Viernes, 06 de Marzo de 2026
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Semana del 07 de Marzo al 13 de Marzo de 2026

Pedid, buscad, llamad

Pedid, buscad, llamad

Héctor de Luna Espinosa



En Evangelio de Mateo, capítulo siete, de los versículos siete al once, Jesús dice: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo aquel que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá». Y luego añade: «¿Qué hombre hay de vosotros que, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?».

Aquí hay tres órdenes: pedir, buscar y llamar. Vemos una intensidad progresiva que pasa de pedir a buscar y a llamar. Jesús nos llama a tener intensidad, pasión y persistencia en la oración. En primer lugar nos dice: «Pedid y se os dará». En Epístola de Santiago, capítulo cuatro, versículo dos, dice que no tenemos porque no pedimos. En segundo lugar nos aclara: «Buscad y hallaréis». Dios promete una respuesta para aquellos que lo buscan con diligencia. Jesús nos dice que debemos persistir en nuestra búsqueda de Dios. No faltan las personas que se rinden después de algunos esfuerzos sinceros y concluyen que Dios no puede ser hallado. Llegar a conocer a Dios demanda decisión, y Jesús asegura que nuestros esfuerzos serán premiados. No te rindas en tu afán por encontrarte con Dios; sigue pidiéndole más sabiduría, paciencia, conocimiento, amor y comprensión; Él te los dará.

Así es que pide y busca, pero también nos dice que llamemos: «Llamad y se os abrirá», como cuando se toca la puerta. La imagen de llamar a la puerta también implica que hay una puerta que sí puede ser abierta. Sus puertas están diseñadas para abrirse; fueron hechas con el propósito de entrada. Y así, el evangelio de Dios está hecho a propósito para que entres a la vida y la paz. Sería inútil tocar a una pared, pero sabiamente puedes tocar a una puerta, ya que está destinada para abrirse. Venimos a la puerta de Dios y todo lo que debemos hacer es llamar. Si la puerta estuviera cerrada con llave contra nosotros, necesitaríamos las herramientas de un ladrón para entrar, pero eso no es necesario; todo lo que tenemos que hacer es llamar.

Cualquier hombre, sin mucha preparación ni estudios, puede llamar a la puerta si eso es todo lo que se le requiere. Un hombre puede llamar a la puerta sin ser un filósofo; cualquier hombre, aun el que no es muy inteligente, puede llamar a la puerta; un ciego puede llamar a la puerta; con una mano paralizada, un hombre puede llamar a la puerta. La manera de abrir las puertas del cielo es asombrosamente simplificada para aquellos que son lo suficientemente humildes de seguir la dirección del Espíritu Santo y pedir, buscar y llamar con fe. Dios no ha provisto una salvación que solo puede ser entendida por hombres cultos; está destinada aun para los ignorantes, para los de corto entendimiento y los moribundos, al igual que para otros. Por lo tanto, debe ser tan simple como llamar a la puerta.

Cabe resaltar que el niño, en el ejemplo de Jesús, pidió a su padre pescado y pan, elementos muy necesarios. Si el niño hubiera pedido una serpiente venenosa, ¿se le hubiera dado? El padre sabio a veces sabe que pedimos serpientes y no nos lo concede. A medida que conocemos mejor a Dios como un Padre amoroso, aprendemos a pedir cosas buenas para nosotros, y luego Él nos las da. Cristo nos está mostrando el corazón de Dios el Padre. Él no es egoísta, envidioso ni avaro. No tenemos que mendigar ni arrastrarnos cuando venimos con nuestras peticiones; Él es un Padre amoroso que comprende, cuida y conforta. Si los humanos pueden ser bondadosos, imagina cuán bondadoso puede ser Dios, el Creador de todo lo bueno.

Jesús termina diciendo: «Si vosotros, siendo malos», para contrastar a los seres humanos pecadores y falibles con un Dios santo y perfecto: «Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?».

Acompáñame a orar: Señor Jesús, hoy venimos trayendo nuestras necesidades a Ti. Tú dices que pidamos; te pedimos que sean suplidas conforme a tu grandeza y amor, conforme a tu poder. Venimos buscándote; queremos encontrarnos contigo cada día. Pedimos que se nos abran las puertas que nos bloquean y limitan las bendiciones. Déjanos verte y conocerte más. Gracias por todas las buenas cosas que, como Padre amoroso, tienes para nosotros. A Ti sea toda gloria. Amén.

 


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