La mayoría de las personas aprendimos a seguir adelante, a ser fuertes, a no rumiar las emociones, a mantenernos firmes y todo eso que guardamos se quedó en el cuerpo como tensión crónica, enfermedades que no tienen explicación, ansiedad constante de bajo grado y la sensación permanente de que algo sigue ejecutándose en segundo plano.
A este método de sanar Pennebaker lo llamo escritura expresiva, no se trata de hacer un diario, o afirmaciones positivas, no es una reflexión estructurada, es escribir de manera cruda, sin filtros y sin censura sobre lo que realmente sucedió y como nos sentimos respecto a eso, cuanto más honesta mejor.
El cerebro organiza esta experiencia y la retira de la amígdala donde vive la amenaza y la lleva a la corteza prefrontal donde vive el significado; es así como el cuerpo deja de tratar el recuerdo como un peligro actual y el sistema inmunológico deja de prepararse para una amenaza que ya ni siquiera está ahí.
En resumen, el trauma y la emoción no procesada quedan almacenados en el cuerpo como experiencias incompletas, por eso el sistema nervioso las mantiene activas porque no fueron finalizadas, no nombramos esa emoción, no organizamos lo que sentíamos en secuencia, no recibieron una conclusión y escribir obliga al cerebro a hacer lo que no pudo hacer en el momento de la experiencia traumática.
Este descubrimiento sorprendió a la comunidad médica pues las personas que se recuperaban habían encontrado una forma de poner experiencia en palabras, no para entenderla, no para compartirla públicamente, no para buscar la empatía de la gente, solo para transformar en lenguaje todo aquello que estaba almacenado en el cuerpo. Esta conversión es la forma en cómo se sana.
El método consiste en escribir sobre nuestras emociones más profundas y experiencias difíciles durante 20 minutos al día por cuatro días consecutivos, un tema en específico que queramos trascender. Solo escribir, sin terapia, sin meditación, solo escritura pura y sin filtros.
Ya que no nos enseñaron a procesar cada una de nuestras experiencias traumáticas, sería bueno tomar un bolígrafo para escribir lo que el cuerpo siempre estuvo esperando el permiso para soltar.
Puedes sentirte peor durante el proceso de los cuatro días, porque la escritura remueve todo aquello que estaba adormecido, y las emociones enterradas salen a la superficie, permanece haciendo tu escritura porque en el cuarto día algo cambiara, no lo digo yo, lo dice la ciencia.
La activación de amenaza disminuye, el ruido mental se calma y el cuerpo suelta algo que había sostenido por mucho tiempo.
Al hacerlo trata de poner un temporizador durante 20 minutos y escribe sobre algo que llevas cargando, no se trata de que quede bonito, que tenga sentido o que tengas que llegar a una conclusión, solo escribe lo que sucedió lo que sentiste, lo que nunca dijiste y como te sientes con eso ahora. Después cierra el cuaderno. este protocolo logra lo que meses de darle vueltas no pueden: convertir un recuerdo emocional atascado en una historia con final.
Espero y deseo te sirva esta herramienta y deseo sobre todo que tu corazón siempre este contento.
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