Sukey Barrios
Año tras año, los diablos de Tancanhuitz siguen danzando, no solo en las calles, sino en la memoria colectiva de todo un pueblo.
A una semana de haber concluido las celebraciones de Semana Santa, la Huasteca potosina sigue resonando con el eco de sus tradiciones más profundas. Lo que para muchos turistas fue una experiencia vibrante y única, para las comunidades locales representa un legado vivo que se niega a desaparecer. Entre danzas, máscaras y rituales, el municipio de Tancanhuitz volvió a colocarse como uno de los epicentros culturales más significativos de la región.
En medio de este escenario, destaca la figura de los llamados "diablos", personajes emblemáticos que, lejos de ser una simple representación festiva, encarnan una narrativa histórica y social que ha pasado de generación en generación. Detrás de esta tradición se encuentra el trabajo de promotores culturales comprometidos, como David Esau Nava, quien días antes de las celebraciones compartía la importancia de preservar esta herencia.
"Esta tradición comienza más o menos en el año cincuenta... mi abuelo fue iniciador junto con otras personas de esta bonita tradición", relató, dejando claro que no se trata de una moda reciente, sino de una construcción colectiva que ha resistido el paso del tiempo.
EL PESO DE LA HERENCIA FAMILIAR
En Tancanhuitz, la tradición no se aprende en libros ni en aulas; se vive desde la infancia. Así lo explicó el propio David, quien recordó cómo desde niño se involucró en estas actividades: "Me empezó a gustar a vestirme de diablo... me gusta ponerme una máscara, me gusta hacer las actividades que hacen la característica de un diablo tradicional".
Este proceso, lejos de ser improvisado, implica meses de preparación. Las máscaras, por ejemplo, no son objetos cualquiera. Se elaboran artesanalmente, principalmente con madera de pemoche, un material que permite dar forma a rostros únicos que representan la imaginación colectiva sobre el "diablo". A esto se suman elementos como cuernos, colmillos y otros accesorios que dotan de identidad a cada personaje.
Lo que resulta particularmente revelador es que esta tradición no está exenta de sacrificio. Las generaciones anteriores enfrentaron jornadas intensas de trabajo para mantenerla viva. "Ellos hasta se fastidiaban de tantas cosas que tenían que hacer... elaborar una máscara, pintarla, hacer comida para los participantes", recordó, evidenciando que la preservación cultural también implica esfuerzo y compromiso.
TURISMO Y CULTURA: UNA RELACIÓN NECESARIA
Durante la reciente temporada vacacional, miles de visitantes recorrieron la Huasteca potosina atraídos no solo por sus paisajes naturales, sino también por la riqueza cultural que ofrecen sus comunidades. En ese sentido, las celebraciones de Semana Santa se consolidaron como un motor turístico clave.
La invitación hecha previamente por los organizadores no cayó en saco roto. "Que vengan a darse una vuelta... para que empiecen a conocer las tradiciones que existen en este lado de la Huasteca potosina", expresó David en su momento. Y así ocurrió: visitantes nacionales y extranjeros acudieron a presenciar los desfiles, capturar imágenes y sumergirse en una experiencia que difícilmente se encuentra en otros puntos del país.
Las impresiones, según relatan los propios participantes, fueron ampliamente positivas. "Se llevan muy buena impresión... toman videos, fotografías, se divierten", comentó. Más allá del entretenimiento, estas visitas representan una oportunidad económica para las comunidades, reforzando la importancia de mantener vivas estas prácticas.
ENTRE LO RELIGIOSO Y LO POPULAR
Uno de los aspectos más interesantes de esta tradición es su carácter híbrido. Aunque se desarrolla en el contexto de la Semana Santa, no forma parte estricta de los rituales religiosos institucionales. Se trata, más bien, de una expresión popular que dialoga con la fe, pero que mantiene su propia identidad.
"Es una cultura del pueblo... que a lo mejor no se mezcla con lo que es la iglesia", explicó David. Esta independencia permite que la tradición evolucione dentro de ciertos límites, adaptándose a nuevas generaciones sin perder su esencia.
Sin embargo, también existe una preocupación clara por evitar desviaciones que puedan desvirtuarla. En ese sentido, se han implementado mecanismos como concursos de máscaras regulados, donde se busca incentivar la creatividad sin romper con los lineamientos tradicionales. "Que no se salga del contexto... que no inventemos cosas", advirtió.
EL RETO DE LAS NUEVAS GENERACIONES
A pesar del éxito de las recientes celebraciones, el futuro de estas tradiciones no está garantizado. El relevo generacional sigue siendo uno de los principales desafíos. En un contexto donde las nuevas tecnologías y estilos de vida dominan la atención de los jóvenes, mantener su interés en estas prácticas culturales requiere esfuerzos constantes.
No obstante, existen señales alentadoras. La participación de niños y jóvenes en las comparsas demuestra que el interés sigue vigente, aunque bajo nuevas formas. La clave, como señalan los propios promotores, está en encontrar un equilibrio entre tradición e innovación.
Más allá de los eventos y festividades, lo que está en juego es la identidad misma de una región. La Semana Santa en la Huasteca potosina no es solo una celebración; es un recordatorio de quiénes son sus habitantes y de la historia que los define.
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