Miércoles, 23 de Octubre de 2019
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 04 de Octubre al 10 de Octubre de 2019

Activismo de sillón

Activismo de sillón

Nallely Rivera


Un pequeño de tan solo 9 años carga una carretilla con material a orilla de una carretera en algún lugar de la basta huasteca, hace una jornada laboral de un adulto y gana sólo la décima parte, lo que más llama la atención son sus chanclitas rotas de donde ya se le asoman los dedos, su ropa desgastada y la mirada de curiosidad ante la cámara que lo fotografía, nos da a conocer su historia… el pequeño cuenta que pasó todas sus vacaciones trabajando en una bloquera para comprarse unos zapatos y útiles escolares para regresar a la escuela, porque en su familia no hay dinero para pagarlos, cambió su infancia por trabajo porque quiere ayudar a sus seres queridos que lo esperan en casa.

Su historia se publica con la intención de que llegue a miles de personas y entre tantos podamos darle un poco de felicidad y una sonrisa con útiles escolares y unos zapatos nuevos, la publicación recibe miles de reacciones, cientos de comentarios, de indignación, de reclamo, de enojo o bendiciones, pero son sólo comentarios que no van a trascender a la realidad.

“¿Y el gobierno dónde está?”, “¡A ver el presidente que haga algo!”, “¿Y el DIF”, “¿Y los papás por qué lo permiten?”, “No puede ser… ojalá que haya alguien que lo ayude”, “Alguien de buen corazón que haga algo por favor!!!”, “Dios, bendice a este pequeño, qué tristeza ver estos casos en mi huasteca, ojalá alguien lo ayude”…

Acto seguido, el dedo de los usuarios se desliza sobre la pantalla de su celular y ahora sueltan una carcajada porque vieron un “meme” nuevo, un segundo después la vida de este pequeño pasó a ser sólo una gota más en el mar del contenido que diariamente consumimos en internet, pero ¿Qué hicimos para ayudar a cambiar su realidad aparte de sólo indignarnos, darle un “Like” o un “Me entristece” o compartirlo con nuestros seguidores?, la historia de este niño dejó de ser tema de indignación en un par de días, hoy ya nadie se acuerda de él.

Y es que nos gusta la sensación que nos provoca ver algo triste que se volvió viral por su contenido, de cualquiera que sea el caso y tema del día, todos los días pasamos de la risa a la indignación en un deslizar de dedos en la pantalla de nuestro celular.

Pero ¿Por qué esperamos a que alguien más haga la diferencia?, ¿Por qué esperamos a que alguien, que no sea nosotros, sí se levante de su sillón, salga de su casa y ayude a quien lo necesita?, ¿Por qué no queremos involucrarnos y ser esas personas que lleven la ayuda a quien lo pide a gritos, a los abuelitos abandonados, a la familia que apenas si tiene para comer hoy, a la mascota que yace atropellada en la calle desde hace días?

¿Por qué vemos a esas personas que sí decidieron ir a ayudar como si fueran superhéroes o personas ajenas a este planeta?, como si no fueran personas como cualquier otra, con un trabajo, con ocupaciones, con una familia que atender, con incluso muchos más problemas, pero que decidieron abrir su despensa, su armario, su cartera y se desprendieron de algo que tal vez también necesitaban, pero que quisieron hacer un espacio en su vida y compartirlo.

Porque a la mayoría nos indignan las injusticias y nos duele también el dolor ajeno, pero no todos tenemos el valor de hacer algo para cambiarlo, no todos queremos involucrarnos, porque las excusas sobran, porque es muy difícil… porque no queremos problemas al encarar y denunciar al que maltrata… porque no tenemos tiempo para ir a llevar la ayuda… porque está muy lejos… porque…

Todos podemos ser un amigo, un Psicólogo para el que está desesperado, un albergue temporal para mascotas, un veterinario que calme el dolor de un animalito que sufre, todos podemos brindar nuestro tiempo, porque no hay dinero que sobre, sino dinero que se comparte, seamos quien se levanta y hace la diferencia y no solo activistas de sillón indignados en redes sociales.

Miles de comentarios se recibieron en la historia de este pequeño, pero las personas que respondieron al llamado y realmente hicieron algo para mejorar un poco su vida se pueden contar con los dedos de una mano, las buenas intenciones son tan fugaces en el mundo de las redes sociales.

No pretendemos cambiar el mundo entero, pero sí dejarlo mejor de lo que lo encontramos.

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