Víctor Manuel Tovar González
El crecimiento económico en nuestro país en los decenios recientes ha sido enorme. Desafortunadamente, la riqueza y la prosperidad se han generado de forma desigual. Esta desigualdad está provocando los problemas sociales y la inestabilidad política en México. No obstante la alternancia en el poder político y la rápida integración de la economía mexicana al mercado de Norteamérica no se han resuelto los problemas persistentes de la pobreza extrema, el endeudamiento interno, el subdesarrollo y los equilibrios comerciales.
La economía mexicana ha sido una de las pocas de la OCDE que al día de hoy ha conseguido mitigar las consecuencias de la crisis global que se desencadenó en el verano de 2007 en EEUU. Salvo la recesión sufrida en 2009, debido al desplome de la demanda en su vecino del norte y principal socio comercial, nuestra economía ha restaurado un crecimiento muy pobre, pero crecimiento al fin y al cavo. Aunque menos intenso que en años anteriores, el ritmo de variación de nuestro PIB (la suma de los bienes y servicios producidos durante el año) en 2012, del 3,8%, apenas será una décima menor que el año anterior. Es verdad que atrás queda aquel añorado 11% de 1963, cuando nos gobernó el inolvidable Don Adolfo López Mateos, pero la erosión del tejido político de nuestro país, no ha permitido el regreso de aquellos años de progreso, hoy día el país no aprovecha su potencial de crecimiento, y el que hemos logrado no ha sido precisamente significativo.
Las mismas previsiones de la OCDE anticipan para 2013 y 2014 tasas de expansión del 3,3% y 3,6%, respectivamente (muy pobres para nuestra capacidad). El empleo no ha crecido a los ritmos esperados (no obstante que acaba de terminar el sexenio del empleo), reflejando un muy escaso crecimiento de la demanda interna y de las exportaciones. La tasa de desempleo oficial sigue en el entorno del 5%. Las finanzas públicas se mantienen en una senda correctora, el déficit público llego en el ejercicio del presidente Calderón al 3% del PIB, al tiempo que su desequilibrio en la cuenta corriente se mantendrá este y el próximo año en el -0,3% del PIB. Nuevamente el altísimo sale en nuestra defensa, y nuestro crecimiento potencial se verá ampliado no por nuestro trabajo, investigación científica o tecnológica, si no por el descubrimiento de nuevos yacimientos de gas y petróleo tipo West Texas, del que alcanza el más amplio precio en el mercado mundial.
Una vez más la suerte y lo bendito de esta tierra nos brinda la oportunidad de desarrollarnos. Pero no olvidemos la historia, porque corremos el riesgo de repetir nuestros errores. No olvidemos que en los lejanos días de 1997 el Presidente López Portillo nos pidió acostumbrarnos a administrar la riqueza, y lo único que consiguió fue endeudarnos y crear una inflación de los mil diablos. En fechas resientes Fox y Calderón le deben una explicación a los mexicanos sobre el destino de unos 105 mil millones de dólares producto de los sobreprecios del petróleo, y que nadie sabe donde fueron a parar.
El significado de estos registros estadísticos es tanto mayor cuanto que los damnificados de la política económica del pasado resiente han sido 52 millones de mexicanos que viven bajo la línea de la pobreza. Porque junto a la estabilización económica, que fue el gran logro de Felipe Calderón (ya si no con los excedentes petroleros) se propuso hace seis años reducir la pobreza e incrementar la salud pública. En estos dos últimos ámbitos los resultados han sido un tremendo fracaso pues al final de su sexenio existen 5 millones de pobres más de los que existían en el principio de su mandato, como también lo ha sido en la reducción de la violencia que sigue padeciendo el país. Tampoco han sido destacables los avances en las reformas reclamadas por algunas agencias internacionales, el FMI de forma subrayada pone énfasis en el sistema energético, la fiscalidad, la justicia o, en general, la propia calidad de las instituciones. La corrupción sigue siendo tan amplia como la inseguridad o el dominio de los narcotraficantes y el crimen organizado.
Los fracasos son algo más que sombras que se proyectan sobre los éxitos económicos convencionales y que no terminan de conceder la desconfianza que merecería una economía de nuestra envergadura. Somos la 14º economía del mundo por su tamaño (un billón doscientos mil millones de dólares norte americanos fue nuestro PIB en el 2011), pero la numero 51 por la calidad de vida de la población (dato de la ONU). Esto nos muestra nuestra realidad, vivimos en un país rico lleno de pobres, en una nación donde el 16% de los mexicanos disfrutan de $80 pesos de cada $100 pesos de riqueza generada por los mexicanos, y un 84% de la población sobrevive con $20 pesos de cada $100 que generamos.
