Miércoles, 22 de Noviembre de 2017
CIUDAD VALLES, S.L.P.
DIRECTOR GENERAL.
SAMUEL ROA BOTELLO

Opinión

Creencias, ignorancia, necesidad y buena fe

Por Victor Hugo Waldo Alvarado


No se cuantos años tenía, caminaba por el pasillo de Abasolo del Mercado Gonzalo N. santos frente al expendio de café de Don Sebastián Rodríguez García y un poco abajo de mi línea de vista (era yo un niño), estaba una mesita; sobre ella una especie de torre con 2 columnas, su caja base y mas arriba 2 rodillos. Un hombre daba vueltas a una palanca y de en medio de los rodillos girando, salía un billete nuevecito de un peso; de esos color gris y el calendario azteca en el anverso; y rojo y la columna de la independencia, en el reverso. El hombre metía papel blanco y salían billetes flamantes, esa máquina estaba en venta. No recuerdo quien me explicó que era una estafa (lo mas probable es que haya sido mi madre, la mía tiene muchos sentido común y muy desconfiada de lo demasiado atractivo). El espectáculo era a plena luz del día y frente a mucha gente, incluida la autoridad evidentemente, en un lugar pleno centro comercial de la ciudad.

Ya siendo adulto recordaba el incidente y me preguntaba como alguien podía creer y caer en el garlito; si alguien tiene una máquina de hacer billetes ¿porqué venderla?. La avaricia y la ignorancia, diría mi madre.

¿Porque le relato esto del Valles de la época dorada del mercado?; porque recientemente en un par de ocaciones, caminando una calle que recorro usualmente, me han preguntado por un doctor o un señor que cura (por esas calles hay varios consultorios); yo respondí preguntando ¿que especialidad, que tipo de dolencia o el nombre del médico? y la respuesta fue.... un curandero que alivia enfermedades, quita "salaciones" "malos trabajos" etc..

En el primer caso, preguntaron una señora y su hija preadolescente; no pude responderles, ignoraba yo domicilio de curandero alguno.

Tiempo después supe que por ese rumbo; entre galenos y laboratorios, estaba el "consultorio" de un: "curandero", brujo de magia blanca, "decidor" de la suerte, descubridor de quien hizo y "quitador" de, malos trabajos y una larga serie de etcéteras.

En la segunda ocasión, un hombre mayor y 2 personas mas preguntaron por él; "me metí en lo que no me importa" ; pero le sugerí que mejor consultara a un médico genuino que no arriesgara su salud, ni su dinero; pero confesó eso no trataban asuntos como a ?l le aquejaba. Seguí mi camino; vino a mi mente el viejo recuerdo del incidente de la máquina de hacer billetes y pensando que no solo la avaricia y la ignorancia permiten las estafas; también, junto con la ignorancia, están: las creencias, la necesidad y la buena fe que se conjugan para que vivales "esquilmen" a mucha gente.

Otros recuerdos que tengo y que además fueron noticia, son: el de una anciana que murió en un "consultorio" de un hotel de paso en la calle Pedro A. De Los Santos . Al sentirse mal, fue llevada por la hija y una amiga para ser atendida por el "curandero"; ahí murió sin atención médica genuina frente a alguien que ofrecía curarlo todo.

En otro incidente, la hija de un anciano quien había pagado varias decenas de miles de pesos a un "brujo" por un "trabajo" que evidentemente no sirvió, acudió y exigió a un policía que le acompañara a reclamar su dinero; el "curandero" no estaba; ahí permanecieron un rato y el policía llamó por teléfono al acusado advirtiéndole del asunto y que se presentara a responder (evidentemente usted se preguntará ¿por que el agente ya tenía en su agenda al "curandero"? ¡saque conclusiones¡).

Lo peor del asunto fue que a pesar de se que descubrió la estafa y del escándalo de la reclamación y la presencia de la policía, ahí llego mas gente pidiendo ver al "curandero" para que les atendieran.

Hace tiempo también, en una radioemisora local, un "curandero" quería comprar tiempo al aire para anunciar sus poderes y servicios. Era un cliente ideal; no requería producción, ni locutor; solo poner un cassette en la reproductora por media hora y aceptaba una tarifa atractiva para la empresa; sin embargo la gerencia, persona honorable y conocida en la ciudad, sabía que el contenido del "programa"era una estafa. Durante algún tiempo negó el servicio hasta que finalmente presumo yo, que al ver que, aun sin difundirlo la emisora, el "brujo" ya tenía "clientes" y otros medios le habían vendido espacios, aceptó y el "curandero" pagó y pudo poner al aire su "programa pregrabado".

Hoy ya es común leerlos, escucharlos y verlos en los medios; están una temporada, agotan su credibilidad o a los incautos y se van a otras regiones. Algunas de sus voces sugieren origen sudamericano sin que se sepa que tengan permiso para trabajar en nuestro país; todos, a pesar de que es imposible que logren que el solicitante conquiste a la mujer amada, a que curen el alcoholismo del señor, que alguien se saque la lotería, que curen el cancer etc.. no sufren castigo alguno por las estafas. ¿No hay denuncias?, ?es vergonzoso confesar la ingenuidad? ¿no duele perder dinero?, ¿alguien "se hace de la vista gorda"? ¡quien sabe¡.

¿Quien debería vigilarles?

Anuncian y dictan remedios terapéuticos: SSA, COEPRIS.

Si son extranjeros: GOBERNACIÓN, INM.

Desempeñan una actividad de comercio de servicios al público y reciben a varias personas en un local cerrado: AYUNTAMIENTO, COMERCIO Y PROTECCIÓN CIVIL

Obtienen ingresos: SHCP, SAT.

Ofrecen publicidad y servicios imposibles de cumplir: PROFECO.

Y añádale los que usted sepa que deberían estar ahí.

Los funcionarios dirán: chin.... este "cuate haciendo olas", con el "trabajal" que tenemos, ¿que culpa tenemos nosotros de la ingenuidad ajena? .....y es que tal vez no les falte razón, ¿quien nos defiende contra nosotros mismos?

Los "consultorios" llenos de "pacientes" nos hablan de que las: creencias, la ignorancia, la necesidad y la buena fe, siguen igual no obstante, nuestros avances en educación, tecnología y mayores ingresos.

Por lo pronto toco madera, no sea que me vayan a hacer un "mal trabajo" por haberle tratado de "hecharles encima" a la autoridad y haber sugerido que lo que ofrecen es imposible de cumplir.


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