Jueves, 23 de Abril de 2026
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La pesca milagrosa

La pesca milagrosa

Héctor de Luna Espinosa



Hoy quiero hablarles de una historia que encontramos en Lucas capítulo 5, en los versículos del 1 al 11. Nos habla de la pesca milagrosa.

Aconteció que, estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios; y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago, y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud.

Simón debió haberse sentido privilegiado que Jesús quiso enseñar desde su barca. Qué bendición tener a Jesús en tu barca, en tu trabajo, en tu casa, en el lugar donde dedicas tu tiempo. Deja que Jesús hable y enseñe desde tu territorio o donde te reúnes con tus compañeros.

Luego, en el versículo 4, continúa diciendo que cuando terminó de hablar, dijo a Simón: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar". Respondiendo Simón, le dijo: "Maestro, toda la noche hemos estado trabajando y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red".

Pedro podría haber inventado cualquier excusa posible: "Señor, trabajé toda la noche y estoy cansado", o "conozco mucho más sobre pesca que un carpintero". Tal vez pudo haber dicho: "La mejor pesca es por la noche, no en el día", o "estas multitudes y la enseñanza en voz alta han asustado a los peces". Quizá pudo haber dicho: "Ya lavamos las redes", o "Jesús puede conocer de religión, pero no sabe pescar". Pero más bien dijo: "Mas en tu palabra echaré la red".

Y esta fue la gran declaración de fe de Pedro y la confianza en la palabra de Jesús. Y el pueblo de Dios, a través de todas las edades, ha vivido e ido hacia adelante con esta confianza en la palabra de Jesús, ya que en su palabra se hizo la luz; en su palabra el sol, la luna, las estrellas y los planetas se crearon; en su palabra la vida vino a esta tierra; en su palabra la creación se mantiene unida y se sostiene; en su palabra los imperios se levantan y caen.

Pero entonces es cuando vino la pesca milagrosa. En el versículo 6 dice que, habiéndolo hecho, es decir, habiendo obedecido a la palabra de Jesús al echar la red, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía.

Pedro no usó excusas; simplemente creyó la palabra de Jesús y la obedeció, aun cuando las circunstancias no le parecían lógicas. Y su fe en Jesús fue recompensada.

Cuando Jesús dirige nuestro trabajo, eso hace toda la diferencia. Podemos trabajar, incluso trabajar duro por mucho tiempo, y no tener resultados; pero cuando Jesús dirige nuestro trabajo, vemos resultados. Y siempre nos perdemos algo grande cuando ponemos excusas en lugar de permitir que Jesús dirija nuestro trabajo.

Además, encontramos que Pedro tuvo que trabajar con otros para terminar el trabajo. En Lucas 5:7 dice que entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas de tal manera que se hundían.

Viendo esto, Simón Pedro cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador". Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él y de todos los que estaban con él; y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Pero Jesús dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

Pedro sabía que Jesús era el Señor, pero también Pedro sabía que él era un hombre pecador. Simón Pedro se atemorizó con el milagro, y su primera reacción fue reconocer su pequeñez en comparación con la grandeza de este hombre.

Pedro sabía que Jesús sanaba enfermos y echaba fuera demonios, pero se maravillaba de que Él estuviera al tanto de la rutina diaria y comprendiera su necesidad. A Dios no solo le interesa salvarnos, sino también ayudarnos en nuestra vida diaria.

Hay dos condiciones previas para seguir a Dios: como Pedro, debemos reconocer nuestra naturaleza humana pecadora; luego, como estos pescadores, debemos reconocer que no podemos salvarnos a nosotros mismos. Dios es el único que puede hacerlo.

Si reconocemos que necesitamos ayuda y sabemos que Jesús es el único que nos puede ayudar, estaremos en condiciones de dejarlo todo y seguirle, como lo hizo con Pedro.

Jesús te dice: "No temas, deja de tener miedo; solo cree en mi palabra, yo me haré cargo de todo". Luego, ellos, dejándolo todo, le siguieron.

Y te pregunto: ¿estarías dispuesto a entregar tu vida a Jesús y seguirlo? Si es así, te invito a acompañarme a orar:

Jesús, reconozco que soy pecador. Gracias por venir a estar conmigo, a salvarme, a ayudarme. Te entrego mi vida, toma el control, sé mi Señor. Amén.

 


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