Jorge Saldaña
Gerardo Sánchez Zumaya abandonó su aspiración a la gubernatura de San Luis Potosí por el Partido del Trabajo. Oficialmente habló de motivos personales.
Gerardo Sánchez Zumaya se bajó de la carrera por la gubernatura de San Luis Potosí. Después de meses de recorridos, promoción política, confrontaciones públicas y una intensa presencia en medios y redes sociales, anunció que no continuaría con su precandidatura por el Partido del Trabajo.
Su explicación fue sencilla: motivos personales, prioridades familiares y la necesidad de hacer una pausa. Esa es, hasta ahora, la versión que puede sostenerse públicamente.
OTRA LECTURA.
No se puede afirmar, con los elementos públicos disponibles, que alguien lo haya obligado a renunciar ni que exista una resolución oficial que demuestre que fue apartado mediante presiones judiciales. Lo que sí puede observarse es que su proyecto llegó a un punto en el que todo el ruido acumulado alrededor de su figura terminó pesando tanto como su propia aspiración.
Y ese ruido no apareció de un día para otro.
Sánchez Zumaya decidió hacer política desde la confrontación. En lugar de construir solamente alrededor de propuestas, convirtió buena parte de su presencia pública en una disputa permanente con adversarios, periodistas, funcionarios y cualquiera que cuestionara su proyecto.
Ese método produce atención. Lo difícil es convertir esa atención en viabilidad política.
Los señalamientos no equivalen a culpabilidad
Alrededor de Sánchez Zumaya circularon durante meses acusaciones relacionadas con sus negocios, sus empresas y supuestos vínculos con actividades ilícitas. Algunas alcanzaron medios nacionales y otras fueron amplificadas en la disputa política local.
Pero precisamente porque hablamos de asuntos graves, existe una diferencia que no puede borrarse: una acusación periodística no es una sentencia.
En marzo se informó que la Fiscalía General de la República determinó el no ejercicio de la acción penal en dos carpetas relacionadas con presuntos delitos federales atribuidos al empresario. De acuerdo con esos reportes, la investigación no reunió elementos suficientes para proceder penalmente.
Ese dato importa.
No invalida las preguntas periodísticas ni impide investigar nuevos hechos cuando existan elementos para hacerlo, pero tampoco permite convertir cualquier señalamiento en una condena anticipada.
La autoridad es la que tendrá que determinar, en cada caso, si existen responsabilidades. El periodismo debe preguntar, documentar y contrastar; no sustituir a los tribunales.
CUANDO LA CONFRONTACIÓN SE CONVIERTE EN ESTRATEGIA
Un claro cuestionamiento hacia Sánchez Zumaya siempre estuvo en otro lugar: la forma en que decidió presentarse ante San Luis Potosí.
Su proyecto parecía necesitar permanentemente un enemigo.
Cuando una propuesta política depende demasiado de la confrontación, termina atrapada en ella. Cada crítica genera otra respuesta, cada respuesta necesita un nuevo adversario y, finalmente, el debate deja de tratar sobre lo que se pretende hacer desde el gobierno.
Ese fue, uno de sus mayores problemas.
La política no se sostiene únicamente con recursos, propaganda, redes sociales o capacidad para dominar la conversación durante algunos días. Para aspirar seriamente a gobernar se necesita estructura, credibilidad, capacidad para dialogar y, sobre todo, explicar con claridad para qué se quiere el poder.
Sánchez Zumaya consiguió que se hablara de él. Lo que nunca quedó suficientemente claro fue qué proyecto de estado había detrás de toda aquella exposición.
DESPUÉS DEL ESTRUENDO
Su salida también deja una lección para quienes confundieron presencia digital con fuerza política.
Las redes pueden fabricar tendencias, multiplicar mensajes y producir la sensación de que una figura domina la conversación pública. Pero una elección ocurre fuera de la pantalla y exige algo bastante más complejo que seguidores, videos y confrontaciones.
El capítulo político de Sánchez Zumaya, al menos rumbo a esta candidatura, terminó antes de llegar a la boleta.
No se sabe si volverá a intentarlo. Tampoco se puede asegurar qué circunstancias determinaron finalmente su decisión.
Lo que sí queda es una historia política breve pero extraordinariamente ruidosa, que comenzó con ambiciones enormes y terminó con un comunicado anunciando el retiro.
En política, hacer mucho ruido nunca ha sido lo mismo que construir poder.
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