Felipe de Jesús González
Odiada por sus enemigos, amada por los dirigentes de las 54 secciones magisteriales del país, la maestra Elba Esther Gordillo en realidad resultó más fuerte que nunca. En el VI Congreso Nacional Extraordinario del SNTE fue elegida por sufragio directo, depositado en urnas, por más de 3 mil delegados --que a su vez fueron seleccionados en sus respectivas sedes sindicales de todo el país--. Así que quienes deseaban su pronto retiro van a tener que esperar.
A Elba Esther suele juzgársele desde la perspectiva de ser el protagonista político que más percepciones negativas acumula. Pero como todo personaje público, tiene sus ventajas y sus desventajas, sus luces y sus sombras, sus blancos y sus negros. Lo que es indiscutible es que es una mujer poderosa, que desata pasiones, generalmente en contra.
A ella le ha tocado interactuar con cuatro presidentes de la República (Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón). A todos ellos se les dificultó vertebrar una política educativa a su modo, por la fuerte presencia del SNTE. Durante estos años ha habido una serie de excesos por parte del sindicato, que han impedido muchas de las transformaciones que requiere el sistema educativo nacional. En este tiempo, la venta de plazas en las delegaciones sindicales ha obstaculizado un verdadero proceso de mejora en la calidad educativa. Las resistencias gremiales han entorpecido la corrección en las normales del país.
Varios secretarios de Educación han confrontado a Elba Esther, pero sus intentos por desplazarla fueron inútiles, como le ocurrió a Josefina Vázquez Mota, con quien todavía este año, durante la campaña presidencial, tuvo diferencias públicas. Otro que la combatió en su momento fue el ex dirigente nacional del PRI, Roberto Madrazo Pintado. Y así le fue. Ella se vio obligada a renunciar a su militancia priista, pero Madrazo no llegó a ser el Presidente de la República.
Pero los últimos acontecimientos ocurridos en el estado de Michoacán, donde la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) ha sido capaz de paralizar al estado, lo mismo que ha ocurrido en reiteradas ocasiones en Oaxaca, no han hecho sino subrayar las diferencias entre la forma de actuar de ambas organizaciones y el rol que le ha tocado jugar a esta profesora originaria de Chiapas, hija de una maestra, que hizo su carrera sindical en el Estado de México.
Me imagino que cuando un gobernador observa los enardecidos conflictos que ocasionan los maestros de Oaxaca y los aprietos que sufrió el gobierno de Michoacán durante las últimas semanas, seguramente piensan -muy a su pesar en algunos casos-- que prefieren tratar con Elba Esther que con esa amalgama de corrientes políticoideológicas que conforman la CNTE, fundada, por cierto, entre otros, por el profesor René Bejarano.
Al revisar los resultados del reciente Congreso Nacional del SNTE, que terminó encumbrando a Elba Esther al menos por otros seis años, seguramente el presidente electo Enrique Peña Nieto tiene ahora una perspectiva mucho más clara de la relación que habrá de sostener con uno de los sindicatos más poderosos de América Latina y con su lideresa. Y sólo hay dos opciones: o la confronta o hace una alianza con ella. Si la combate, habrá que ver de qué cuero sale más correa. Si se alían, ya se verá si es para mejorar la calidad educativa del país o sólo para llevar la fiesta en paz.
Afortunadamente no falta mucho para saber la respuesta.
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