José Manuel Arredondo Ramírez
El martes presenciamos el partido de futbol de nuestra selección mexicana contra la de Honduras y el resultado fue México 1 y los hondureños 2. Fuera de ese resultado obtenido, ¿consideras que fue “justo” ese resultado para que pasara a una reclasificación nuestro equipo? Pues así como este tema podemos, abordar este día algunos otros, tales como la actitud que tenemos ante la vida ¿eso es justo?, el no dar el máximo en nuestro lugar de trabajo ¿es justo? El ver tanta miseria en nuestra sociedad ¿es justo? El tener tanta violencia en nuestro país ¿es justo? El ver como “algunos” ven solo para sus intereses ¿es justo? El ver tantas diferencias en las familias y en la clase política ¿es justo? Y podemos cada uno agregar más preguntas, a ese ¿es justo?... ¿es justo?
Pues bien, quien mejor para hacernos entender esta palabra que parece que en nuestros días no aplica ya, que un Doctor de la Iglesia y gran hombre en su tiempo como lo fue San Agustín, me apoyaré en algunas de sus definiciones, tratados, conceptos, pero sobre todo, el cómo lo aplicamos en nuestra sociedad y en la circunstancia que vivimos cada uno, independientemente de la clase social, nivel socio económico, profesión de fe, afiliación partidista, equipo de futbol, raza, o nacionalidad.
Para él, la política es TODO (lo pongo en mayúsculas y en negritas, pues no es sólo un partido político), menos una abstracción: impregnada en la vida del hombre, de todo hombre y mujer (gobernante o ciudadano), es uno de los riachuelos que corren y se encanalan por los senderos que acompañan el camino de ese mismo hombre. La política es TODO lo que hacemos diariamente: platicar al estar formados en las tortillas, en la carnicería, en el súper, en el café, en la mesa del comedor, en reuniones sociales, etc.
La justicia es, por tanto, para San Agustín, el único valor que realmente discrimina y distingue: no solo una persona de otra, sino también un pueblo de otro y sobre todo una “civitas constituta”, una comunidad organizada como Estado, de otra.
La idea agustiniana que la justicia no es solo un principio regulador de la política y de la acción del gobierno, sino que es algo más amplio y profundo, es decir, el principio constitutivo de la vida moral y social de la persona, y así desciende coherentemente que en el orden de los valores propuestos a la conciencia y a la voluntad del hombre, la justicia está antes que la política y a diferencia de ésta, que es un medio o una función para la actuación de lo justo y del bien común, es un fin al que deben conformarse tanto los constituidos, o sea, las estructuras organizativas del Estado, como los actos legislativos, administrativos y judiciarios producidos por los órganos
estatales.
La deshonestidad y la corrupción, ya sea que se den en las personas o en los grupos, dañan siempre a la sociedad, pero cuando se dan en los que gobiernan, el daño es general y difícilmente remediable, ya que la abundancia de recursos disponibles va a la par de la impunidad. El Gobierno reprime los excesos de los ciudadanos, y al Gobierno ¿quién lo reprime? ¿Cómo ejercer el uso racional de la fuerza contra el más fuerte?
El gobernante tiene a su disposición los recursos públicos, la fuerza pública y la aplicación de la ley para hacer mucho bien o para hacer mucho mal. La suerte de los ciudadanos, su desarrollo y bienestar o su atraso y pobreza, dependen principalmente de la actuación de sus gobernantes.
La corrupción en la esfera del poder tiene muchas caras, como por ejemplo, disponer de los recursos públicos para sí mismo o para familiares y amigos, dar cargos a familiares y amigos, independientemente de la capacidad para desempeñarlos, lo cual se llama nepotismo, usar el cargo para medrar o ascender a otro cargo más alto y no para servir; usar las leyes para favorecer a unos y maltratar a otros, asignarse sueldos altos, no cuidar la moralidad pública por negligencia o complicidad. El resumen de la corrupción en los servidores públicos, es no servir sino servirse.
Una sociedad bien ordenada necesita para su progreso gobernantes investidos de legítima autoridad que defiendan las instituciones, velen por la moralidad pública y dediquen su actividad al provecho de los gobernados.
Toda sociedad necesita una autoridad. La legitimidad de la autoridad radica en la naturaleza misma del hombre, ser esencialmente sociable, que requiere para la unidad y la armonía con los demás, una dirección.
Es deseable que los gobernados respeten la autoridad, pero más lo es que los mismos gobernantes honren con su proceder la autoridad de que están investidos.
En orden a perfeccionar la democracia, hacen falta controles sobre los gobernantes y mecanismos de corrección, para que el pueblo que los eligió también pueda exigirles que cumplan con su deber e incluso pueda removerlos cuando actúen indebidamente o cuando simplemente no actúen.
Ahora bien, te hago nuevamente la pregunta inicial ¿tú eres justo?
Que sea un estupendo día.
emsavalles© 2006 - 2026 Todos los derechos reservados. Queda prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos sin previa autorización.
Emsavalles Publicidad, Escontría, 216-A, Zona Centro, Ciudad Valles, S.L.P. Tel:481-382-33-27 y 481-381-72-86. emsavalles@hotmail.com. contabilidad@emsavalles.com
No. de Certificado de Reserva Otorgado por el Instituto Nacional del Derecho de Autor: 04-2021-071615041800-203