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Semana del 31 de Mayo al 06 de Junio 2013

Las secuelas psicológicas de la violencia

Las secuelas psicológicas de la violencia

Simón Vargas Aguilar



En seis años de lucha contra el narcotráfico, las cifras oficiales evidencian un panorama en el cual los índices de violencia asociada a la delincuencia organizada y al tráfico de estupefacientes se incrementaron de manera exponencial: 70 mil muertos; 160 mil desplazados, más de 3 mil 700 huérfanos y mil 400 menores reclutados por el narcotráfico, son algunos de los saldos que la pasada administración y los medios de comunicación se encargaron de difundir en el último lustro.

La cuantificación de las víctimas, así como de las afectaciones generadas por la violencia y el narcotráfico han dejado de lado todo lo relativo al impacto psicosocial de éste fenómeno: las secuelas psicológicas, el daño a la salud mental, y la disminución tanto de la calidad, como de la expectativa de vida de millones de mexicanos. Así, la violencia se ha convertido en un elemento más de la rutina y la cotidianeidad, y se piensa en ella como un "hecho imprevisible y prácticamente inevitable", con el cual hemos aprendido a vivir.

Una encuesta publicada por el colectivo México con Paz en mayo del año pasado, informó que 51 por ciento expresó que de poder hacerlo se irían del país, y es que la violencia evolucionó a grado tal de pasar de un tiro de gracia en la cabeza, a víctimas encobijadas, mutiladas, decapitadas, colgadas en puentes e inclusive, a la desintegración de los cadáveres en tambos con ácido. "Estos niveles de crueldad y saña son rasgos psicopáticos que generan terror psicológico en la población", de acuerdo con Francisco Gutiérrez Rodríguez, director de la División Profesional de Psicología Jurídica del Colegio de Profesionales de la Psicología de Jalisco.

Por otra parte, José Guillermo González, jefe de enseñanza en el Instituto Jalisciense de Salud Mental, señala que "ser testigo directo o indirecto de hechos violentos genera angustia, histeria, trastorno de estrés postraumático y psicosis social".

Dichas vivencias impactan profundamente el mapa psiquiátrico de los mexicanos, aquellas de carácter individual generan "fragmentación interna" y las colectivas se traducen en "desarticulación social", y ambos casos representan un "riesgo social de pérdida de capacidad de organización y generan sensación de vulnerabilidad", de acuerdo con la investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría (INPRF), la doctora Luciana Ramos Lira.

En tanto, el año pasado el doctor José Navarro Góngora, director del Máster en Crisis y Trauma de la Universidad de Salamanca, estimó que por cada víctima de la violencia existen diez mexicanos con daños psicológicos, de los cuales, 20 por ciento desarrollará una patología clínica como alcoholismo, drogadicción, ansiedad o trastornos de personalidad.

En ese sentido, el pasado 7 de mayo la directora del INPRF, María Elena Medina Mora, informó que la violencia y que la gente fuera testigo de agresiones y muertes, provocó un incremento de 30 por ciento en la prevalencia de enfermedades mentales.

En el contexto social, comerciantes y empresarios -principalmente en el norte del país- ya experimentan síndrome de estrés postraumático (EPT), y en el último lustro han comenzado una diáspora hacia zonas menos conflictivas. Tan sólo en Durango, las consultas en las áreas de salud mental se incrementaron hasta en 250 por ciento en el 2011.

Mientras que los periodistas, han experimentado en carne propia los efectos de la violencia. Los estudios realizados por el psicólogo Rogelio Flores de la UNAM, revelaron que 41 por ciento de los periodistas y 54 por ciento de los fotógrafos encargados de la cobertura de temas relacionados al narcotráfico presentan EPT, cuando a nivel mundial el promedio máximo de prevalencia de dicho trastorno es de 28 por ciento en los corresponsales de guerra.

El estado de Nuevo León, uno de los más afectados por la violencia, fue el pionero en materia de apoyo psicológico al crear un equipo de intervención en crisis en septiembre de 2010, el cual poco más de un año después se encargó del manejo de la crisis derivada del ataque al Casino Royale. En el proceso, los psiquiatras realizan sesiones de trabajo con las víctimas para ayudar a éstas a procesar el trauma y encontrar la forma de continuar con sus vidas.

Nuestro sistema de salud no cuenta con una estrategia de apoyo a las miles de personas afectadas a nivel psicológico por la violencia, incluidos los elementos de las fuerzas de seguridad, así como los propios delincuentes y sus familias. A este respecto, el doctor Navarro Góngora señala que "un país deprimido, estresado y traumatizado, tiene menos posibilidades de interrumpir sus cadenas de violencia y superar sus miedos colectivos".

Ante esta problemática de salud pública, es urgente tanto redoblar esfuerzos para disminuir la violencia, como incrementar el número de especialistas a efecto de atender esta problemática -ya que sólo contamos con 3 mil cuando se requieren al menos 20 mil- así como elevar el 0.85 por ciento del PIB que se destina actualmente a la salud mental hasta alcanzar el 10 por ciento que recomienda la Organización Mundial de la Salud, en favor del bienestar psicosocial de los mexicanos.

 


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