Jueves, 19 de Febrero de 2026
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El gusano barrenador pone a prueba a la ganadería

El gusano barrenador pone a prueba a la ganadería



En Tamuín y la Huasteca, el mensaje es claro: el gusano barrenador volvió, pero también volvió la determinación de enfrentarlo.

El regreso del gusano barrenador no es solo una noticia técnica ni un asunto exclusivo de veterinarios. Es una alarma que resuena en los corrales, en los potreros y en la economía de cientos de familias que dependen del ganado para subsistir. Después de casi cuarenta años de haber sido erradicado en esta región, el parásito vuelve a poner en tensión a la cuenca ganadera más importante de San Luis Potosí.

Tamuín, junto con municipios como Ébano, San Vicente y San Martín Chalchihuautla, ha sido declarado zona afectada tras la confirmación de casos aislados. La presencia de la mosca que provoca el gusano barrenador obligó a reactivar protocolos que parecían parte del pasado.

"Las autoridades están coordinadas con nosotros como asociación ganadera", explica Roberto García Nales, presidente de la Asociación Ganadera Local de Tamuín. La respuesta no se hizo esperar. Uno de los primeros ajustes fue retomar el baño de inmersión como medida obligatoria para el ganado que se moviliza. "Volvimos al baño de inmersión... están viendo que el ganado en baño de aspersión no resultó, entonces el ganado se tiene que bañar en inmersión", detalla.

El cambio no es menor. El baño por inmersión implica infraestructura, costos y logística, pero también mayor eficacia en la prevención. La meta es clara: evitar que la mosca deposite sus huevecillos en heridas abiertas del ganado, donde las larvas comienzan a devorar tejido vivo.

Hasta ahora, los casos registrados han sido aislados. "Han sido casos aislados de gusano barrenador... el ganado no murió, el ganado fue tratado y salvado en su momento", afirma García Nales. Sin embargo, la simple aparición de dos o tres brotes fue suficiente para que la región cambiara de estatus sanitario.

El riesgo no es solo biológico, es económico. Una región etiquetada como afectada enfrenta restricciones en la movilización de ganado hacia otros estados. Ahora, cualquier res que salga debe cumplir con el protocolo de baño de inmersión. Esto representa tiempo, dinero y controles adicionales.

Más allá de las cifras, la preocupación es profunda. La ganadería en Tamuín no es un negocio aislado; es el sustento de familias enteras. Es empleo rural, es comercio, es transporte, es alimento. Un brote descontrolado podría generar pérdidas severas.

El dirigente ganadero insiste en la responsabilidad compartida. "Lo que tenemos que tener mucho cuidado es ver cualquier brote que ocurra... puede ocurrir en una herida, en un ombligo, en un areteo; luego luego tratar de medicarlo con ivermectina y echar Negasunt a la herida y comunicarlo a las autoridades o a nosotros". La clave está en la detección temprana y la notificación inmediata.

La estrategia incluye brigadas permanentes por parte de las autoridades sanitarias, así como el envío de mosca estéril para frenar la reproducción del insecto transmisor. Es una técnica probada que busca romper el ciclo biológico del parásito.

Pero García Nales no evade el tema de fondo: la necesidad de disciplina entre los propios productores. "Aquí lo que hay que pedirle a los productores es que traten de que el ganado no se vaya a algún lado por algún hoyo que tengamos en la seguridad... que sean honestos, que nos digan si traen algún indicio de gusano para que esto no se propague más". El llamado es directo y sin rodeos: la omisión puede salir más cara que el reconocimiento oportuno.

El escenario se vuelve aún más incierto con la llegada del calor. Las altas temperaturas favorecen la proliferación de insectos, y el temor es que los casos aumenten. "Estamos esperando los calores para ver cómo reacciona este asunto... pero esperemos en Dios que todos los productores nos agarremos bien y tratar de controlarla", señala.

Las autoridades federales y estatales han instalado mesas de trabajo y reforzado la coordinación. Desde el envío de mosca estéril hasta la supervisión de movilización, el blindaje sanitario está en marcha. Sin embargo, ningún protocolo es infalible si no cuenta con la colaboración del sector productivo.

El gusano barrenador no distingue tamaños de rancho ni volúmenes de producción. Puede aparecer en el pequeño productor y en el gran establo. Por eso, más que una crisis declarada, lo que vive hoy la Huasteca es una etapa de vigilancia intensiva.

La historia demuestra que la erradicación fue posible hace décadas. Hoy, el desafío es contener antes que lamentar. En esta batalla no hay espacio para la indiferencia. Cada herida revisada, cada baño aplicado y cada reporte oportuno pueden marcar la diferencia entre un brote controlado y una crisis regional.

La ganadería potosina está en alerta, pero no está sola. Productores, autoridades y asociaciones saben que el campo no resiste improvisaciones. La defensa sanitaria no es solo técnica; es un compromiso colectivo con la economía rural y con el alimento que llega a miles de mesas.

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