Luis Barcenas Torres
Gobernar es educar fue el lema de campaña de Pedro Aguirre Cerda Presidente de Chile entre 1938-1941 y, tomando al pie de la letra el compromiso, Aguirre Cerda se dio a la tarea de construir más de 500 escuela y dar un impulso sin precedentes a la educación superior de ese país austral.
Los años transcurridos entre aquel hecho y la actualidad han propiciado una ampliación y profundización del concepto que, el significado de esas tres palabras, va mucho más allá de la acción propiciadora de la enseñanza escolarizada para trascender a la acción misma de gobierno.
Hace tiempo, mi compañero de café, Pepe Purata, comentaba haber escuchado de un gobernante electo su propósito de "construir ciudadanías" como una de sus metas a largo plazo. Ciertamente, aunque la ley prevé la constitución de consejos de participación social en algunas tareas de gobierno, hace falta llevar la acción ciudadana más allá de las tareas de decisión, para involucrarlos en las acciones que generen una mejor calidad de vida.
Los gobernantes tienen el deber ser no solo un modelo de conducta, sino además utilizar el poder que tienen para modificar pautas de comportamiento social y así lograr formas de convivencia más armónicas y progresistas. En un artículo anterior comentaba como en algunos países los gobiernos se han dado a la tarea de desarrollar campañas destinadas a moldear la conducta social, Ecuador lo hizo por la puntualidad cuando descubrió horrorizado que el país perdía 2500 millones de dólares anuales por la impuntualidad de sus habitantes; en Singapur se hizo para concientizar a la población de los perjuicios de tirar chicles o escupir en la calle, ahora se multa a quien lo hace.
Formar ciudadanos más competentes y cívicamente más comprometidos mediante la participación en las responsabilidades colectivas es un imperativo moral de todo gobernante. Sin embargo, son cada vez más los gobernantes que eluden ese compromiso porque necesariamente llamar a la participación ciudadana requiere poner a prueba la capacidad de liderazgo y muchos dudan tenerla.
Es por eso que esperar, cuando menos, una campaña que involucre a comerciantes y vecinos en la limpieza de las calles y banquetas de ciudad, es esperar en vano. Para los nuevos alcaldes todas sus acciones están sujetas a la existencia de presupuesto, jamás emprenderán una campaña amplia y profunda que nos convenza de la necesidad y conveniencia de tener una ciudad limpia porque temen ser ignorados y vaya que, para una campañita así, no se necesita demasiado dinero, solo imaginación, ganas de trabajar y . . .liderazgo.
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