Alejandro Zapata Perogordo
El tema de la corrupción sigue en el tintero como simple retórica, se habla mucho y aún no se aterriza nada. Si bien, este fenómeno, por cierto, bien arraigado en estas tierras mexicanas, se le comenzó a combatir en los dos sexenios anteriores, ahora parece que ya no es prioridad.
Los niveles de corrupción que llegamos a padecer y que aun hoy surgen a diario, son verdaderamente lapidarios. En un principio creímos que con solo abrir la información pública sería un mecanismo de control social para abatir los márgenes de operación institucionalizada, pero nos percatamos que era insuficiente. Los gobiernos por naturaleza son opacos, le sacan la vuelta, utilizan sus argucias, para evitar a toda costa que se conozca la información pública, inclusive llegar a coptar a los organismos estatales. En fin ese diseño ha funcionado a medias.
El otro punto, consistía en armonizar la legislación contable, ya que cada estado y municipio lo hace a su manera, mientras más complicado mejor, así pueden enfrentar a las auditorias, pues es casi imposible desenmarañar los enredos de las administraciones locales. Después de varios años de intentos, por fin, salió la Ley de Contabilidad Gubernamental, ahora falta aplicarla.
Donde eran más notables los avances, es en la Secretaria de la Función Pública, ya que su diseño consistía en la vigilancia, el control y el fincamiento de responsabilidades, en su caso. Ahora con la nueva administración, esta área ha quedado desmantelada, cada titular de alguna dependencia, dígase, Secretarias, órganos desconcentrados, descentralizados, etc., todas, nombran a la persona que debe vigilarlos, por lo tanto dependen de aquellos que son vigilados. Es obvio que esta reforma da al traste con lo avanzado, a menos que se integre un órgano autónomo fiscalizador, lo que hasta la fecha no ha ocurrido.
No obstante lo anterior, en la actualidad no existe diseño, modelo o estrategia alguna para combatir la corrupción. Lo único real que hay, son propuestas para discutir, presentadas como iniciativas ante la Cámara de Senadores, en la por cierto, no tienen acuerdo y si divergencias.
Es completamente fuera de orden el quitar una institución dedicada a combatir la corrupción, con todos los defectos que pudiese tener, sin contar con otra que la sustituya con mayor eficacia. Todos los días salen denuncias en los medios de comunicación de casos de corrupción y, no se cuenta con una estrategia, ni un diseño para enfrentarlos. Así en múltiples ocasiones, cuando se detiene a una persona por un caso de corrupción, para como están las cosas, se piensa mas en una persecución política, en un ajuste de cuentas o actos de venganza, que en un verdadero ejercicio de aplicación de la justicia.
En esta semana aquí en México, se va a tratar el tema de la corrupción, dentro de los trabajos del IV foro de consulta de Presidentes de los Parlamentos de los países miembros del G 20, como complemento de la reunión de Jefes de Estado del grupo de los veinte, llevado a cabo el año pasado en Baja California Sur.
La interrogante que surge, ¿cuál es la posición de México?, si lo poco que había ya se desmantelo. ¿Dónde está la estrategia?, ¿cuál es el diseño para combatir con eficacia la corrupción?
En realidad nos estamos quedando sin nada en ese rubro, debíamos estar impulsando el servicio civil de carrera, la cultura de la legalidad, la mejora en la gestión pública, pero no se observan acciones efectivas en un punto sensible, tanto en lo interno como en el exterior.
Entiendo, sin pretender justificar, que a los gobiernos no les agrada la fiscalización, por el contrario, les molesta, sin embargo es esencial para la salud de cualquier administración. Que en estos momentos estemos cojeando de ese pie, es motivo de preocupación, el discurso debe sostenerse con las acciones, ya no mas el tropiezo con la misma piedra y menos caer en el refrán popular: " en casa del herrero, azadón de palo".
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