Domingo, 08 de Diciembre de 2019
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Semana del 16 de Noviembre al 22 de Noviembre de 2019

Una historia de amor la de Santiago y Dolores

Una historia de amor la de Santiago y Dolores

Juan de Dios Hernández


La imagen de él empujando un diablito en el que la transportaba en el centro, fue el origen

El 24 de octubre a través de la página de Facebook de Emsavalles, se difundió una fotografía en la que se mostraba a un hombre empujando un diablito en el que transportaba a una mujer, ambos adultos mayores, en la zona centro, y fue titulada “El amor en una foto”, la cual de manera inmediata empezó a generar reacciones, a compartirse y recibir infinidad de comentarios, y entonces fueron identificados por algunas personas como don Chago y doña Lola.

Ahora se sabe que los protagonistas de esta historia de amor son Santiago Campos Araujo, de 67 años de edad y originario de Ciudad Valles y Dolores Castellanos Díaz, de 84 años de edad y originaria de Ciudad Altamirano, Guerrero, quienes viven en el barrio Los Filtros y se trasladan de esa manera a diversos lugares, debido a que ella no puede caminar grandes trayectos, pues se cansa debido a dolores que sufre desde hace algunos años en su rodilla, según relataron en entrevista.

COMIENZA SU HISTORIA JUNTOS
Santiago recordó que la primera vez que vio a Dolores fue en su lonchería Guerrerense, que era un pequeño negocio de comida, donde pasaba todos los días, aunque aclara que no fue amor a primera vista, pero ya le había echado el ojo, pues en ese entonces él trabajaba en la Coca Cola y le surtía refrescos, y se ponía a platicar cada que se podía, así se fueron tomando confianza y poco a poco se hicieron novios, luego decidimos dar un paso más.

Mencionó que él tenía 25 años cuando decidieron unirse en matrimonio en las bodas colectivas y dejaron pasar cinco años para hacerlo también por la iglesia, y fue así que formaron una familia. Añade que ella ya tenía cuatro hijos grandes, dos hombres y dos mujeres que le tocó cuidarlos, mientras que con él tuvo un hijo, y a partir de entonces se la pasaron rentando, en la Matamoros, la Guerrero y la Juárez, después les prestaron una casa en la Pedro, pero se las pidieron y volvieron a la Matamoros y a la Juárez, hasta que en 1991 compró en el barrio Los Filtros.

AÑOS DIFICILES
“Hemos pasados días buenos y días malos, muchas inundaciones, pero vemos que está lloviendo mucho, tenemos que salir cuanto antes o de plano subirnos al otro piso de la casa, que no está apta para vivir”, expresó.

En la empresa refresquera, agregó, trabajó durante siete años, pero cuando se salió entró su hijo, mientras que él se puso a vender calcetines y jugos, pero veía que no salía para comer, así que entre los dos en la lonchería lograron sacar adelante a sus hijos.

“Mis hijos ya hicieron su vida, así es esto, tienen que buscar su camino, una de ellas se fue a Francia, es más difícil que vengan a verme, los demás vienen de vez en cuando a visitarme, qué más quisiera tenerlos siempre, mi hijo está en San Luis Potosí, está batallando mucho, por eso no ha venido, sin embargo sí me marcan para saber cómo estamos, quisiera algún día que alguien me ayude a cuidar a mi esposa, para poder salir a trabajar, ella no quiere estar sola, yo estoy al pendiente de su medicamento”, comentó.

SU SALUD
En cuanto a su estado de salud, él dijo “me siento bien, lo único es que me está fallando un ojo, no veo bien”, mientras que ella señaló “yo lo único que quiero es no quedarme sola, él quiere irse a trabajar, pero no lo dejo, ¿cómo me voy a quedar solita?”.

Santiago recordó que estuvo enfermo de la próstata, pero, aunque ya lo operaron, siente que no quedó bien, por eso se tiene que sentar de lado, y ella padece diabetes y le duelen las rodillas, de modo que puede caminar un poco, pero no en tramos largos, se ha caído varias veces, pero no se ha fracturado, hace como 25 días fue la última vez y hasta se abrió la cabeza, pero la llevó a que la atendieran.

RENDIRSE JAMÁS
Refirió que sobreviven de la pensión de su esposa y de lo que les dan sus hijos, y que a veces vende cartón, que recolecta en la zona centro y luego lo vende, sacando apenas 100 pesos diarios, “ahora me voy con mi esposa, no puede caminar mucho, se cansa rápidamente, así que la subo y me la llevo con un banquito en el diablito, a pasear”.

“Me gustaría que alguien me la cuide un ratito, en lo que voy a vender, ya que no la quiero dejar sola, y no quiere estar sola, pero quiero ver si me la cuidan en lo que me voy a buscar el cartón y lo vendo, si la gente nos quiere regalar una silla de ruedas estaría muy bien, para sacar a mi esposa, ya que fui hace muchos años a pedir una al DIF y no me la dieron, estaríamos muy agradecidos”, concluyó Santiago.

No son las cosas materiales las que se necesitan para que las personas estén juntas, es el amor, la compresión, son precisamente la clave que nos regala esta historia de don Chago y doña Lola, además de valorar a los padres, porque es un gran tesoro tenerlos y no perder la oportunidad de demostrarles cuánto se les quiere, en vida.

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