Alejandro Zapata Perogordo
Hay quienes sostienen que la etapa materialista y de avance tecnológico se comienza a agotar y se abrirá la puerta para entrar en el terreno artístico.
Ello no implica la culminación en la investigación, en los adelantos científicos, continuar con los descubrimientos y el aprovechamiento de herramientas modernas que ahora son necesarias en la vida cotidiana de cualquier persona.
Por el contrario, esa cuestión ya la damos por hecho, nos acostumbramos a ello, se encuentra dentro de lo que llamamos normal, superamos la capacidad de asombro y el impacto generacional entre quienes jugábamos a las canicas y los niños cibernéticos de ahora.
Siguiendo por esta línea, encontramos como uno de los efectos sociales con gran arraigo, se concentra en la búsqueda de riqueza económica, su principal preocupación es conseguir a toda costa dinero. A muchos se les olvida que eso solamente es un medio en la consecución de bienes; el trabajo dignifica, nos permite ingresos y tener sanas aspiraciones para elevar la calidad de vida. Sin embargo la degradación de una parte de la sociedad, alterando su tejido e impulsando una descomposición, nos invita a la reflexión.
Estamos observando como algunos, en el desmedido afán de la acumulación material no les importa a quien se golpea o sobre quienes se tenga que pasar, para muchos no es óbice como se consiga, si se engaña, se roba o inclusive se mata a otros. En otras palabras, han surgido muchos demonios que ahora andan sueltos.
La historia registra muchos episodios basados en la Ley del Talión, el uso de la fuerza, del poder, la carencia de los escrúpulos, de los valores y las acciones sustentadas en la ambición, la avaricia y el placer que les produce la crueldad y provocar temor, para someter a los demás. Lo anterior ocurre cuando las sociedades son frágiles y desorganizadas, aunado a autoridades poco eficientes, con vicios e instituciones socavadas.
Sin duda, es un proceso por el que estamos transitando y se requiere transformar el escenario. Para ello resulta indispensable incursionar a una etapa de concientización social. El punto principal consiste en establecer las prioridades, tanto de aquellas necesarias para el fortalecimiento social, como la forma de actuar del Estado.
Resulta insuficiente la imposición de reglas de conducta que en apariencia decidieran por si solas la convivencia armónica de la sociedad, si no existe en la comunidad la convicción de su conveniencia, como tampoco son de utilidad si la autoridad no las aplica.
En consecuencia el primer paso consiste en cambiar las apariencias para poner las cosas en la realidad. Estamos en un círculo vicioso que debemos romper. Una sociedad débil, temerosa, desconfiada, con pocos valores, una parte de ella, complaciente, coludida, complicada y hasta obliga a ser aceptada, mientras por otra parte, un gobierno distante, una Policía infiltrada, corrompida, frágil y desdeñada. Es obvio que el panorama es desalentador.
Creo que la única forma de construir es dando paso a los valores humanistas, elevar los principios, desterrar lo antiético, evolucionar en el sendero de la perfección y la búsqueda permanente de la felicidad.
Vamos a dar el paso. Vamos tomando el camino al humanismo.
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