Víctor Manuel Tovar González
La preocupación del primer mundo por el medio ambiente, que se despertó en los años setenta, le acompañó la desconfianza de los pueblos pobres que la veían como un problema de los “hartos del mundo”, mientras para los países pobres los verdaderos problemas, que condicionaban la salud, era, y siguen siendo el hambre y la miseria. Una reflexión autocrítica en el Norte y una consideración más detenida desde el Sur, vienen superando el desencuentro. Pero los pobres y los países pobres cargan con muchos de los costos del progreso del Norte. Las formas más severas de privación humana derivadas del daño ambiental se concentran en las regiones más pobres y afectan a los habitantes más pobres, incapaces de protegerse.
Este mundo en que vivimos es un escándalo moral que reclama la corrección de la explotación y del abandono que pesa sobre los empobrecidos. Un encuentro de lo medioambiental con lo social, significa para nosotros cambiar el ángulo de la mirada, y “mirar desde abajo”. Se hace preciso el crecimiento de la “conciencia de especie”, la consideración de que todos los humanos formamos parte de la misma especie, y la ampliación de la idea de prójimo, porque prójimo no es sólo el vecino próximo, hay también un prójimo lejano.
Una “Ecología Política de la Pobreza” pasa por reconsiderar lo que ha sido el concepto lineal de progreso que, en el ámbito cultural en que vivimos, nos viene, prácticamente, de la Industrialización. Ese concepto mantiene la creencia de que al progreso “técnico-material” le sigue, siempre y necesariamente, un progreso “espiritual o moral”. Hoy tenemos suficiente evidencia histórica como para decir que eso es falso, y por desgracia nuestro México es una mala muestra, somos un país con un PIB de poco más menos el billón de dólares y sin embargo un tercio de la población vive en la miseria y, otro tercio en la pobreza. El 20% de la población acapara el 85% de la riqueza.
Debemos rectificar la creencia de que eso que llamamos “civilización europea o norteamericana”, es mejor o superior a cualquier otra que haya existido en el planeta. Eso es una equivocación metodológica: no hay civilizaciones superiores a otras, porque no hay posibilidades de comparar en términos tan generales. La experiencia dice que cada vez que uno cambia de lugar o de país, siempre encuentra en las otras culturas que desconoce algo, en lo que ni siquiera había pensado, que resulta no sólo interesante sino que le hace pensar hasta qué punto aquello no es mejor que lo suyo propio.
Desde la Ecología Social de la Pobreza debemos reconsiderar lo que ha sido La pobreza, la enfermedad y la degradación ambiental que amenazan directamente la estabilidad mundial. Así de contundente se pronuncia el informe Signos vitales 2003 elaborado por el Worldwatch Institute de Washington y que ya ha sido editado en español. Esta prestigiosa institución independiente, que logra que sus informes estén en la mesita de noche de todos los líderes mundiales, facilita anualmente un documentado retrato sobre el estado del planeta.
Mientras la economía mundial ha crecido siete veces desde 1950, la desigualdad en la renta per cápita entre los 20 países más ricos y los 20 más pobres se ha doblado desde 1980. ‘La incapacidad para reducir los niveles de pobreza contribuye a una inestabilidad que se expresa en el terrorismo, la guerra y las enfermedades contagiosas’, afirmó el director del proyecto Signos vitales, Michael Renner. ‘Un mundo inestable --añadió-- no sólo perpetúa la pobreza, sino que amenaza la prosperidad que ha logrado la minoría rica’.
Los datos que maneja el Worldwatch son escalofriantes. 815 millones de personas --mayoritariamente del sur de Asia y del África subsahariana-- pasan hambre siempre. La mayor parte de los cereales no se venden para la alimentación de las personas, sino para el ganado. Y en los países industrializados se consume tres veces más carne que en los pobres.
El informe advierte de que la economía “se gestiona contra los intereses de los pobres”. Así, recuerda que los 370.000 millones de Dólares anuales que los países ricos dedican a la agricultura logran abaratar los productos entre un 20% y un 50% por debajo del costo de producción de esos mismos productos en los países sureños (un incremento de la oferta disminuye el precio), en perjuicio de los agricultores pobres que ya no pueden competir. Esta dinámica conlleva que en algunos países --el informe cita a México, Perú y Colombia-- los agricultores apuesten por cultivos de opio, coca o cannabis.
La ecología política de la pobreza hace observar que se está abriendo un nuevo flanco en el enfrentamiento entre países ricos (muy industrializados y muy competitivos) y países empobrecidos (cada vez más identificados con las reservas ecológicas del planeta o, en su defecto, con centros de producción de drogas ilegales). Subraya cómo algunas de las instituciones monetarias internacionales propician algo así como un trueque-principio -de-siglo: deuda externa por ecología. Pero solo en países muy pobres, el nuestro considerado emergente que da fuera de estas políticas.
La gran tarea de la ecología política de la pobreza y del ecologismo social e internacionalista de los próximos tiempos será seguramente aprender a moverse, a ambos lados del Atlántico, evitando dos escollos: el neocolonialista y el neonacionalista. Lo cual no va a ser nada fácil, desde luego. Pues el malestar de la cultura y la ausencia de expectativas hacen que mucha gente se vuelva contra sus vecinos; y las grandes migraciones del principio de siglo parecen estar convirtiendo a la xenobofia en la ideología funcional del capitalismo triunfante.
En suma, lo que la ecología política de la pobreza viene a decirnos es que no se puede seguir viviendo como se ha vivido en las últimas décadas, por encima de las posibilidades de la economía real y contra la naturaleza. Que el modo de vida consumista de los países ricos no es universalizable porque su generalización chocaría con límites ecológicos insuperables. Y que en nuestro mundo actual ser sólo ecologistas es ya insuficiente. Para hacer realidad lo que ahora es todavía un proyecto, un horizonte, la ecología política de la pobreza, surgida en los países empobrecidos, tiene que enlazar con las personas sensibles del mundo rico y convencer a las buenas gentes de que la reconversión ecológico-económica planetaria del futuro obliga a cambios radicales en el sistema consumista hoy dominante en casi todo el mundo industrialmente avanzado. Pues el desarrollo sostenible implica cierta autocontención y la autocontención implica austeridad. Pero para que “austeridad” sea una palabra creíble para las mujeres y varones del mundo empobrecido es necesario que antes, o simultáneamente, seamos austeros quienes hoy vivimos del privilegio.
Pero recuerde. La mejor opinión es la de Usted.
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