Domingo, 08 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 12 de Mayo al 19 de Mayo 2011

Amor confinado

Amor confinado

César Cedillo



Cada 10 de Mayo, la tradición se apodera de los corazones de las personas y hacemos a las madres objeto de todo aquello que se nos ocurre en su honor: serenatas, flores, tarjetas, invitaciones a comer, y por qué no, hasta obsequios un tanto costosos: Una joya, una televisión de alta tecnología o hasta un viaje para que vaya de vacaciones según la economía de cada quien. Sin duda, eso y más se merecen nuestras mamás.

Hay sin embargo, un puñado de mujeres que debido a las circunstancias de la vida permanecen aisladas, sujetas a un ambiente diferente que al grueso de las madres, personitas que durante esta celebración tuvieron muestras de cariño acotadas, y sujetas sólo al horario de un retiro no siempre voluntario, al de un asilo.

Lejos del bullicio citadino y de los festivales escolares, 22 mujeres alojadas en el edificio “Josefina Gaona de Madrazo” de Ciudad Valles, tuvieron una celebración sin mucha novedad, al igual que hace años sólo un grupo de personas altruistas las visitó como parte de sus campañas permanentes, miembros de algunas organizaciones religiosas y llamadas telefónicas de familiares dieron alegría a las inquilinas del refugio.

Sin embargo, las visitas que ellas esperaban simplemente no se concretaron: las de sus hijos. Algunas afortunadas tuvieron sólo llamadas telefónicas de sus vástagos, breves minutos que para ellas resultaron como si hubiesen estado presentes, lamentablemente esas son las condiciones en las que viven, se conforman con algunos momentos de atención de quienes consideran sus seres más importantes.

Para la señora María González Martínez, el 10 de Mayo tuvo algunos chispazos de felicidad, y es que aunque dice sentirse muy cómoda por la atención que recibe en el asilo, fue un telefonema de sus hijos lo que le hizo sonreír, “hoy estuve muy contenta porque me hablaron desde Puebla mis muchachos, platiqué con ellos, les dije que vinieran pronto por mí y que los extraño demasiado”, mencionó. Con 77 años cumplidos, ingresó en marzo de 2009 al asilo proveniente de la Delegación de Rascón en donde al vivir sola no tenía los cuidados necesarios.

María relató que desde muy temprano les cantaron Las Mañanitas por el Día de las Madres, les llevaron pastel y hasta pudieron comer un exquisito mole, sin embargo, nada le gustó tanto como el hecho de que se hayan acordado de ella, “ellos me vienen a ver de vez en cuando, yo les digo que quiero regresar a mi casa pero me dicen que por el momento siga aquí, yo confío en que ellos vengan y regresemos a vivir como antes”, abundó la huésped del asilo de ancianos.

Para la Sra. Sara Ríos Pañola quien funge como administradora, las 22 mujeres alojadas en el lugar hacen un gran esfuerzo por mantenerse activas y lúcidas, sin embargo menciona que por la edad la gran mayoría ha perdido la sonrisa, además que las afectaciones de salud las lleva en ocasiones a tener algunos cuadros de depresión, “pese a que todas son personas mayores podemos decir que su estado físico es aceptable, reciben sus consultas, siguen al pie de las letras sus tratamientos y actualmente no tenemos a alguien que esté en cama, pero lo que realmente quieren es que las vengan a visitar, eso les levanta mucho el ánimo y termina siendo el mejor de los sedantes”, refirió.

El Día de las Madres no pasó inadvertido en el asilo, los rostros de tristeza de algunas se borraron por un momento para dar paso a las sonrisas y la alegría de recordarse creadoras de vida.

En torno de un lugar que podría parecer gris y depresivo, los huéspedes del refugio mantienen la esperanza de una vida mejor, no es quizá con lo que soñaron, pero aquí se encuentran con otros corazones que al igual que ellas siguen ávidas de dar amor a hijos y nietos.

Extrañan las reuniones familiares y las casas llenas de niños corriendo, las mujeres del asilo no claudican en su intento de retomar la vida que alguna vez disfrutaron, y que ahora por cuestiones del destino se les está negando.

Hay algunas de ellas que posiblemente no lo consigan, y es que hace años que no reciben una visita, dejadas a su suerte por hijos ingratos que las llevaron dando como referencia direcciones y teléfonos que no existen.

Sin embargo no se rinden en su intento, y cada una de ellas está comprometida a ser feliz, y así parecer ser, ya que al ingresar a los patios del asilo lo primero que se escuchan son risas en forma de carcajadas, mujeres que tienen en su entereza el único argumento para salir adelante.

Con tan grande potencial de ternura en un solo lugar, sería imposible cuantificar el cariño que reúnen estas 22 mujeres, el asilo puede considerarse entonces un almacén de emociones, deposito de vivencias en donde la pasión por la familia lo supera todo y en donde irremediablemente, el amor se encuentra confinado.

 


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