Jueves, 19 de Febrero de 2026
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO
Semana del 20 de Febrero al 26 de Febrero de 2026

El día que Ciudad Valles miró hacia lo alto

El día que Ciudad Valles miró hacia lo alto



En una ciudad que por unos minutos miró hacia lo alto, la lección fue clara: cuando todo parece pender de un hilo, basta una palabra, una cuerda y una voluntad firme para devolver a alguien al suelo... y a la esperanza.

La escena quedó grabada en la memoria colectiva de Ciudad Valles. La tarde avanzaba como cualquier otra hasta que la mirada de muchos se elevó hacia lo alto de la antena de Stereobit, ubicada sobre la avenida Ejército Mexicano. Allí, a casi cien metros de altura, un joven había escalado sin equipo de protección, sin red, sin más sostén que su propio cuerpo y, quizás, el peso invisible de una crisis emocional que lo llevó hasta ese punto.

Lo que pudo convertirse en tragedia terminó siendo una historia que exhibe el lado más humano de quienes, día a día, visten un uniforme no para lucirlo, sino para servir. Autoridades consideraron el hecho como un probable intento de suicidio. Sin embargo, más allá de la etiqueta oficial, lo cierto es que un ser humano estaba en riesgo, y otro grupo de seres humanos decidió no mirar hacia otro lado.

Miguel Ángel Tejeda, coordinador de Socorros de la Cruz Roja Delegación Ciudad Valles, relató con serenidad lo ocurrido. "Entre semana se recibió el reporte a la base de una persona que estaba aquí en la antena... al llegar al lugar se verificó que sí había una persona", explicó. La altura no era menor: alrededor de cien metros, quizás más. "Se ve a simple vista que es algo fácil, pero a ciertos metros ya el cansancio, el calor...", describió, dejando entrever que no solo el joven enfrentaba el riesgo, sino también quienes subirían tras él.

Al sitio acudieron elementos de Protección Civil, Bomberos y Policía Municipal. La coordinación fue inmediata, pero no impulsiva. "No pudimos tener contacto directo con la persona, estaba a cierta distancia, por lo cual se hizo un plan de trabajo para tratar primero de tener comunicación con él y dialogar", señaló Tejeda. La prioridad no era imponer, sino convencer; no era bajar un cuerpo, sino rescatar una vida.

El primer contacto lo estableció el subcomandante de Bomberos, Fabián Ujum. Hubo diálogo, hubo escucha. No hubo brusquedad. "Se estuvo dialogando con él... sin necesidad de extraerlo de una manera brusca; ese era el primer plan", comentó. El joven pidió ciertas condiciones para descender: que se retiraran algunas autoridades, sentirse en confianza, recibir atención médica y que se contactara a su familia. Sus peticiones no eran caprichos; eran señales claras de alguien que necesitaba ser escuchado.

La labor no se limitó al rescate físico. Intervino también el área de apoyo psicosocial. "Nos abarcó dos áreas: lo que es el área de rescate vertical, que es una especialidad de Cruz Roja, y el área de apoyo psicosocial a la población", explicó el coordinador. La técnica y la empatía caminaron juntas. Las cuerdas eran tan necesarias como las palabras.

Subir hasta lo más alto implicaba exponer la propia vida. "Se tiene que tener cierta preparación... nos mandan a cursos ya sea a la capital o a México", detalló Tejeda. Son capacitaciones que duran de dos a cuatro días, impartidas por instancias especializadas. Nada es improvisado cuando se trata de intervenir en escenarios de alto riesgo.

Sin embargo, incluso con preparación, la realidad siempre pone a prueba. "Creo que ha sido el servicio más alto que me ha tocado", reconoció. Llevaban una cuerda de cien metros, pero no fue suficiente: "Traíamos una de cien y todavía le faltaba... eran ciento diez". La anécdota, contada casi con naturalidad, revela una lección profunda: siempre puede hacer falta más equipo, más capacitación, más recursos.

Y ahí aparece otro llamado, uno que trasciende el momento del rescate. "Se les invita a apoyar a las colectas... para nosotros lograr tener el equipamiento adecuado", expresó. Los cuerpos de emergencia se preparan, viajan, se capacitan, pero requieren del respaldo social. Sin equipo no hay rescate; sin comunidad no hay institución que resista.

Más allá del dramatismo de la escena, este episodio obliga a mirar de frente un tema incómodo: la salud mental. "Se les invita más que nada a los padres de familia... o a nosotros como ciudadanos, ver que alguno de nuestros miembros de familia cruza alguna situación emocional, tratar de brindarle el apoyo para que no llegara a estos extremos, no tomarlo como algo equis", enfatizó Tejeda. La prevención empieza en casa, en la conversación cotidiana, en no minimizar señales de alerta.

El joven descendió con vida. Fue atendido. La historia no terminó en una sirena fúnebre, sino en un abrazo colectivo invisible. No hubo aplausos masivos ni reflectores permanentes. Solo la certeza de que, por encima del miedo y la altura, prevaleció la decisión de acompañar.

Este rescate deja más que una anécdota para el anecdotario de los cuerpos de auxilio. Deja una pregunta abierta a la sociedad: ¿estamos haciendo lo suficiente para cuidar la salud emocional de quienes nos rodean? También deja una certeza: detrás de cada uniforme hay personas que, como cualquier ciudadano, sienten temor, pero que aun así suben cien metros para decirle a alguien que su vida vale.

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