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El laboratorio político llamado Coahuila

El laboratorio político llamado Coahuila

Dr. Gerardo Rivera Navarro | Profesor de investiga



El voto se ha vuelto más complejo, más segmentado y, al mismo tiempo, mucho más interesante de estudiar.

En la política mexicana existen territorios que desafían permanentemente las teorías convencionales. Coahuila es uno de ellos. Cada elección parece convertirse en un ejercicio de análisis obligado porque los resultados suelen contradecir las narrativas nacionales y poner a prueba las explicaciones simplistas sobre el comportamiento del electorado.

Las recientes elecciones para renovar el Congreso del Estado han vuelto a colocar a Coahuila en el centro de la discusión política nacional. A primera vista, el resultado parece contundente: el Partido Revolucionario Institucional y sus aliados obtuvieron una victoria total en los distritos de mayoría, consolidando nuevamente su presencia en una entidad que durante décadas ha sido identificada como uno de sus principales bastiones.

Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que la fotografía del resultado final.

Decir que Coahuila es simplemente un estado priista constituye una explicación insuficiente. Es cierto que el PRI ha gobernado la entidad prácticamente durante los últimos cien años y que mantiene una estructura territorial y política sumamente eficiente. Pero también es verdad que en distintos momentos recientes ha enfrentado escenarios de competencia real e incluso situaciones en las que estuvo cerca de perder espacios fundamentales de poder.

Lo ocurrido en esta elección no puede analizarse únicamente desde la óptica de una maquinaria partidista que vuelve a imponerse. Hay variables mucho más profundas que obligan a revisar la relación entre ciudadanía, instituciones y partidos políticos.

Uno de los elementos más interesantes es que, aun cuando el PRI obtuvo una victoria total en los distritos, Morena continúa creciendo electoralmente en el estado. La fuerza política gobernante a nivel nacional ha logrado incrementar de manera significativa su votación en los últimos años, aunque ese crecimiento todavía no se traduce en triunfos distritales.

En otras palabras, el mapa electoral coahuilense muestra una aparente contradicción: Morena avanza, pero no gana; el PRI pierde parte de su dominio histórico en términos porcentuales, pero conserva el poder político.

Este fenómeno demuestra que el comportamiento electoral de los ciudadanos es mucho más sofisticado de lo que suelen asumir los análisis apresurados.

Durante mucho tiempo se construyeron mitos alrededor de las elecciones. Se decía que quien ganaba un debate ganaba la elección; que quien aparecía más en los medios tenía asegurado el triunfo; que quien disponía de mayores recursos económicos terminaría imponiéndose en las urnas. La experiencia reciente demuestra que ninguna de estas premisas funciona de manera automática.

El voto se ha convertido en una decisión cada vez más compleja, influida por múltiples factores que interactúan simultáneamente.

En Coahuila aparecen variables relacionadas con la percepción de seguridad, las condiciones económicas, la generación de empleo, la estabilidad social y el grado de satisfacción que las personas tienen con sus gobiernos. Son dimensiones que van más allá de la propaganda y que difícilmente pueden explicarse mediante fórmulas únicas.

También existe un fenómeno particularmente interesante: la diferenciación del voto.

El ciudadano coahuilense ha demostrado que puede respaldar a un partido en una elección local y optar por otra fuerza política en una elección federal. Puede votar por alcaldes de un signo partidista y al mismo tiempo apoyar a legisladores o senadores de otro. Lejos de tratarse de una contradicción, este comportamiento revela un electorado más racional y pragmático de lo que frecuentemente se reconoce.

Esa capacidad de separar las decisiones políticas convierte a Coahuila en un auténtico laboratorio electoral.

La participación ciudadana ofrece otro dato revelador. Para una elección de diputados locales, que tradicionalmente genera menor interés entre los votantes, alcanzar una participación superior al 50 por ciento constituye un indicador importante de involucramiento ciudadano.

La sociedad coahuilense continúa participando activamente en sus procesos democráticos y mantiene una relación intensa con la política local, aun cuando el resultado final pueda parecer predecible desde el exterior.

Por otra parte, estas elecciones dejaron enseñanzas que van más allá de los partidos.

La implementación del voto anticipado y la participación de personas en prisión preventiva representan innovaciones democráticas de enorme relevancia. Aunque los números todavía son modestos, la experiencia adquiere un valor estratégico porque permite ensayar mecanismos que podrían tener efectos mucho más amplios en futuras elecciones federales o estatales.

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