El nuevo Gobierno de México, que encabeza Enrique Peña Nieto, enfrenta varios retos económicos y sociales en un país agobiado por la violencia del narcotráfico.
A continuación se describen algunos de los retos que en la modesta opinión del que esto escribe, enfrentará el nuevo Gobierno.
En economía: Como es bien sabido, la economía mexicana está fuertemente ligada a la de Estados Unidos, destino de alrededor del 80 por ciento de nuestras exportaciones y socio, junto con Canadá, en el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN). El reto inmediato que el nuevo gobierno deberá enfrentar es lo que ocurra con el llamado "abismo fiscal" de nuestro principal socio comercial, consistente en alzas de impuestos y recortes de gastos por 600,000 millones de dólares en el que podría caer Estados Unidos si no hay un acuerdo entre las fuerzas políticas de ese país antes del 1 de enero del 2013. La falta de un acuerdo entre el Gobierno del presidente Barack Obama y el Congreso podría empujar a Estados Unidos a una recesión, arrastrando a México consigo, pues con menos dinero compran menos.
Además, el Sr. Presidente Peña Nieto deberá buscar la forma de apuntalar el crecimiento de la economía mexicana, previsto en alrededor de un pobre 3.5 por ciento para el 2013, en medio de un escenario internacional adverso en el que una solución a la crisis de la zona euro se ve aún lejana. Por otro lado, el país necesita elevar la recaudación fiscal -de las más bajas de América por los altos niveles de informalidad-, la débil administración tributaria y las estrechas bases impositivas. Asesores del Sr. Presidente Peña Nieto han dicho que se buscará una reforma fiscal que amplíe la base de contribuyentes y en la que se eliminen regímenes especiales, pero no han hablado de igualdad tributaria.
En energía: el Sr. Presidente Peña Nieto ha dicho que busca potenciar al gigante estatal Pemex mediante asociaciones con empresas privadas, pero ha enfatizado en que el Estado mantendría la propiedad de los hidrocarburos, un tema sensible entre la población, sobre todo porque las privatizaciones no han significado mejora de las empresas ni de los mexicanos (ferrocarriles). * Pemex, es el séptimo mayor productor de crudo del mundo, ha logrado estabilizar su bombeo de petróleo en 2.5 millones de barriles por día (bpd) pero busca regresar a los niveles de más de 3 millones de bpd que registró hace casi 10 años gracias a los descubrimientos mencionados. * Para lograr ese propósito, el equipo del presidente deberá incentivar una mayor inversión en exploración, así como aumentar la perforación en aguas profundas, donde la empresa ha cosechado sus primeros éxitos en las últimas semanas, pero en la que analistas de la derecha neoclásica dicen que deberá sumar fuerzas con compañías privadas ante la carencia de la experiencia necesaria para desarrollar ese tipo de campos, y opiniones de que Pemex si no se le ordeña en forma inmisericorde como hasta ahora, tiene suficiente capital y conocimientos como para enfrentar la empresa. El nuevo gobierno también enfrenta el reto de desarrollar las posibles grandes reservas en la cuenca de Burgos de "shale gas" (gas de esquisto) y "shale oil" (petróleo en rocas lutitas) que cambiarían el escenario energético del país, pero que requieren millonarias inversiones.
En seguridad: El ejecutivo deberá luchar para reducir la violencia relacionada con el narcotráfico, que ha dejado más de 60,000 muertos en el país en el último sexenio, entre ellos civiles inocentes y niños. Muchos esperan que con el regreso del PRI a la presidencia disminuyan las ejecuciones, que se han vuelto cotidianas sobre todo en algunas zonas del norte del país. Para aplacar la violencia, el Sr. Presidente Peña Nieto ha prometido duplicar recursos en seguridad, crear una gendarmería para poco a poco ir regresando los militares a sus cuarteles y que la Secretaría de Gobernación sea la cabeza que dirija la seguridad interior.
En resumen. Asumir como prioridades básicas la reducción de la pobreza, la consecución de una mejor distribución de la renta y de la riqueza y, al tiempo, plantar cara al crimen organizado, van a ser las verdaderas pruebas del ánimo regenerador del nuevo presidente, con la calidad de vida en deterioro.
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