Domingo, 08 de Febrero de 2026
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Semana del 29 de Abril al 05 de Mayo de 2011

¿Apoco no cala...? La fuerza de la injusticia

¿Apoco no cala...? La fuerza de la injusticia

Alejandro Zapata Perogordo



Los norteamericanos tienen un dicho popular que dice: "no hay mejor solución que aquella proveniente del dolor". Esta frase tiene su sabiduría, pues cuando existe sufrimiento, profundizamos en las causas de los problemas; esto nos hace ver las cosas desde diferentes ángulos, y ampliando los criterios procuramos observar en toda su dimensión el bosque, por así decirlo.

El sentimiento más doloroso, es cuando reconocemos la existencia de un acto de injusticia, cuando un hecho se ha realizado de una forma indebida, atentando contra los más elementales principios de la dignidad, con abuso, con exceso, aprovechándose de la debilidad de uno o bien actuando otros bajo la prepotencia de una superioridad. Cuando se causa un daño sin merecerlo es suficiente para sacar fuerzas de flaqueza y reaccionar.

Así, hemos visto a las madres de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez, el movimiento femenil vestido de blanco en Cuba exigiendo la liberación de los presos políticos, y últimamente en nuestro país: el éxito de la película "Presunto Culpable".

Existen muchos casos indignantes en contra de personas inocentes, mismas que se ven agraviadas en muy diferentes formas, estos hechos han constituido verdaderos motivos para que la sociedad en su conjunto actúe y reclame justicia.

Siempre hemos tenido la creencia que las injusticias provienen de la autoridad, que impone su fuerza y somete a los gobernados, sin embargo, en las sociedades modernas nos percatamos que el origen puede ser producto de la descomposición social, de la enorme ambición por el dinero y el poder, por la perdida de valores, por el disfrute temporal de los bienes terrenales y el que los mas bajos instintos animales salgan a flote.

Esos actos producen ingobernabilidad, dejan a la gente en un estado de impotencia, limitando sus libertades y el orden social establecido. El problema no se reduce a saber como es posible que exista un orden social y bajo que condiciones se produce, sino el observarlo bajo la perspectiva de concebir un orden social superior capaz -o incapaz- de garantizar las libertades individuales.

Eso no es posible sin la participación de la sociedad, debemos preguntarnos ¿qué queremos?, hemos incursionado a una etapa de crisis en seguridad, sus causas y el problema de injusticia que además produce lamentables daños colaterales, nos ha indignado profundamente.

Tenemos el sentimiento de estar atrapados, por una parte, no queremos un estado militarizado, pero tampoco deseamos que el Estado le afloje, si que mejore sus estrategias, que las perfeccione, que sea más eficaz y que ponga orden.

Mientras ello ocurre, continuamos enterándonos de secuestros, extorsiones, levantones, homicidios, balaceras, robos, amenazas y más.

Cada vez vemos mas jóvenes participando en actos criminales, bajo la filosofía de -más vale vivir poco pero bien, que muchos años jodido-. Es la doctrina del existencialismo, la de vivir el momento, solo que ellos lo hacen cometiendo injusticias en contra de los demás, sin importar el daño que ocasionan. Me parece más un afán de venganza y rencor social, seguramente derivado de carencias, complejos y cobardía.

La sociedad no puede quedarse como simple espectador ante tanta injusticia, por dentro estamos hartos, pero también motivados a actuar. No nos corresponde perseguir delitos, nos toca sensibilizar a los demás, exigir a las autoridades que cumplan su deber, que combatan la corrupción y estar al pendiente de que la ley se cumpla.

La fuerza de la sociedad debe servir para cambiar el estado de las cosas que hoy prevalece, máxime cuando las injusticias las vemos a diario. De nosotros depende si queremos vivir subyugados, temerosos, amedrentados y pasivos o bien, en una nueva relación entre el orden social, las libertades y la justicia.

 


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