Héctor de Luna Espinosa
Hay algo que todos tenemos en común: queremos tener control de nuestra vida. Hacemos planes, trabajamos, cuidamos a nuestra familia y tratamos de tomar buenas decisiones, pero tarde o temprano descubrimos que no podemos controlar todo. Hay circunstancias que nos superan, momentos en los que nos sentimos débiles y situaciones en las que simplemente no sabemos qué hacer. Y entonces surge una pregunta: ¿quién puede sostenerme cuando yo ya no puedo?
En la Biblia, Judas termina su pequeña carta, que es de un solo capítulo, con las siguientes palabras en los versículos 24 y 25, que dice: "Y aquel que es poderoso para guardaros sin caída y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén".
Me encanta que Judas no diga: "A ustedes que son suficientemente fuertes para mantenerte firmes". Hablando de Dios, dice: "Aquel que es poderoso para guardaros". Nuestra esperanza no está en que nosotros seamos suficientemente fuertes; está en que Dios es poderoso.
Quizá estás escuchando esto o leyéndolo y has intentado cambiar algunas cosas de tu vida, pero vuelves a caer en lo mismo. Tal vez has hecho promesas que no pudiste cumplir. La buena noticia del evangelio es que Dios no vino para decirnos simplemente: "Esfuérzate más". Dios vino a nuestro encuentro. Jesús murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó para darnos una nueva vida.
Por eso, Judas dice que Dios puede presentarnos sin mancha delante de su gloria, no porque nosotros nunca hayamos pecado, sino porque Cristo cargó con nuestro pecado. La salvación no consiste en que nosotros logremos llegar hasta Dios por nuestros propios méritos; consiste en que Dios, por medio de Jesucristo, abrió el camino para que nosotros pudiéramos volver a él.
Y esto es importante tanto para quien ya conoce a Cristo como para quien todavía no le conoce. Si ya eres Cristiano, recuerda esto: tu vida no está sostenida solamente por tu fuerza. Dios es quien te guarda. Cuando estés fuerte, confía en él, y cuando estés débil, confía todavía más en él.
Pero si nunca has entregado tu vida a Jesús, quizá hoy sea el momento de dejar de intentar hacerlo todo por tus propias fuerzas y acercarte a él. Reconoce que lo necesitas, cree en Jesucristo, confía en lo que él hizo en la cruz y entrégale tu vida.
Al final, Judas no termina hablando de nosotros; termina hablando de Dios. Y él dice: "Al único y sabio Dios nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén".
¡Qué gran final, ¿no?!
En resumen, Dios puede guardarte, Dios puede perdonarte, Dios puede transformarte y Dios puede llevarte hasta su presencia. Por eso, hoy y siempre, a él sea la gloria. Amén.
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